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4.7.11

Yo te quiero más que a mis ojos


En México, las estrellas del cine “de oro” Pedro Infante y María Félix que se llamaba Tizoc, la cinta fue muy celebrada, ganó premios internacionales… Pedro Infante representa a un indígena que se enamora de María Félix, en parte porque ella le da un pañuelo y en parte porque se parece a una estatua de la Virgen María. En algún punto de la trama, él le canta que la quiere más que a sus ojos… para luego cambiar de opinión y declarar, que quiere más a sus ojos porque gracias a ellos, la pudo ver.

Awwww, la cursilería del cine promotor de nuestros valores nacionales.

Todo esto viene a cuento porque andaba aprovechando mis 20 artículos de acceso libre al NY Times y leí un artículo denominado “Married, With Infidelities” en el que el autor (Mark Oppenheimer), a partir de la dimisión del congresista twittero explora el tan llevado y traído tema de la monogamia y la fidelidad marital. Aunque es un tema que considero casi tan gastado como la legalización del aborto o la existencia de Dios (ambos debates cansinos y casi siempre retomados a partir de puntos de vista poco objetivos), el autor señala cuestiones que me parecieron pertinentes. Por así decirlo.

La aseveración que llamó mi atención fue cuando cita al columnista Dan Savage diciendo que el error fue, esperar que los hombres estuvieran sujetos a las mismas expectativas sobre fidelidad que las mujeres, en lugar de haberle dado a las mujeres la permisividad de la que gozaban los hombres (a raíz del movimiento feminista que buscaba matrimonios más equitativos e igualitarios). El columnista lleva una relación entre monógama y medio abierta con su pareja, estableciendo que es la combinación de honestidad y satisfacción sexual la que permite que su matrimonio prospere, estableciendo que la satisfacción sexual es importante y que la relación de matrimonio es aún más importante, por lo tanto, a la luz de las ordenancias matrimonio estable triunfa sobre infidelidad ocasional.

También establece el artículo que no todas las parejas pueden ser monógamas, ni todas las parejas pueden ser totalmente abiertas.

Lo anterior me pareció justo: en un mundo donde puedes elegir ser actor de cine, plomero, barrendero o programador de computadoras es un tanto decepcionante que a la hora de elegir pareja te tengas que conformar con un “casado” o “soltero”. Supongo que de ahí vienen las variaciones entre divorciado, unión libre, promiscuo sin remedio. Y dentro del menú “casado” también deberían existir las variaciones.

Y sin embargo… alega que nadie debería estar condenado a tener un matrimonio problemático y enfermizo. Y se admite que no todos los seres humanos somos capaces de soportar la honestidad, y una relación abierta (matrimonio, free, amigos con derechos, unión libre) nos pone de frente con la mentira más bonita y elocuente del matrimonio: tú no lo eres todo para tu pareja.

¿Pero deberías serlo?

¿Quién es tu pareja entonces? ¿Tu pareja sexual garantizada? ¿Tu compañero? ¿Tu amigo? Y más importante, ¿qué le puedes decir a tu pareja? ¿qué soportarías que tu pareja te dijera a ti mismo?

Yo sé que no tendría problemas manteniendo una fidelidad sexual. Lo sé, como otras muchas personas saben que les gusta el color verde o que detestan los mariscos. Pero no así emocionalmente. Una y otra vez he dado al traste con relaciones en las que el fulanito me parecía físicamente encantador, pero llegado un punto me sentía tan sola en la relación que prefería evadirme e inventarme romances ficticios. Yo podría soportar una infidelidad sexual… una noche de borrachera con una desconocida. Sí, seguramente me sentiría herida pero podría comprenderlo. No así saber que mi pareja está enamorado de la conversación de otra, de su inteligencia, o que valora sus cualidades culinarias.

Curiosamente, mi actitud respecto a la fidelidad la tomé de una frase que se atribuye a Frida Kahlo: no me importa que no me seas fiel, mientras no me seas desleal. No me lastimes, no me digas con engaños que la relación es a largo plazo si sólo quieres un acostón, no te acuestes con mi mejor amiga, no me insinúes que andas con otras mujeres o que otras mujeres te persiguen, no porque no sea imperdonable o porque espere la actitud de un santo, sino porque espero respeto. Y alguien que te dice “fulana me tira los perros” no te respeta a ti, no respeta a fulana, sólo está enamorado de su propia imagen, siendo perseguido por las mujeres, de su gran hombría. Si se va a ir con ella, que se vaya, si se la va a tirar, que se la tire, pero que se calle la boca porque callarse la boca significa que no quiere lastimarte, que no quiere que en tu cabeza se formen ideas que te puedan hacer daño. Que tus ojos no lo vean, porque así como esos ojos te permitieron quererlo, te pueden hacer odiarlo, porque sabe que puede fracturar tu confianza.

Y la confianza no radica en saber que la persona con la que estás no se acuesta con otra persona: somos víctimas del azar y no sólo se puede acostar, genuinamente se puede enamorar de alguien más y no podrá evitarlo. No, la confianza no es eso, la confianza radica en saber que la otra persona tiene tu bienestar en su mente y que sus acciones están enfocadas a no lastimarte, sino a hacerte feliz.

Luego por eso me va como me va.

27.6.11

Despeinada

En la primaria yo pertenecía al grupo de las niñas despeinadas.

La escuela primaria a la que yo asistí, a pesar de ser una institución de educación pública que debía regirse por los principios de equidad, gratuidad y laicidad que la constitución establece en el artículo 3º, era más fundamentalista y tradicional que algunos colegios de monjas. Los grupos de primer y segundo grado eran mixtos y a partir de tercero te confinaban a un salón de acuerdo a tu género (excepto a grupo por grado). Había un patio de "grandes" y un patio de "chicos", en las canchas de fútbol, por supuesto, no se aceptaba la presencia de niñas o "marimachos" como nos llamaban las maestras si nos veían jugar en las inmediaciones y se esperaba que el lonche lo consumiésemos sentadas en corro, en la sombra, platicando con nuestras compañeras y lejos de cualquier presencia masculina.

Así que la primera discriminación que sufrías cuando entrabas en la primaria era la de ser mujer: a un rincón del patio y con movilidad controlada.

Las niñas en mi salón se dividían en tres grupos principales: las peinadas, bonitas e inteligentes, las despeinadas, no tan bonitas y buena onda y las segregadas sociales. Yo, obviamente, pertenecía a esta última clase por tener lentes y estar fundamentalmente abatida con falta de gracia personal.

Ahí donde mis compañeritas tenían rizos perfectamente controlados bajo capas de gel y hermosos listones, yo tenía cabello corto y la línea del partido siempre chueca, como resultado de mi negativa a mantener la cabeza quieta para que mi mamá me peinara. La falda estaba siempre llena de tierra porque me gustaba sentarme en el suelo, las calcetas se me bajaban porque tenía las piernas demasiado flacas y el moño de la corbata estaba sometido a una gravedad propia que lo hacía esblecerse en 45º grados sin importar quien o como lo hicieran.

Ah, y llevaba gafas porque a los ocho años ya tenía 3.5 dioptrías en negativo debido a que mi papá, además del pelo chino y la inhabilidad para comer chile, me heredó la miopía.

Mi tía Pachita me azotaba vía entregas de paquetería dedicadas con libros de catecismo, manuales de conducta y lecciones de piano, porque "si no logras ser una buena mujer, jamás conseguirás marido y mira... una mujer, no es nada sin un marido".

En la primaria desde primer grado, a los niños les enseñaban a jugar futbol y a nosotras a bordar y tejer. En quinto grado nos pusieron a cortar y coser nuestras propias blusas del uniforme y a las más avanzadas una falda.

Mi mamá luchaba encarnizadamente contra todo lo anterior: me llevaba con el cabello corto, me ponía zapatos cómodos en lugar de "zapatillas", y en la casa siempre utilicé pantalón y camisetas holgadas. Cuando iba de vacaciones con mis primos (tres varones de la misma edad), podía subir, correr y bajar sin ningún impedimento. Me encantaba trepar árboles, subir al cerro, correr a toda velocidad hasta sentir que las piernas no me daban más y era muy feliz allá. Pero cuando llegaba a la escuela y yo veía a las niñas bonitas, no podía menos que sentir que algo estaba mal en mí. No sabía que era, pero no lo entendía: ellas también lo sabían y aunque me invitaban a sentarme con ellas a comer durante el recreo, sus pequeñas intrigas me desconcertaban, siempre terminaba diciéndole a la que habían criticado que fulana o sutana habían hablado mal de ellas, porque yo creía que todas debíamos siempre decirnos la verdad. Eventualmente me "desjuntaban".

Mi mamá, como todas las mamás, utilizaba maquillaje, perfume y yo, como todas las niñas me ponía sus zapatos, su ropa y me pintaba con sus pinturas. Pero jamás reforzó ese comportamiento. Ella me llevaba a clases de computación, de pintura y a tres lecciones de ballet, cuando la maestra le dijo que necesitaba dejarme crecer el cabello para que me viera "femenina", tiró el tutú y las mallitas a la basura. Me daba a leer libros de unos y otros, me compraba cuentos, me llevaba a talleres de lectura en la biblioteca pública y me contaba de las mujeres que habían ganado un premio llamado "Nobel", creado por un hombre que había inventado la dinamita y arrepentido decidió ayudar a la humanidad. De niña yo soñaba con el discurso del premio nobel y no con ser princesa.

Pasé por la secundaria sin una gota de maquillaje y mi primer labial me lo regaló una prima a los 16 años. Era MAC, color natural. Y por un año entero todavía, fue el único maquillaje que utilicé.

Un día, una compañera que tenía toda la intención del mundo de ser mi amiga me preguntó consternada porque no me secaba el cabello diario y "metía" mis puntas. Como toda contrapropuesta se me ocurrió cortarme el cabello casi a rapa y pintarlo de blanco. Después de la adolescencia jamás volví a ser delgada: me situé en la talla 9 y así duré hasta hace un año que regresé a la talla 6 que va más de acuerdo con la estructura corporal de la familia.

Y que sorpresivamente tampoco es excesivamente delgada y dista mucho de ser la talla 2 que toda mujer de mi edad sueña con alcanzar.

Sí, me frustra mucho no ser más delgada, y no ser rubia de ojos azules. Incidentalmente, los esfuerzos de mi tía Pachita de convertirme en una "mujer que valiera" para poder "conseguir marido" (su teoría era que por no ser hija de matrimonio, jamás podría conseguir uno), se mezclaron con las teorías de mi mamá de que una mujer debe saber mucho, hacer mucho y ser muy independiente. Sí, no me sé secar el cabello con la pistola de aire caliente, el planchado me queda mal y me visto de forma quizá demasiado conservadora.

Hoy leí un artículo en el Huffington Post sobre lo importante que es no decirle a las niñas que son bonitas. Pero ... sí es importante. Es importante que se sientan seguras. Yo creí convencida de que era una cuatro ojos, flacucha y sin ninguna gracia o feminidad. Es importante que también se den cuenta de que pueden ser bonitas e inteligentes, que no es un crimen contra el avance de la humanidad verse bien, pero creo que el divorcio entre inteligencia y belleza debe terminar en nuestras propias mentes. Al final de cuentas, la presentación es una herramienta más y no deber ser valorado como el único canon para juzgar a una mujer, pero tampoco descuidado al punto en que se convierta en una desventaja o en un motivo de inseguridad.

16.6.11

Hoy que celebramos OK Computer

Hay días que parecen "infestejables". De repente ponerse filosófico y hacer el recuento de los crímenes que ha dejado el (redoble) crimen organizado en el país ya parece ocioso. Muerto, tras muerto, tras muerto, declaraciones de "por favor que pare la violencia" y declaraciones de "estamos combatiendo el crimen" poco pueden contra una realidad (¿?) en la que la seguridad púbica e interna se nos resquebrajan.

Ayer un compañero del trabajo me comentaba como una pesadilla recurrente era que lo encajuelaban, otro conocido les ha dicho a sus papás que en caso de que desaparezca, lo den inmediatamente por muerto y no lo busquen, para evitarles la pena de buscar entre fosas clandestinas y asesinados anónimos a un hijo. Yo misma he soñado varias veces que quedo en medio de una balacera. No estamos seguros ni en nuestros sueños.

En la mañana, como si aún tuviera cinco años, me refugié en la cama de mi mamá. Me abrazó y me dijo que nuestros peores miedos vienen de la anticipación (estoy casi segura que se robó la frase de algún lado pero no logro recordar de donde).

Decía Borges que el único pecado que un hombre puede cometer es no ser feliz. Supongo que ante la realidad la única defensa que nos queda es no pecar y tratar de ser felices, delirantemente, pacíficamente, inmensamente felices, que al final, la felicidad propia es la única variable que está en nuestras manos.

8.6.11

El desaire y descalificación

En la mañana mi mamá entró a la recámara y a mi comentario de que dejar de hacer ejercicio es una cuestión de hábito (entre menos ejercicio hace uno, menos quiere hacer) y me respondió con un tajante "es que nunca has tenido disciplina para nada".

Ahhhh, el bonito poder destructivo de las palabras. Ahora bien, yo quiero destacar que no es que mi mamá sea un ser cruel, lleno de juicios y descalificaciones (como la tradición católica implica que todas las madres deben ser), sino que simplemente yo le di la pauta para el desaire. Nada me costaba mantener cerrado el pico sobre que no fui a nadar y hablar del clima, la volatilidad del precio del petróleo en miras a la reciente reunión de la OPEP o la crisis de deuda griega. No, señores, yo abrí mi gran bozal y le proporcioné los argumentos para su comentario.

Que a la postre yo lo encontrara hiriente, tampoco es enteramente su culpa.

Lo que me recuerda un episodio del fin de semana con el gran amigo de la infancia: a la 1 de la tarde del domingo, recibí un SMS en el que me preguntaba el plan para mi tarde. Mi plan para la tarde, fue, aprovechar las lánguidas horas de tranquilidad para lavar ropa, planchar y arreglar mi cuarto. Vi el celular a las 9 de la noche y envié un "acabo de ver tu mensaje, me pasé el día lavando" y fue respondido con un tajante "sale, no necesitas explicar que no te importa mi amistad".

Puntualicemos:

1. Yo tengo celular no para su comodidad sino para la mía. Cuando yo mando un mensaje lo hago porque yo quiero mandar un mensaje, no porque me interese que ustedes me respondan... lo que me lleva al punto número dos.
2. Si quieres una respuesta marca. Cuesta 1.15 el minuto y 90 centavos el mensaje. No sólo es una decisión que económicamente tiene sentido, sino que además denota interés.
3. Responder de forma grosera no derivará en que quiera contestar los mensajes.
4. Yo soy morra, yo hago dramas. Yo tengo más dramas en mi cabeza que toda la producción griega de tragedias así que no me vengan con sus cosas porque así como hago mil dramas también sé que los dramas dan hueva. Y que la gente que se tira al piso diciendo "yo sé que no te importo" sólo logran que... te importen menos.

Misery likes company... but company usually doesn't like misery.

Así que por favor, yo no le haré un drama a mi madre tratando de defender que sí tengo disciplina por ejemplo, para ver televisión, y ustedes no me harán un drama retrospectivo porque no respondo un correo.

El mundo sería un lugar más feliz si la gente fuera menos azotada. Y se los dice una azotada profesional.

3.6.11

La hermana mayor mayor de mi mamá, tiene hijos más grandes que algunos de sus hermanos menores. Yo tenía como 7 años cuando mi sobrino (¿segundo? ¿tercero en grado relativo? ¿medio sobrino?) Andrés era una criatura encantadoramente cachetona que no comía dulces. Oh, no, los padres modernos de finales de los 80 estaban convencidos de que darle caramelos a los niños era un crimen que debería pagarse con la horca. Entre las restricciones alimenticias de Andrés, además estaban los elotes en vasito, la mayonesa, la crema de cacahuate, la mermelada, el pan blanco y todo lo que tuviera azúcar añadido. En vista de la epidemia de obesidad infantil, quizá no era tan mala idea. En cualquier caso, Andrés sólo sabía una palabra: "no".

Y toda la familia se horrorizaba. Si bien, en el fondo de sus almas sentían respeto por la voluntad férrea con que mi prima negaba a su propio vástago buñuelos, tamales de dulce y raspados de vainilla con leche condensada, en el fondo de su alma condenaban que su hijo sólo supiera decir "no".

A la vuelta de los años, yo me convertí en una persona que dice "sí".

Pero en el fondo yo quiero decir "no", porque "no" es la mejor palabra de nuestro idioma, es nuestra defensa segura, nuestro límite, nuestro autorrespeto. Decirle "no" a la gente que sale con sus tonterías de último momento. Decir "no" es quizá la mejor experiencia del mundo, te libera, te ahorra dolores de cabeza, te evita andarle ayudando a la prima de tu tía a traducir su tesis del griego al latin antigüo a as 3 de la mañana, te permite mandar al diablo a la gente que nomás te habla cuando se sienten tristes o miserables y necesitan escupirte encima todas sus preocupaciones idiotas.

A mí me gusta decir "no". Pero... no me atrevo.

9.5.11

Servicio Bancario

- Buenos días, quiero cambiar un dinero de este banco al de enfrente.
- Buenos días, necesita ir con el señor del silloncito y decirle.

Va uno con el señor del silloncito.

- Buenos días, quiero cambiar un dinero de este banco al de enfrente.
- Buenos días, necesita su número de cuenta, una identificación, brincar 7 veces en un pie y decirme cual es la altitud y latitud de Nairobi.
- Aquí está mi número de cuenta, credencial de elector que no vence en 2003, mis 7 brincos y Nairobi se ubica en altitud 1º17' Sur y latitud 36º49´ Este.
- Muy bien, tomaré treinta minutos en mirar mi monitor y luego imprimiré su estado de cuenta para que vaya a ventanilla y haga la transferencia ahí.
- Gracias.

- Buenos días, quiero cambiar un dinero de este banco al banco de enfrente.
- ¿Tiene cheque?
- No.
- Necesita un cheque.
- Muy bien. Quiero un cheque.
- No puedo darle un cheque.
- Pero usted me está pidiendo un cheque.
- Sí, porque no se puede cambiar un dinero de un banco a otro sin cheque.
- Entonces deme un cheque.
- No podemos hacerle un cheque.
- ¿Entonces qué hago?
- Consiga un cheque.
- ¿De quien?
- Del banco.
- ¿De cual banco?
- De este banco.
- Entonces deme un cheque.
- No puedo darle un cheque.

...

Resultó al final que desde que hablé con la primera persona me debió informar que necesitaba realizar un trámite especial que requería un cheque. Es un poco improbable que uno adivine que necesita un cheque y que además, los empleados de ventanilla (que es donde se hace el trámite) no tengan la capacidad de emitir un documento cuando tienen todos los elementos que se requieren para realizar el trámite (identificación, contrato, números de cuenta).

El punto, es que hacen que el trabajo del cajero sea doble o triple, cuando él mismo podría elaborar un cheque electrónico y depositar ese mismo documento ahí mismo. Pero uno tiene que formarse, bajar el dinero de la inversión, ir con el ejecutivo de cuenta, elaborar el cheque y volver a formarse para realizar un trámite.

Entiendo que a los bancos les horroriza que además de no deberles, uno tenga la desfachatez de llevarse el dinero al banco de enfrente, pero hacer los trámites insufriblemente complicados y no capacitar a su personal para que brinden la asesoría necesaria para realizar el insufriblemente complicado trámite, es básicamente darles más razones a los clientes para llevarse el dinero ... al banco de enfrente.

Pero fuera de la anécdota, también denota una enorme falta de compromiso tanto del banquero como de su empleado: a los dos les importa un sorbete hacer bien el trabajo y hacer bien el trabajo no es atraer más clientes de tarjeta de crédito, sino evitar flujos innecesarios de trabajo "vaya a aquella ventanilla, ahora a aquella, salte siete veces en un pie", hacer más ágiles los procesos y evitar que el cliente se quede con la impresión de que su dinero está en manos de gente incapaz de seguir órdenes directas y de entender como funciona la institución en la que trabaja.

5.5.11

Variadito

Mad Men

Estoy viendo la segunda temporada. Relativamente veo poca televisión. Aunque creo que en realidad la mayoría de la gente con la que convivo ve poca televisión, no por una sentida pretensión intelectual, sino porque la televisión abierta ofrece cada vez menos opciones que me sean atractivas, porque paso casi todo mi tiempo conectada a Internet y es a partir de ésta última que he llegado a centrar mi atención en otros programas y series.

Llegué a Mad Men porque fui al videoclub (¿es válido el término?) a rentar una película y concluí sabiamente que a $32 pesos por película de dos horas, pagar $80 pesos por 12 capítulos era mucho más rentable. La serie me tiene cautivada: es una telenovela fabulosa y yo, amo las telenovelas.

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La muerte de Bin Laden

El anuncio me remitió más hacia la situación que priva en México que al 11 de septiembre. Pensé en un líder muerto como tantos líderes de cárteles han caído en los 4 años de gobierno de Felipe Calderón. Se muere uno y se recrudece la violencia y en lugar de mejorar las cosas, empeoran.

Me sentí un poco mal por que la gente salió a las calles a celebrar la muerte de otra persona. Y recordé también las imágenes de los árabes (y algunos mexicanos) celebrando el atentado del 11 de septiembre del 2001, porque "ahora sí les dieron en su madre a los gringos". O algo así se decía en aquel entonces.

Veo el hecho como el presagio de más violencia por venir.

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La sala de espera

En la sala de espera de la radioterapia la gente acude con sus enfermos. Los familiares se sientan ahí, en sillas azules alineadas una tras otra y una al lado de otra, de forma anónima. Mientras escuchamos el ruido del equipo y vemos la lucecita roja encendida frente a la puerta, guardamos un silencio sepulcral. Luego enciende la luz verde, sale el técnico y se cambia de paciente.

Casi todos los pacientes son mujeres. Casi todas tienen la mirada triste y agachan la mirada cuando uno saluda: "buenas tardes". A veces, prefiero quedarme callada y no importunarlas. Como si el dolor les traspasara la piel, siento mucha pena por no estar yo misma enferma y poder entender lo que están pasando.

El otro día una niña de cinco años quiso empujar la silla de ruedas de su abuela. La niña era hermosa, con unos ojos color gris inmensos, pero había algo de "adultez" en ella. La ceremonia con la que intentaba comportarse, guardar silencio, empujar la silla. Descorazona un poco, pero nadie puede hablar de eso.

Es un espacio mortalmente silencioso. Lo único que se escucha es la unidad de cobalto, el abrir o cerrar de la puerta. Todos esperamos, uno al lado del otro. Los enfermos con angustia y los familiares con nuestra vergüenza de una salud que pareciera ser un asunto de azar.





25.4.11

Las etiquetas y la tolerancia light

Mis primos vinieron a pasar las vacaciones de Semana Santa al pueblo, camino al festival cultural bromeé sobre si ellos se sentían hipsters. Se me quedaron viendo atónitos: ¿qué es eso? Supuse que los hipsters del mundo se sentirían tan felices de saber que en el mainstream hay gente que sigue sin saber que son o a que se dedican.

Y luego me acordé de los emos y como de repente, a todo mundo le dio por odiarlos y de que a los hipstercillos también existen grupos sociales que les desprecian secretamente en primera porque parece que no se bañan y en segunda, porque se prefiguran a sí mismos como un grupo intelectualmente superior y a nadie le gusta la gente más lista que no, así que los esfuerzos de la mayoría se centran en demeritar sus alcances intelectuales.

Resulta que como sociedad parece que necesitamos satanizar a alguien. Pero moralmente tenemos demasiados compromisos con nuestra propia comodidad como para comprometernos con la causa moral que verdaderamente nos atañería (la corrupción, la inseguridad, el consumo de estupefacientes, la pereza). Entonces uno dice "no manchen, los que consumen mariguana son unos irresponsables porque gracias a ellos hay problemas de seguridad" y todos se paran de pestañas. Pero apenas algún hipster desorientado se muestra medianamente vulnerable lo atacan porque es un idiota sin remedio. Como si hubiera todo este odio y resentimiento que todos sentimos contra... básicamente todo lo que se mueva, y al mismo tiempo no tuviésemos el valor de decirle "pinche huevón" al "nini" de la familia.

Así que nos pasamos inventando nuevas y más sofisticadas formas de insultar gente vía Facebook, Twitter o YouTube, canalizando nuestro propio repudio hacia Rebeca Black o al hipster de al lado o en mi caso, a JJ Abrams. Porque vivimos en una zona de tolerancia light, donde no le podemos decir al de al lado que es un corrupto o un mentiroso, pero igual intuimos que algo está mal y enfocamos todas nuestras formas a destruir al que es diferente, y no al que es nocivo.


12.12.10

El post triste de rigor

Pos pa' eso es el blog, ¿qué no?

Para cuando uno cruza la mítica barrera de los treinta años ya sabe más o menos como funciona su mente. Más o menos: habrá cosas que nos sorprendan, otras que nos enorgullezcan y otras que no sepamos ni porque o como llegaron a estar ahí. En términos generales yo sé que mi mente tiende a la nostalgia, producto de haber leído demasiadas tonterías cuando estaba muy pequeña (mi mamá me leía la historia de los Genios de la Música en lugar de cuentos y todos, todos, todos tuvieron unas vidas asquerosamente miserables) y de ciertos desórdenes hormonales que si bien, no vienen a cuento, se regulan con ejercicio y una dieta balanceada.

También sé que yo tengo problemas con la deslealtad. Yo sé que en este mundo moderno es infantil esperar que la gente sea fiel toda su vida, que no se enamoren de alguien más, etcétera. Lo que me priva es ver como la gente, en aras de no tomar responsabilidad y enfrentar sus problemas son desleales consigo mismos y con la gente que ha decidido confiar en ellos.

Ahí tenemos al señor respetable que ha descubierto que su flamante esposa le pone el cuerno y entonces, decide él a su vez emprender una relación extramarital. ¿Por qué no vas y le dices a tu mujer que no te complace saber que se acuesta con otro? Porque así tienes el pretexto perfecto para permitirte acostarte con otra, para conquistar, para sentir la emoción que se esfumó tras tus primeros años de un matrimonio lleno de conflictos. Pero no sólo eres infiel, eres desleal, desleal para la mujer con la que te involucras porque tú sabes que en el fondo, quieres a tu esposa, que no la vas a dejar y que es una especie de revancha de tres pesos. Con el tiempo la relación crecerá, se complicará, tendrán quizá un hijo y quizá tengas hijos también con tu esposa. Mientras, tu cobardía seguirá complicando las cosas. Cuando era tan fácil enfrentar a tu marida y decirle "oye, esto no me gusta: vamos a seguir casados viendo a otras personas" o "vamos a divorciarnos" o "mejor tengamos sexo entre nosotros", pero no. En lugar de resolver tu bronca, vas y te metes en otra. Y así, ad nauseaum.

Y así en una y otra y otra relación: la de los novios que se ponen el cuerno, la de la novia que odia que su novio tome pero cree que una vez casados se reformará, la del empleado que se siente subutilizado pero no quiere hablar con su jefe porque le es cómodo mantener el salario y el estatus.

Queremos decir "me pasó esto" cuando en realidad, todo es producto de nuestro egoísmo y de nuestra cobardía, queremos la salida fácil, la que no nos cuesta enfrentar que quizá no nos dan más responsabilidad en el trabajo porque no hemos hecho lo necesario para adquirir las habilidades que nos hacen falta o nuestro matrimonio no funciona o lo que sea. El punto es que nos somos desleales a nosotros mismos y al final de cuentas, eso es algo completamente estúpido.

O lo que quizá quiero decir es que a nadie le "pasan" las cosas, ni nadie "se equivoca" al tomar una decisión. Pudimos haber elegido en contra nuestra porque era más fácil dejarnos llevar que luchar por lo que en realidad queríamos, pero fuimos nosotros los que lo decidimos así.

17.11.10

Soledad y excepción: recuento inútil

Vivo de escribir. Ciertamente, no escribo best sellers, o novelas dignas de un premio nobel, pero dentro de la variada vida interna que ofrece el oficio de secretaria, uno tiene que escribir oficios, memorandos y circulares. El cambio en las reglas ortográficas de la RAE me ha planteado un doble reto: en primer lugar ya no sé como se escriben la mitad de las palabras que solían llevar acento diacrítico y en segundo, ya no me siento con el valor civil de corregirle a nadie la ortografía.

Y si la RAE ha decidido que cada quien deduzca si se trata de soledad o de excepción, a nosotros no nos queda más que explicar que a fin de cuentas, la obsesión por no estar solos, es una mera histeria.

Sí, utilicé la palabra "histeria" porque finalmente, las que se ponen neuróticas ante la soledad, suelen ser las mujeres. Que hay hombres que también se nos ponen así, es cierto, pero suelen ser los menos. Y es que las mujeres tienden (tendemos) a colocar el "locus" propio en el otro. Lo cual suele tener resultados bastante idiotas.

Mientras que el hombre anda de lo más feliz por la vida siendo muy "macho" y basando los fundamentos de su existencia en tener un automóvil deportivo o agrandar la diferencia de edad con respecto a su pareja (entre más sórdido sea el asunto y las probabilidades de que haya ido a la escuela con sus nietas, para ellos suele ser mejor), la mujer necesita que la quieran.

No lo digo yo, lo dice la televisión y ella siempre tiene la razón. Basta ver cualquier anuncio de productos dirigidos a la mujer: utilice este detergente para seducir a su marido, esta sopa instantánea le ganará la gratitud de sus hijos, haga feliz a la nariz de su esposo con el revolucionario limpia pisos color sospechoso. A las mujeres no les den la posibilidad de poseer, sino de que alguien valide su existencia pronunciando las palabras mágicas: "te quiero".

El mejor ejemplo de cómo funciona la mentalidad del hombre lo encontré en un anuncio de BMW: una mujer muy bonita recostada en actitud expectante, el anuncio simplemente decía "Sabes que no eres el primero, ¿pero te importa?". A los hombres permítanles poseer y punto.

El problema deriva, claro, de que entonces las mujeres se pasan toda la vida maquinando estratagemas baratas para conseguir que el hombre las quiera, y obsesionándose por obtener a hombres que no las quieren. Nada le da más validez a una autoestima femenina trastornada que conseguir que un patán deje de ser un patán para amarla de por vida. Sólo que en la vida real, el patán no va a dejar de ser un patán. Así que la mujer, en lugar de comprar la sopa instantánea o el limpiapisos, comienza a "hacerse la díficil" y a leer todo un cúmulo de tonterías sobre como llevar "relaciones exitosas" con títulos que a cualquiera con dos dedos de frente y/o sin periodo menstrual le harían temblar de horror: "¿Por qué los hombres aman a las cabronas?" "Los hombres son de marte y las mujeres de venus". Lo peor, es que como esos libros dicen básicamente "te tienes que hacer la difícil" y el hombre está diseñado para poseer aunque no quiera, ni encuentre un nivel emocional de entendimiento, consiguen al bato bajo esa premisa. Y luego los dos se terminan mandando al diablo porque el bato quiere poseer a más mujeres y la mujer se siente fracasada porque nunca consiguió que validaran su existencia amándola.

Como la RAE, hombres y mujeres, en su histérica búsqueda de validez emocional en el exterior, olvidan la diferencia entre soledad y excepción.

29.10.10

Las doñitas pegonas

Lunes, miércoles y viernes voy a nadar. El día de hoy la señora con la que comparto el carril tuvo a bien golpearme no una, ni dos, sino tres veces. Dos de las cuales fueron de frente. La semana pasada, además, me golpeó una pierna con las paletas e invariablemente invade el espacio del carril al nadar por en medio en lugar de hacerlo pegada a la orilla para permitir el tránsito de otros nadadores (hoy sólo éramos ella y yo, pero normalmente somos de 4 a 6 personas por carril).

Los compañeritos del carril ya la conocemos, sabemos que cuando viene uno tiene que quitarse y nadar con sumo cuidado, porque además de no tener el menor sentido de la ubicación, es una "doñita" y uno debe respetarla.

A ver gente... uno no puede ir así por la vida. En serio. A mí muchas veces me han dado ganas de agarrarla de las greñas y decirle "óigame, no la friegue, todos estamos aquí por salud, deporte, egocentrismo o mera fuera de voluntad y tenemos derecho a nadar sin que su mala educación y rudeza nos lo impidan".

He aquí que yo seguramente peso lo que su lonja del brazo, así que hacer lo anterior seguramente derivaría en que me metiera más golpes, ahora sí, intencionales. Los hombres no le pueden decir nada porque pues ella es "mujer". Y por eso, señores, no por machismo, es por lo que los hombres no aman a las mujeres.

Óquei, admito que lo anterior lo saqué del título de un libro que he visto en manos de numerosas personas de distinta índole y clase social, pero que desconozco si se trata de feminismo, superación personal o novela del corazón.

Pero de verdad, mujeres del mundo, es de pésimo gusto que salgan con este tipo de arbitrariedades a estas alturas del partido: el ser mujeres no les autoriza de modo alguno a ser rudas, groseras y descuidadas con los derechos del resto de las mortales. Tampoco sus canas o su estado de gravidez. Ciertamente, es una monserga tener que sangrar de 3 a 5 días cada mes y los cambios hormonales que ello conlleva, pero el resto de los mortales no tiene la culpa.

Las mujeres que utilizan su género como una excusa para abusar de los demás me parecen deleznables. Yo quiero tener derechos por ser mejor persona y no pisotear los de los demás tan sólo por tener un doble cromosoma equis. Finalmente sí terminaré pisoteando los derechos de alguien, pero al menos quiero que sea no intencionalmente y jamás por "ser mujercita".

5.9.10

Estereotipos de hoy y siempre

El otro día platicaba con Marce vía messenger y en algún punto de la conversación le dije que la culpa de todo era de Juan Del Diablo. La versión interpretada por Eduardo Palomo, por cierto. Días más tarde, y como conjurado por el mismísimo demonio, el Innombrable me preguntaba sobre mi tipo de hombre. Sic.

En cuanto a los estereotipos físicos creo que el blog ha sido muy honesto: a mí me gustan blanquitos de ojos grandes y cabello oscuro. EL hombre es y ha sido por bastante tiempo Michael Ballack.

Ahora bien, existe otro ingrediente en la atracción que genera todo tipo de discrepancias físicas. Podría definirse como "la actitud", aunque encarna más aspectos. Lo cierto es que no deja de tener atractivo un hombre seguro de sí mismo, que pretende tener una vida llena de ocupaciones en las que las mujeres no figuran, y capaz de cualquier cosa. Lo malo, es que estos tipos suelen ser nefastos, pero en una visión romántica de tres pesos, las mujeres decidimos que estos individuos son una suerte de "Juanes del Diablo". Parte de lo cual es cierto.

Mi primer amor platónico era un greñudito sin pena ni gloria, ni mayor atractivo en la vida que traer el cabello largo y verse muy "rudito". Luego descubrimos que le gustaban los Back Street Boys y Dragon Ball Z.

Dragon Ball Z. Por dios.

Uno espera encontrar un mujeriego empedernido, fumador y alcohólico y le salen con canciones pop y animaciones japonesas. Debería existir una ley que prohibiera terminantemente a cualquier fan de la música pop verse medianamente rudito, traer el cabello largo, utilizar zapatos de casquillo, dijes con la A de "Anarquía" o playeras negras.

¿Pero qué tal cuando el "rudito" si te resulta todo un patán? Un tiempo, en que no tenía genuinamente nada mucho mejor que hacer, me decidí a salir con un patán en toda la extensión de la palabra. Un día nos citó a las tres que salíamos con él a la misma hora en el café de los buhitos. Nos sentamos los cuatro juntos y reconozco que una de las otras morritas me causó bastante simpatía. Era borracho sin remedio y cínico hasta decir basta. Terminé por botarlo debido a un aburrimiento mortal. Sí está padre llegar al café y descubrir que tienes competencia, y las salidas con sus amigos resultaban llenas de las anécdotas de sus parrandas anteriores y por lo tanto bastante entretenidas. Pero luego de dos semanas se pierde el encanto. A menos que tengas problemas con la bebida, se puede volver tedioso que el galán no te hable hasta la noche porque le amaneció a las 6 de la tarde.

Y es que Juan Del Diablo es de todos los personajes de ficción el mejor construido. Cumple con la expectativa de la mujercilla de ser un hombre rudo, decidido, determinado a defenderse contra el mundo y derribar los estatus sociales, pero tiene un gran corazón que sólo desea entregar a una mujer. A una sola.

En ese sentido, Lost es una gran serie. Kate se ve puesta a elegir entre lo que hay en la vida real, aunque reconozco que pocas veces con tan buen aspecto físico: por un lado el rudito con problemas de socialización incapaz de relacionarse, comprometerse y casi rayano en la sociopatía o el bato promedio por el que no sientes la gran cosa.

Por que lo que nos gusta, en realidad es lo que no podemos tener. Puesta en el predicamento de describir al tipo de hombre que me gusta, respondí con la mayor honestidad posible: quiero un hombre que físicamente me resulte atractivo y que al mismo tiempo me resulte interesante. No creo que sea mucho pedir, pero es que menos que eso es insuficiente.

Estaba viendo Jerry Maguire y la escena de cuando la morra le dice que se pueden pasar 10 años siendo amables pero sin realmente querer estar juntos, me trajo un poco de paz. Uno siempre se está culpando de las decisiones que toma. Y al final me he preguntado, que si no habría sido una estupidez no quedarme con alguien que no me quería y a quien no quería, pero con quien llevaba una relación relativamente estable y nel. Así: nel.

Al final por mucha amabilidad y cortesías que se tengan, se nota que el otro no te inspira, que los saludos son rutinarios, que lo que les une es más un miedo común a la soledad que sentirse plenos y felices al lado del otro y ¿cuántos años puedes aguantar eso? Es cierto que el amor no lo es todo en una relación, pero es indispensable.

Es sólo que me resulta tan dificil querer.

31.8.10

Sobre las minifaldas o de porqué la moral victoriana tenía sus puntos a favor

En el colegio de monjas que no era de monjas no nos dejaban utilizar maquillaje. Nos pasaban estricta revista en la formación a las 7:45 a.m. y trataban de escudriñar si teníamos las pestañas tan tupidas o los labios tan rojos por que la naturaleza nos había bendecido o si era "meibelin". Las madres de familia debatían largas horas para determinar el largo adecuado de la falda y la coordinadora del grupo nos prohibió tajantemente amarrarnos el suéter a la cintura porque hacía que se nos notara el trasero.

En estos tiempos de shorts diminutos y blusitas sin tirantes, con escotes de vértigo, las precauciones de mis antiguos educadores parecen ridículas, moralistas y poco vigentes. La mujer por fin se ha liberado haciéndose dueña de su propio cuerpo. Yeiiiiii.

Cambio de espacio y tiempo, pero no necesariamente de tema: cuando estudiaba alemán, una de las maestras (tendría unos 23 años) se quejaba amargamente de cómo no podía utilizar faldas en México porque inmediatamente era objeto de comentarios soeces y vulgares y echaba de menos la libertad de que podía disfrutar en su natal Austria, donde nadie jamás le decía nada, utilizase la ropa que fuera.

Yeiiiiii.

En el Discovery Home and Health presentan una serie de programas sobre los concursos infantiles de "belleza", niñas de tres y cuatro años, en trajes de baño, con maquillaje, pestañas postizas, en actitudes "coquetas" que son aplaudidas y premiadas por ello.

Kate Moss fue descubierta a los 16 años, y fotografiada desnuda para la publicidad del perfume "Obsession" en su versión masculina.

Y hoy se desató una mini controversia en el Twitter porque algunas de las concursantes para miss twitter 2010 tienen 14 años. Los que las invitaban a participar eran viejos pederastas, asquerosos, dignos de morir crucificados.

Las fotografías de las niñas en principio no tienen nada de espectacular: traen maquillaje y posan en actitudes coquetas, tratando de dar a entender mediante sus poses que tienen un cuerpo de mujer. Y si aceptaron participar en el concurso, seguramente es porque se sintieron halagadas por el hecho y no vieron mal que un viejo rabo verde fuese el que les hizo la invitación. Para ellas es simplemente "un follower" que les garantiza ganar más seguidores.

En un primer momento, yo pensé que qué onda con las fotos de las morritas. Yo misma tengo una prima de 14 años que utiliza el Twitter con frecuencia y suele escribir encantadoras frases como "soy una pervertida" o "violaría a uno de los Jonas Brothers". Finalmente, son aspectos de la misma moneda. Ciertamente la pederastia no se va a detener por el hecho de que todas las mujeres lleven una burka encima, pero la actitud sexualizada de las niñas no les está ayudando a protegerse. ¿No merecen ser ellas dueñas de su cuerpo? ¿Deben irse a vivir a Guanajuato tierra de la prohibición de la carne?

No. Tienen todo el derecho del mundo de ser tan pajuelas como quieran. Siempre y cuando conozcan la dimensión de las decisiones que están tomando. Precisamente el delito de la pederastia consiste en el abuso sexual que hace un adulto consciente al tener relaciones, consensuales o no, con un menor de edad por la incapacidad de éste último de decidir.

¿Y cómo le explicas a una niña que está viendo en la red constantemente imágenes de mujeres en poses provocativas que sí, que eso es atractivo, pero que a ella no le toca todavía? Los mensajes que mandamos son contradictorios porque falta una auténtica educación sexual en el país. Una que vaya más allá de los programas bobos de la televisión donde sale algún consejero sexual que trata los temas a la ligera, que eduque a los hombres a que no porque ven la falda corta significa que pueden meter la mano y a las mujeres a que ejercer su sexualidad es tanto un derecho como una responsabilidad.

Ciertamente el colegio de monjas no monjas no tuvo el éxito esperado y más de una salió embarazada antes de tiempo. Pero sabíamos que podía ocurrir. Otras nos traumatizamos durante años y le tomó mucha paciencia a los batos convencernos de que no nos íbamos a condenar en los infiernos por disfrutar el sexo, que tampoco íbamos a terminar abortando en una clínica clandestina, mientras nos desangrábamos y nos infectábamos de otras 40 enfermedades venéreas.

En cualquier caso creo que el problema no es necesariamente la niña hipersexualizada o el hombre viejo que se deja ir por la fotografía de una niña de 14 ó 16 años. He escuchado infinidad de veces que tal o cual hombre bastante mayor de edad, se acostaría con Belinda o con Ema Watson mucho, muchísimo antes de que cumplieran la mayoría de edad. ¿Son todos unos puercos pederastas? No. Son, como ellas mismas, productos de un sistema que sexualiza pero no educa.

Eso creo.

27.8.10

¿Y tú de que signo eres?

Invariablemente, cuando me hacen esa pregunta mi estima por la persona que la formula cae 3 puntos. En el colegio de monjas que no era de monjas siempre nos estaban diciendo que si nos preguntaban de qué signo éramos debíamos responder: "del signo de la Cruz". Ya saben porque éramos católicos, apostólicos y re-monos.

La verdad es que tampoco respondo eso, e invariablemente trato de salirme por la tangente.

Interlocutor: ¿Y cuándo naciste?
Dreide: "El 11 de julio".
Interlocutor: "Ahhh, entonces, ¿de qué signo eres?".

Porque aparte de todo, no sólo creen en esas cosas, sino que ni siquiera las conocen bien, pero me adelanto.

Dreide: "Del que tiene un circulito y una cruz encima".
Interlocutor: "¿Cómo?"
Dreide: "Mujer".
Interlocutor: "¿Virgo?"
Dreide: "Ahhhhhh... te refieres a eso".
Interlocutor: "¿Entonces no eres virgo?"
Dreide: "No."
Interlocutor: "¿Y qué signo eres?"
Dreide: "Cáncer".
Interlocutor: "Tssss, son bien conflictivos".

A ver gente, vamos aclarando algo. Yo no creo en lo que ustedes creen. Me parece demasiado simplista que toda la gente que nació el 11 de julio de 1980 tenga que compartir exactamente mi mismo destino, sentimientos y emociones. Cada humano trae una carga emocional particular dependiendo de su entorno familiar, social e inclusive de su carga genética. ¿Entonces por qué voy a ser igual que otro que nació a la misma hora en el mismo hospital? Ah, pero no se trata sólo de los que nacieron a la 1:30 del 11 de julio de 1980 en mi pueblo, sino de todos los humanos de todo el mundo que nacieron entre el 22 de junio y el 23 de julio de todos los años. ¿En serio?

Supongamos que lo es. Que genuinamente hay una influencia de las mareas, que el universo está "conectado" y todo lo demás. Muy bien. Les voy a decir la verdadera razón por la que me fastidia tanto la gente que cree en la astrología:

Son unos comodinos.

Mi madre cree en estas cosas, de niña siempre me decía que era una lástima que no hubiera sido Sagitario porque era el signo que más le gustaba. Primero pensé que mi mamá era la que estaba mal, pero luego descubrí que no. Absolutamente toda la gente que cree en esas cosas, se escuda de sus locuras y compartimientos erráticos en los astros.

"Es que soy escorpio y soy demasiado fuerte sexualmente". Los aries son coquetos, los géminis tienen desórdenes de personalidad, los cáncer son absurdamente sentimentales, los leo son protagonistas, los virgo son caprichosos, los sagitario son inteligentes y así, hasta la náusea.

Me gustaría pensar, que todas esas personas que se escudan en la posición de los planetas para no tomar responsabilidad sobre su desorden emocional fueran poco educadas o abiertamente analfabetas. Pero no. Luego de la gente más inteligente y culta, salen defensores del absurdo. Toda mi vida he tenido que luchar contra el estigma de haber nacido en julio.

"Es que eres cáncer". No señores, no es que yo sea tal o cual cosa, es que tengo un genio del carajo, me enojo muy fácilmente y tengo poca tolerancia a los demás. Esto tiene que ver mucho más con el hecho de que fui hija única o de mi situación familiar que con la luna, el sol o los planetas. Decir "no puedo controlar mis emociones" porque la luna está en virgo equivale a renunciar a mi inteligencia, voluntad o atisbo de pensamiento propio.

Claro, que hay quienes no lo tienen y pues para ellos, el horóscopo diario es lo único que los puede salvar.


20.8.10

El sueño como ejercicio de anhelo

Y he aquí que uno sueña cosas. No en la forma convencional o no tan convencional que presenta Inception, no dormido, sino de forma aspiracional. Uno sueña con la boda de vestido blanco, el puesto en la empresa, los hijos rubitos, o la consolidación del imperio.

Se trata de los highlights del camino. Los puntos en los que se podrá narrar nuestra vida más allá del protocolario: nacer, crecer, reproducirse y morir. Y a estas alturas de la vida ya hemos pasado por algunas de ellas, a la izquierda pueden observar la educación elemental, más adelante y bordeada de ribetes y olanes se encuentra la primera relación amorosa de relevancia, a la derecha por supuesto, con tintes modernistas que resultan antiguos la educación universitaria con sus amplios espacios al aire libre y su cáustico aroma de derecha extrema.

Nos quedan algunas paradas por hacer: el primer matrimonio, el divorcio, el nacimiento de los hijos, quizá el viaje familiar a Europa o los 25 años de casados. Eso es nuestra vida: una serie de eventos dignos de fotografiarse que vamos acumulando en memorias digitales.

Lo cierto es que no: el sueño como ejercicio de anhelo puede resultar bastante pobre. Porque sí, sueñas con la boda, pero no sueñas con los frijoles quemados y el marido hambriento. Sueñas con los hijos, pero te brincas olímpicamente los dolores del parto. Crees que ese viaje a Europa te hará feliz y regresas llorando 12 horas porque el marido se te fue con una francesa topless en la primera oportunidad que tuvo.

La vida es una sucesión de eventos sobre los que no queremos hablar jamás, entrelazados con los highlights tradicionales.

Yo le puedo mostrar a quien me lo pida mi título universitario: ni de lejos le dará idea del ruido de las hojas del aguacate que estaba en el patio de la primera casa a donde llegué a vivir en Monterrey, o del instante justo en que entendí para que servía el modelo Black-Scholes.

Sí, el sueño te ayuda a llegar al final del semestre, pero jamás podrá capturar las desveladas, el miedo, la emoción, el alivio. Los últimos días que he vivido, se sienten como final de semestre. La luz ha tenido últimamente una cualidad más amarilla y triste de lo habitual, como anunciando finales, cierres de ciclos, despedidas. O tal vez soy sólo yo. Las mañanas son grises y frías y las tardes asfixiantes y lentas. Como diciendo "ya, esto tiene que terminar" y al mismo tiempo, impregnándolo todo de un miedo injustificado.

Tan triste todo, y yo, sin sueños que perseguir.

4.8.10

Ay dolor, ya me volviste a dar

Me encantan las canciones doloridas. Yo sé que estoy mal, que tengo problemas y que debería ver al especialista indicado al respecto, por lo menos tres veces por semana y tomar pastillas de colores, salir al campo y cuidarme porque estoy "delicada de los nervios".

¿Recuerdan esa etapa previa a la popularización de la psicoterapia como una actividad recreativa aceptable en la que a las señores histéricas se les refería como "delicadas de los nervios"? Ahora ya nadie cuida sus "nervios", simplemente llamas a tu psicólogo de confianza y haces una cita clandestina que anotas en tu agenda como "Dra. ___" o "Cita"; les avisas a tus conocidos que no contestarás el teléfono durante el espacio aproximado de una hora y preparas tu cuota semanal. El problema es que mi Dra. ____ dijo "estás muy bien de tus nervios" y me despachó al mundo real con todos mis traumas inventados y sin pastillas azules. Una lástima: aparentemente tengo que ser madura al respecto y comportarme como el ser pensante que se supone soy. Pero luego vino Steve Jobs y arruinó todo. T-O-D-O.

Uno era muy feliz escuchando el radio o el último disco que había comprado o grabado pirata y traía en el carro y ya. La locura se reducía a 13 tracks y los éxitos poperos del momento. Pero ahora, ahora el iTunes pone toda la locura presente, pasada y futura al alcance del shuffle. Uno puede pasar de un feliz momento de ñoñez patrocinado por Regina Specktor cuando aparece la canción dolorida de la adolescencia, con sus guitarras eléctricas, sus temas demodé, sus cursis lyrics, su poesía barata, sus pretensiones fuera de contexto y entonces, uno vuelve a sufrir.

De repente ya no eres el adulto responsable que twittea en las horas laborales, eres una mocosa de 14 años llorando en el techo de la casa de sus abuelos porque tu prima (de 12) te bajó al galán.

When you took everything, said you took everything from me...

Estranged de Guns n' Roses me remite a la desesperación que sentía de tener 14 años y no saber como reaccionar ante las cosas que me pasaban, intuyendo que no eran tragedias reales, sino meros episodios que algún día podría contemplar desde el tedio que trae consigo la madurez y calificarlos como situaciones "sin importancia"; sin embargo, me entregaba con inusual y mórbido placer a los sufrimientos pajeros de amor que creía me apartaban del mundanal ruido: porque yo sufría señores. Mi prima me podría haber bajado al ligue vacacional, pero yo tenía algo infinitamente mejor: la pretensión adolescente del dolor. Ajúa.

Young at heart and it gets so hard to wait,
when no one I know can seem to help me now
Old at heart but I musn't hesitate
if i'm to find my own way out.

A la fecha, no puedo escuchar esa canción sin sentir que se me remueven los dolores ficticios o no de las relaciones pasadas. ¿Qué es lo que más me gusta de Estranged? Que no promete desenlaces felices o trágicos. Simplemente asume que esta cuestión que te molesta, hace sufrir o confunde, va a pasar y que seguramente, algún día vas a entender que demonios fue lo que pasó.

So nobody ever told us baby how it was going to be
so what will happen to us baby?
Guess we'll have to wait and see...

Y usa la palabra "baby" y eso me sigue pareciendo ampliamente ridículo, pero en los noventa no era ridículo y tampoco era ridículo salir a cantar en calzones de lycra. El punto es que finalmente, entre sus larguísimos 9 minutos con 24 segundos, a mí siempre me pone un poco nostálgica, porque me remite a que no sé nada, no soy capaz de querer a nadie, y me vuelve la añoranza infantil de querer conocer a alguien a quien quiera más de dos semanas, alguien en cuyos ojos real y auténticamente perderme. Yo quiero un gran amor de la vida, pero siempre me doy cuenta de que me engañé a mi misma. Quizá el paso siguiente, el otro... el otro.

When I find all of the reasons
maybe I'll find another way, find another day
with all the changing seasons of my life
maybe i'll get it right next time.


Y tiene "delfines". Sic. Lo peor de los noventa fue el amor enfermizo que de pronto todo mundo sintió por los delfines.

Lo bueno de los noventa es que fumar era una actividad nociva para la salud que no implicaba discriminación. Uno podía fumar en todos lados, y Slash fumaba y la higiene personal era muy poco valorada (bueno, eso no era tan bueno). Me encantaría decir que los noventa apestaron, pero fueron los años de mi dorada idiotez (a.k.a. pubertad). Y uno podía cantar canciones doloridas de amor que en realidad no eran doloridas, sino una madura reflexión, pero al final sí eran de puro y auténtico dolor.

I'll never find anyone to replace you
I guess I'll have to make it trough
this time, oh this time, without you.

Con perdón de ustedes, me siento mal de "mis nervios" y voy a ir a cortarme las venas con una galletita de animalitos que encontré en mi cajón de las camisas de franela.

5.7.10

Amanecer

Desde el jueves pasado empezó a llover, hoy amaneció lloviendo y el día se presentó nublado y frío. Son casi las 7 de la tarde y el sol se asoma tímidamente entre una cortina de nubes que le dan un matiz gris a la ciudad.

Una idea me viene rondando desde en la mañana: las carencias propias. ¿Qué es lo que entregas en una relación? El sábado vi "Día de los Enamorados" y me quedé pensando en la frase que le dice uno de los personajes a otro, después de confesarle que le ha engañado: "el amor es aceptar al otro tal como es, con lo que no nos gusta también".

No existen las personas perfectas, pero cuando entramos a una relación pensamos, equivocadamente, que el otro tiene que darnos lo que buscamos. El amor se vuelve entonces una respuesta emocional a lo que percibimos que el otro nos da. No amamos lo que el otro nos ofrece: sino lo que responde a nuestros propios vacíos estructurales. En ese sentido, nos encontramos más solos que nunca: en la defensa del acento diacrítico, de la b en "oscuro" y cuando al final de la tarde, nos damos cuenta de que necesitamos a alguien para conversar, a quien admirar y en cuyos ojos perdernos a media tarde.

Es cierto, estamos buscando siempre en el paso siguiente, en el otro, como dijo Sabines, pero nunca reflexionamos en que aquello que el otro no nos da, no es falta de amor, es simplemente, que no nos lo puede dar. ¿Y entonces hay que dejarlo y buscar más adelante? ¿Y el amor?

6.5.10

Mayo

Me gusta mayo, me gustan sus tardes calurosas, sus lluvias repentinas. Me gustan los arcoiris que se observan en las carreteras cuando uno va de A a B y hacia B cae la lluvia y tras de uno se pone el sol. Sus cielos abiertos y sus noches cálidas.

En Monterrey me parecía deliciosa la experiencia de estar tomando una cerveza helada en la terraza de algún bar, con la espalda descubierta, en una falda y sandalias de tiritas. Odiaba los restaurantes que ponían el aire demasiado frío porque todo el look veraniego perdía su encanto, aunque secretamente les perdonaba porque la experiencia de salir al calor de la noche era maravillosa. Nada como un frío perturbador para agradecer una noche tibia (que no hirviendo o calor deshidratador). Y como el frío y el calor varían de persona a persona, pueden irse a refundir sus comentarios perdedores de "hace mucho calor" en la parte de su cuerpo que les plazca a menos que genuinamente la temperatura sobrepase los 40º (a 38º también se pueden quejar).

De mayo recuerdo las tardes de vestidos blancos y agua de colonia Sanborns. El olor de los nardos y la frescura del templo al que me llevaban a ofrecer flores cuando era niña. Era una de mis actividades predilectas: la ropa, los zapatos blancos, las flores en sus varitas inmensas, la caminata por el centro de la iglesia, el resonar de la baqueta de mis zapatos infantiles sobre las baldosas del piso.

Me gusta el sabor de la mermelada de guayaba mezclada con helado de vainilla, el color del cielo, los atardeceres de las ocho de la noche, el viento fresco que se te cuela por la falda mientras caminas por calles adoquinadas. Los pájaros, la luz del sol sobre las hojas de una magnolia.

Me resulta muy difícil deprimirme en mayo y mi periodo menstrual ya pasó. Así que no sé de que putas madres voy a escribir ahora.

27.4.10

No solicitors

Hablando con mi ex-roomate en Monterrey me pregunta por mi ex. Todavía no sobrepaso ese tiempo prudente en que la gente deja de preguntarte por la relación pasada inmediata anterior. Como había planes de boda, estoy pensando que quizá se pueda prolongar más allá de los tres días que yo tengo contemplados como estrictamente necesarios para poner cara de "oh, sí, pobre de mí" al tiempo que respondes con eufemismos como "pues no éramos compatibles" o "estoy buscando enfocarme en otras partes de mi vida en este momento".

Se los voy a decir, aunque no me lo van a creer: cuando una relación termina es porque no funcionaba. Nadie deja una relación perfecta con el amor de su vida por que "las circunstancias del destino así lo determinaron". Eso nos hace creer la televisión con la finalidad de añadir temporadas a las sitcoms de éxito, pero la vida no es un sitcom y muchos lo decimos porque decir "de verdad, no podría vivir el resto de mi vida contigo porque ya no te soporto" raya en los límites de la crueldad. Así que uno esgrime pretextos como la religión, el color de las tejas, la distancia, el idioma o la nacionalidad.

Voy a esto porque todavía me llega el ocasional correo electrónico de "eres una gran mujer" y "te deseo éxito en la vida" o "te quiero mucho".

A ver gente: yo sé que todos ustedes crecieron en hogares felices llenos de amor y están acostumbrados a recibir muestras de afecto de sus seres queridos. Yo no. Neta. Y no se los digo en un afán mártir triste del estilo "Bambi pierde a su madre en el incendio del bosque". Me cagan las expresiones de afecto no solicitadas. Quiero como a... tres personas en el mundo, y ni a ellos les repito constantemente que los quiero mucho. LA amiga lo sabe. Mi propia madre lo sabe. Y no lo hago porque me molesta que me lo hagan a mí. Cuando alguien me dice "te quiero", al contrario de toda la gente que tiene relaciones sanas, yo no pienso algo como "wow, me regocijaré en el cariño que recibo", sino "¿para qué?". Si ustedes piensan que estoy muy enferma y que necesito terapia psicológica, estoy de acuerdo. Lo cual, no quiere decir que vaya a ir corriendo con la terapeuta. Ya bastante gastada quedé con la visita al dermatólogo.

Resulta que tengo Ptiriasis Rosada de Gibert y no puedo hacer nada al respecto por las próximas 5 semanas.

No sé como responderle los correos a mi ex. Decirle "gracias" me parece rayano en lo desgraciado. Y no es que no lo sea, pero el mundo no tiene porque enterarse de esa forma. Tampoco sé si responderle "no te preocupes, un día lo superarás". Porque cuando se lo dije me hizo un drama de proporciones épicas.

Si yo pudiera responder esos "te quiero" de una forma sensible, ética y agradecida, creo que no me sentiría incómoda con ellos. Pero me estresan, me hacen sentir miserable por no poder corresponderlos, me acosan, me persiguen en mis pesadillas, siento que un día yo también voy a decir "te quiero" y la contraparte guardará un silencio incómodo. Recuerdo las veces en que sí los dije y me dijeron "pero yo no" y pienso que acumulo mal karma. Por eso a los ex novios siempre les he dado un block and delete de mi vida, porque no quiero verlos, no quiero herirnos con charlas innecesarias, con conversaciones que terminarán ineludiblemente en un "te acuerdas de..." o "yo creía que haríamos...". ¿Cuál es el maldito punto de quedarte en puntos suspensivos con alguien con quien no estás? ¿Con quien NO vas a estar?

No voy a leer en un correo que merezco "ser feliz" y decidiré en ese preciso instante cambiar las decisiones que he tomado. Porque si las he tomado es precisamente para alcanzar esa "felicidad" que tanto me pronostican. O quizá sí, pero mi orgullo me lo impediría. Y el orgullo está subvaluado en esta cultura de cupidos en calzoncillos, pero te sirve para seguir adelante.

En este mundo hay dos clases de personas: las que traicionan y las traicionadas. Yo soy de la que deja atrás, de las que no puede volver, porque una traición siempre supondrá un camino más lejano del primer punto de partida, jamás un retorno.


15.4.10

Deseo

¿Cuáles son esas cosas que no te dices y que te hacen tanto daño? Esos silencios que ni tú mismo te atreves a romper por que sabes que una vez que lo enuncies, lo irresistible de ese deseo te hará sufrir.

Padeces en mutis. En palabras impronunciables... en fantasías en las que no te atreves a adentrarte, te despiertas de tus propios sueños para evitar creerlos. Eres, muy a lo Vanilla Sky, el idiota que aún en sueños, sabe que está soñando.