17.11.10

Soledad y excepción: recuento inútil

Vivo de escribir. Ciertamente, no escribo best sellers, o novelas dignas de un premio nobel, pero dentro de la variada vida interna que ofrece el oficio de secretaria, uno tiene que escribir oficios, memorandos y circulares. El cambio en las reglas ortográficas de la RAE me ha planteado un doble reto: en primer lugar ya no sé como se escriben la mitad de las palabras que solían llevar acento diacrítico y en segundo, ya no me siento con el valor civil de corregirle a nadie la ortografía.

Y si la RAE ha decidido que cada quien deduzca si se trata de soledad o de excepción, a nosotros no nos queda más que explicar que a fin de cuentas, la obsesión por no estar solos, es una mera histeria.

Sí, utilicé la palabra "histeria" porque finalmente, las que se ponen neuróticas ante la soledad, suelen ser las mujeres. Que hay hombres que también se nos ponen así, es cierto, pero suelen ser los menos. Y es que las mujeres tienden (tendemos) a colocar el "locus" propio en el otro. Lo cual suele tener resultados bastante idiotas.

Mientras que el hombre anda de lo más feliz por la vida siendo muy "macho" y basando los fundamentos de su existencia en tener un automóvil deportivo o agrandar la diferencia de edad con respecto a su pareja (entre más sórdido sea el asunto y las probabilidades de que haya ido a la escuela con sus nietas, para ellos suele ser mejor), la mujer necesita que la quieran.

No lo digo yo, lo dice la televisión y ella siempre tiene la razón. Basta ver cualquier anuncio de productos dirigidos a la mujer: utilice este detergente para seducir a su marido, esta sopa instantánea le ganará la gratitud de sus hijos, haga feliz a la nariz de su esposo con el revolucionario limpia pisos color sospechoso. A las mujeres no les den la posibilidad de poseer, sino de que alguien valide su existencia pronunciando las palabras mágicas: "te quiero".

El mejor ejemplo de cómo funciona la mentalidad del hombre lo encontré en un anuncio de BMW: una mujer muy bonita recostada en actitud expectante, el anuncio simplemente decía "Sabes que no eres el primero, ¿pero te importa?". A los hombres permítanles poseer y punto.

El problema deriva, claro, de que entonces las mujeres se pasan toda la vida maquinando estratagemas baratas para conseguir que el hombre las quiera, y obsesionándose por obtener a hombres que no las quieren. Nada le da más validez a una autoestima femenina trastornada que conseguir que un patán deje de ser un patán para amarla de por vida. Sólo que en la vida real, el patán no va a dejar de ser un patán. Así que la mujer, en lugar de comprar la sopa instantánea o el limpiapisos, comienza a "hacerse la díficil" y a leer todo un cúmulo de tonterías sobre como llevar "relaciones exitosas" con títulos que a cualquiera con dos dedos de frente y/o sin periodo menstrual le harían temblar de horror: "¿Por qué los hombres aman a las cabronas?" "Los hombres son de marte y las mujeres de venus". Lo peor, es que como esos libros dicen básicamente "te tienes que hacer la difícil" y el hombre está diseñado para poseer aunque no quiera, ni encuentre un nivel emocional de entendimiento, consiguen al bato bajo esa premisa. Y luego los dos se terminan mandando al diablo porque el bato quiere poseer a más mujeres y la mujer se siente fracasada porque nunca consiguió que validaran su existencia amándola.

Como la RAE, hombres y mujeres, en su histérica búsqueda de validez emocional en el exterior, olvidan la diferencia entre soledad y excepción.

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