Desayuno con Diamantes - Truman Capote
Aunque primero vi la película, el libro es bastante superior. Desayuno con Diamantes, narra la historia de Holly Golightly, una joven prostituta que en Nueva York busca no privilegiar una vida estable pero monótona. En el libro, el autor de visita en Nueva York después de haber estado ausente un tiempo, recuerda a Holly, sus extrañas aventuras y su sentido de no conformarse con un presente que le resultaba desencantador y por lo tanto inaceptable.
Antes de leerlo, no se me habría ocurrido ir a Nueva York y después me pareció apropiado e imprescindible. Nueva York (en oposición a Londres, que siempre he considerado la metrópoli por excelencia, pero ese es tema de otro post) como el lugar en el que están los que están de paso. Los inconformistas, los que no saben a donde van y que no se pueden quedar. Y a donde espero ir en 2012.
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29.10.11
30.7.10
Vaciones 6 y 7 / 7
Yeeeiiiii se acabaron las vacaciones. Por fin podemos volver a la rutina habitual: desmadrugarse en la mañana para ir a nadar, trabajar como loca de 9 a 9 y quejarse sobre ello y estar en línea la mayor parte de la vida.
Este periodo vacacional ha servido para dos cosas:
1. Incrementar mi odio a Facebook y
2. Descubrir que la gente tiene expecativas y opiniones propias (incrementando mi odio a Facebook).
Yo no sé porque insisto, en serio. Trato cada día de ser mejor ser humano y mantener el perfil abierto y aceptar las solicitudes de amistad pero, la verdad es que no me importa. No me importa si se casan o no, si van a fiestas y se toman fotos pisteando o si Facebook les dice que tienen un coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein. Pero, tengo a tres o cuatro amigos ahí adentro cuya comunicación me resulta relevante así que no me decido a cerrarlo. Antes de salir de vacaciones procedí a pasar de 160+ amigos a 61. De esos 61 les hablo como a 3 en la vida real, pero algunos son familia directa y otros pondrían el grito en el cielo si los borro, más los tres con los que hablo IRL.
Sic.
Por otro lado el roadtrip por el bajío mexicano me ha dejado buen sabor de boca, uno sabe que las vacaciones fueron adorablemente gratas cuando regresa sin saber que día es y con más de 15 llamadas perdidas en el celular porque le bajó el timbre y olvidó volver a subirlo.
Me gusta viajar. Podría fácilmente adaptarme a una vida vacía llendo de ciudad en ciudad visitando museos, iglesias y monumentos de diversa índole, sin otra obligación en la vida que la de disfrutar el paisaje. Me gusta viajar además, de forma ligera y comprar souvenirs estrafalarios, como el anillo antiguo que conseguí a mitad de precio de un viejecito que luego de decirme que estaba muy bonita (awww los viejecitos rabo verde son el hit) me llevó a la parte "realmente impresionante" de su muy viejo local y me enseñó un montón de anillos y aretes de piedra natural montados en plata de hace mil doscientos años (o diez): me enamoré de un conjunto de turquesa montado en plata que costaba 350 pesos, pero al final compré un anillo tamaño escarabajo petrolero que logré rebajar de 500 a 300 pesos (óquei, no fue la mitad de precio, pero déjenme tener mis fantasías baratas). Salí corriendo del local y escuché claramente que gritaba "adiós mamacita" (awww los viejecitos rabo verde).
Y luego del regreso me dediqué a mucho dormir y a reflexionar sobre los temas que por sentido común trato de evadir. Llegué a conclusiones importantísimas: comer sano más que una opción debería ser la obligación de cualquier ser pensante y siempre existe la posibilidad de repetir los patrones aprendidos en la infancia. ¿Es realmente malo? Quizá uno debería hacer en esta vida lo que te hace genuinamente feliz, ¿pero qué es eso? ¿dónde está el maldito equilibrio? LA amiga me contó del libro "Porn" de Irving Welsh (o algo así, lo buscaría en wikipedia pero casi va a dar la una de la mañana y nel, el caso es que el autor es el mismo de Trainspotting) en donde todos tienen un vicio pero al final no le va bien a los buenos o a los malos, sino al bato que ve por sí mismo. Tarán.
Gran lección de vida: uno tiene que ver por sus propios intereses y encontrar el maldito equilibrio.
Ejemplo A: te la pasas trabajando de 9 a 9 porque eres muy feliz en tu trabajo y te pagan bien y sientes una gran satisfacción en hacer bien tu trabajo, pero tienes a tus hijos desatendidos, no tienes tiempo de hacer ejercicio y terminas solo, sin perro que te ladre y con sobrepeso. Eventualmente ese dinero lo vas a tener que gastar en un marcapasos o un bypass gástrico. O en ambos.
Ejemplo B: tengo una tía que decidió que nunca iba a tener hijos. Como vive en el gabacho y tiene buen trabajo gana lo suficiente para costearse viajes al extranjero, coleccionar arte y en navidad regresar a su pueblo natal a repartir dulces y ropa entre los niños pobres. Y es muy feliz y generosa y es de esas personas con las que resulta altamente gratificante platicar porque siempre tiene historias interesantes y te contagia de un entusiasmo genuino y no esa porquería televisiva que las amas de casa se tienen que soplar mientras hacen el quehacer en las mañanas.
Obviamente yo no aspiro a ser la chica más triste que jamás ha sostenido un martini toda la vida, aunque, como Miguel Bosé, sufra por placer. Si alguna vez consigo que alguien hable de mí, quiero que sea en los términos de "esa morra fue muy feliz". No en los términos convencionales de "tenía una casa y un perro, un marido y dos hijos" porque, aunque aspiro a reproducirme y encontrar al tipo indicado, no creo que los hijos, el marido y el perro constituyan la felicidad. Quiero ser feliz en mis propios términos, en las circunstancias que tenga que vivir, así sea matando zombies vampiros que me asustan (sigo con la lectura de Nocturna pero sólo leo de día porque soy bien coyona).
No sé todavía cuales son mis términos, pero sé que incluyen esa sensación de bienestar que últimamente he experimentado y a la que intuyo, será muy difícil renunciar. So be it.
Más amargura y mala ondez en próximos posts.
28.7.10
Vacaciones 5/7
Viajamos de Celaya a León.
León es la ciudad más inescrutable del universo para mí. Si bien en Google Maps parece una ciudad como cualquier otra, lo que mi mente entiende es algo así:
=)(!)(!(/)(/()/%$·$"
*¨^?==)==,:JISF()/(&
()=PÑKSOU()/)( ¨Ñ¨ÑL
?=)=?^¨ÑL^P__***
Así con los tres asteriscos y todo.
Inescrutable.
Digan "inescrutable" tres veces: dejen que el dolor de esa palabra les duerma el cielo del paladar, se dulcifique en sus glándulas, que les atasque, les provoque mareos. León Guanajuato me da dolores de cabeza. Lo descubrí a los 13 años que fui por primera vez y lo he comprobado cada que vez que voy. La gente es hermosa, amabilísima, su clima: privilegiado, tiene áreas de gran desarrollo y modernidad y cliché de clichés, encontré zapatos. Igual me da dolores de cabeza: no es la ciudad, soy yo y mis imposibilidades genéticas. Hay gente que batalla para digerir el brócoli, otros que desarrollan extrañas (y envidiables) alergias a los crustáceos, los de más allá nacieron con dos pies izquierdos, jamás podrán aprender otro idioma o carecen de oído musical. Además de sufrir esta última afección, yo encuentro León Guanajuato inescrutable.
Duré una hora perdida, pasé por pasajes inverosímiles que estoy segura que salieron de mi cabeza: canales de aguas negras, montañas con pirámides de cemento, edificaciones de tintes musulmanes. Si mi mamá no hubiera ido en el asiento contiguo, seguramente me habría tenido que estacionar para asegurarme a mí misma que no había enloquecido. Encima de todo: todas las calles me parecen el mismo cruce: Adolfo López Mateos y Torres Landa.
Al final todo fue bien: excepto que me cayeron tormentas en la carretera, señoras tormentas que evitaban ver el carro de enfrente y que me obligaron a "orillarme a la orilla" en una ocasión. Recordé cuánto me gusta ver llover, quiero que el cielo truene, que se llene de relámpagos que lo crucen de lado a lado. Más que el fuego, creo que el agua purifica y yo necesito, necesito en calidad de urgente: lluvia, cambio, agua. Hay días en que siento que me asfixio en la misma rutina, en la misma incertidumbre, ya quiero que sea 12 de septiembre.
27.7.10
Vacaciones 3 y 4 / 7
San Luis Potosí

Queretaro

Corregidora

También:
Santa María del Río (cuna del rebozo o no; muy carísimos de París, sobre todo considerando que se utilizan únicamente el 16 de septiembre).
San Juan Del Río (donde compré un bonito anillo de turquesa verde).
Celaya (donde no quieren a los gordos tristes: vi un anuncio que decía "prohibido el paso a transporte pesado por deprimidos").
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Queretaro

Corregidora

También:
Santa María del Río (cuna del rebozo o no; muy carísimos de París, sobre todo considerando que se utilizan únicamente el 16 de septiembre).
San Juan Del Río (donde compré un bonito anillo de turquesa verde).
Celaya (donde no quieren a los gordos tristes: vi un anuncio que decía "prohibido el paso a transporte pesado por deprimidos").
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8.1.10
Reflexiones baratas para el invierno
Ninguna con un valor superior a tres presos. Aproveche.
En el pueblo seguimos esperando la "masa de aire ártico" que amenaza con terminar con nuestras vidas, tuberías y mascotas, pero el termómetro se rehusa a moverse: ahí sigue, estancado en los 9º centígrados desde las once de la mañana y en lugar de neblina y lluvia, tenemos un sol tímido, que no se anima a calentar el ambiente. Aquí y allá se escuchan las quejas de secretarias de diversas estaturas y complexiones físicas asegurando fehacientemente que sí, ha descendido la temperatura, que es una barbaridad y temerosas del "clima de mañana". Uy.
Pues quiero decirles que esta "masa de aire ártico" es una maleducada, que no sólo nos ha dejado con un palmo de narices desde ayer, sino que además, no se decide a llegar. Se nubla, sale el sol, hace aire, se nubla, sale el sol... En Saltillo, me escribe una entumida Carmen, sobre los cataclismos del clima: los caminos están cubiertos de hielo, las carreteras cerradas y la temperatura en siete grados b-a-j-o-c-e-r-o. Brr.
Si hiciera mucho mucho frío, seguramente yo maldeciría a todos cuando se atreviesen a cruzar por mi camino. Pero como no hace tanto, tengo fantasías sobre la canción "Neighborhood #1" de Arcade Fire, y me deleito pensando en chocolates de colores: rosas de fresa, verdes de menta y blancos. Los imagino en formas y colores diversos, pero siempre del tamaño del bocado perfecto, suaves al derretirse en la boca. Imagino que veo películas para niñas y que como grandes y quesosos pedazos de pizza, que es como deben ser todos los pedazos de pizza.
Me he dado cuenta de que mis aspiraciones son más bien pequeñas: no comprender tan fácilmente que son mentiras las anécdotas que quiere salpicar de humor la fotógrafa, caminar por el parque, comer pizza o leer un libro que de verdad me emocione.
Lo que me recuerda que ya terminé de leer "La máquina del tiempo", me gustó mucho, aunque como estúpida me quedé esperando al ÜberMorlock, mismo que jamás aparece. Tampoco hay una prometida, y eso lo mejora de sobremanera. Porque aquellos que somos incapaces de encontrar el amor, deberíamos tener el derecho a buscar historias que no sean la nauseabunda repetición de "x-meets-y-looses-y".
Un día, me sentaré en un café anónimo de Italia, con vista al foro romano, y tomaré una copa de vino, mientras como desaforadamente pizza margarita.
¿Qué? La sofisticación no está peleada de modo alguno con los excesos.
7.12.09
Del passguor y otros absurdos cotidiandos
Me toca nuevamente hacer cambio de passwords de todas las cuentas. La verdad es que tengo el mismo password desde hace años, sólo le añado variables cada tres o cuatro meses con la finalidad de que si me hackean, al menos batallen un poco. Sólo una vez me hackearon la cuenta, la verdad, esos tiempos parecen tan lejanos que no recuerdo claramente la situación: me parece que de mi cuenta personal le mandaron decir al Innombrable que ya no lo quería o quizá le hackearon la cuenta a él. No estoy segura. La verdad, ya no importa tanto.
Es increíble el número de cosas que dejan de importarte con el tiempo: si en una temporada de tu vida estabas al pendiente del desarrollo de tal o cual acontecimiento, a la vuelta de los años, ni siquiera recuerdas de que iba toda tu zozobra, tus desvelos, tus lágrimas y tus intentos escuetos por ser feliz.
El password de mi messenger, por ejemplo es una combinación entre el nombre de un hombre que me fascinaba ciegamente y el mío. Ajá, sí, así soy de enferma y psicótica. Pero es bueno, porque es un hombre del que nunca hablé con nadie, un hombre que sólo yo supe que me fascinó, y al que jamás he vuelto a ver en mi vida. De un modo u otro, me hace sonreír escribir cada vez que inicio sesión. El de mi cuenta de livejournal es el apellido de mi escritor favorito combinado con el año de nacimiento de una sobrina and so on. Quizá sean mucho más personales y digan más de nosotros, de nuestros sueños y fantasías aquellas combinaciones de caracteres con las que decidimos abrirle el paso al correo diario, al blog, al twitter, o al mensajero instantáneo.
---
Ya empezaron a llegar las tarjetas de navidad a los correos electrónicos: luego de un año de hacernos la vida imposible, voltearnos la cara, gritarnos cuanto nos odiamos los unos a los otros, llegan los anuales y necesarios días de paz.
Cada año escribía un correo para mis amigos deseándoles un feliz inicio de año y una buena serie de convivencias decembrinas. Este año omitiré el proceso, porque ya estoy demasiado añeja para los correos comunes llenos de referencias cruzadas y chistes disfrazados de sentimentalismo barato.
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Ayer me equivoqué en un semáforo. En lugar de tomar el segundo carril, tomé el primero de la derecha. Dos vehículos atrás de mí un hombre trató de acabarse la vida útil de su claxon mentándome la madre porque le obligaba a atender un alto que él no tenía necesidad de esperar, dado que la vuelta a la derecha era "continua con precaución". Su desesperación fue tal que invadió la banqueta y se paró a mi lado, me dijo un montón de groserías y levantó su puño en alto. -
Como esperar tres minutos en un semáforo no me parece razón para insultar a nadie, le dije adiós muy sonriente.
Mi mamá se enojó.
---
Apuesto a que su password es algo así como "mujeres-estúpidas-al-volante" o "tengo-la-paciencia-del-santo-Job".
3.8.09
Migraciones
Irse o no irse del país es TODO un tema. La verdad es que yo admito que siempre me he querido ir. Aunque evito en la medida de lo posible salir con la mamertada de decir "es que allá (donde allá se entiende cualquier lugar allende las fronteras del país) es otra cultura gooooey", y reconozco que hay ventajas insospechadas de vivir en nuestro país tengo genes migrantes.
No en balde la mitad de mi familia está desperdigada por el infinito y más allá.
Y ahora que estuve en el DF andaba engolosada viviendo ese hype que tienen las grades ciudades y que para mí, en realidad, tiene cualquier lugar que no conozco y que ofrezca perspectivas culturosas de poca monta.
El jueves en la noche que venía de Guadalajara estaba escuchando una entrevista que le hacían al nuevo premio de novela Alfaguara: Andrés Neumann. La locutora, además de dedicarse a echarle el calzón le preguntó que cual de los tres géneros (poesía, cuento, novela) prefería. La respuesta me gustó: dijo que a él le gustaba estar en la frontera entre los tres, como en Iguazú, donde convergen Brasil, Paraguay y Argentina. En muchos aspectos México es esa frontera donde todo se mezcla y ciertamente ahí es donde más desmadre hay, pero también donde las formas de vida pueden entremezclarse para resurgir de sí mismas bajo la luz del mestizaje. Somos mestizos de ideologías, tradiciones, al contrario de Andrés Neumann nosotros ya vivimos en este producto de las convergencias caóticas.
Uno sale al extranjero a ya no sorprenderse, a confiarse de que los transportes públicos están carentes de sobresaltos, a caminar tranquilo por las calles con su gente extremadamente fría y educada. Por eso nos asombramos de encontrar vendedores de imitaciones en las calles de París, mendigos en los metros europeos, mercados con vendedores ambulantes, puestos callejeros de elotes y demás porque en el fondo, esos rastros de caos son saludos de una realidad desbordada de sí misma con la que nos acostumbramos a convivir y a la que extrañamos.
En alguna ocasión me tocó presenciar un bloqueo del metro en una metrópoli europea. Fue divertido ver a los oficinistas made-in-el-extranjero como locos, perdidos, leyendo los mapas de los camiones sin entenderlos, correr hacia un taxi desesperados, colgados de los camiones, con miedo en sus ojos, pensando que jamás llegarían a sus casas. Mi mamá y yo caminamos lentamente hasta el hotel, durante casi tres horas, porque estábamos bastante lejos, y mi mamá, cansada, pero divertida por el espectáculo de la ciudad ordenada hecha un caos, atinó a decir: "parece México".
Todo lo que relacionamos con nuestro país es el bullicio del desorden. Pero es también lo que nos da riqueza.
De todas formas, a veces, uno aspira a veces a la tranquilidad de un clima en el que SIEMPRE llueva, de un café donde el servicio quizá no será bueno, pero siempre será el mismo. Los mexicanos somos suspirantes de la confianza que nos dan los extranjeros, por eso los tratamos bien cuando vienen, porque nos da un poco de vergüenza que un día hay transporte público y otro no, que quizá haya carreteras, que tal vez no se respeten sus reservaciones de hotel. El secretario de turismo debería promocionarnos con el mismo "lo que no pasa en México, no pasa en ningún lado", con que nuestras abuelas lo explicaban todo.
A mí me gusta México, pero no sé si siempre quisiera vivir aquí, aunque no me imagino viviendo en ningún otro lado.
No en balde la mitad de mi familia está desperdigada por el infinito y más allá.
Y ahora que estuve en el DF andaba engolosada viviendo ese hype que tienen las grades ciudades y que para mí, en realidad, tiene cualquier lugar que no conozco y que ofrezca perspectivas culturosas de poca monta.
El jueves en la noche que venía de Guadalajara estaba escuchando una entrevista que le hacían al nuevo premio de novela Alfaguara: Andrés Neumann. La locutora, además de dedicarse a echarle el calzón le preguntó que cual de los tres géneros (poesía, cuento, novela) prefería. La respuesta me gustó: dijo que a él le gustaba estar en la frontera entre los tres, como en Iguazú, donde convergen Brasil, Paraguay y Argentina. En muchos aspectos México es esa frontera donde todo se mezcla y ciertamente ahí es donde más desmadre hay, pero también donde las formas de vida pueden entremezclarse para resurgir de sí mismas bajo la luz del mestizaje. Somos mestizos de ideologías, tradiciones, al contrario de Andrés Neumann nosotros ya vivimos en este producto de las convergencias caóticas.
Uno sale al extranjero a ya no sorprenderse, a confiarse de que los transportes públicos están carentes de sobresaltos, a caminar tranquilo por las calles con su gente extremadamente fría y educada. Por eso nos asombramos de encontrar vendedores de imitaciones en las calles de París, mendigos en los metros europeos, mercados con vendedores ambulantes, puestos callejeros de elotes y demás porque en el fondo, esos rastros de caos son saludos de una realidad desbordada de sí misma con la que nos acostumbramos a convivir y a la que extrañamos.
En alguna ocasión me tocó presenciar un bloqueo del metro en una metrópoli europea. Fue divertido ver a los oficinistas made-in-el-extranjero como locos, perdidos, leyendo los mapas de los camiones sin entenderlos, correr hacia un taxi desesperados, colgados de los camiones, con miedo en sus ojos, pensando que jamás llegarían a sus casas. Mi mamá y yo caminamos lentamente hasta el hotel, durante casi tres horas, porque estábamos bastante lejos, y mi mamá, cansada, pero divertida por el espectáculo de la ciudad ordenada hecha un caos, atinó a decir: "parece México".
Todo lo que relacionamos con nuestro país es el bullicio del desorden. Pero es también lo que nos da riqueza.
De todas formas, a veces, uno aspira a veces a la tranquilidad de un clima en el que SIEMPRE llueva, de un café donde el servicio quizá no será bueno, pero siempre será el mismo. Los mexicanos somos suspirantes de la confianza que nos dan los extranjeros, por eso los tratamos bien cuando vienen, porque nos da un poco de vergüenza que un día hay transporte público y otro no, que quizá haya carreteras, que tal vez no se respeten sus reservaciones de hotel. El secretario de turismo debería promocionarnos con el mismo "lo que no pasa en México, no pasa en ningún lado", con que nuestras abuelas lo explicaban todo.
A mí me gusta México, pero no sé si siempre quisiera vivir aquí, aunque no me imagino viviendo en ningún otro lado.
15.3.08
Crónica de cómo no ir a una boda
Desde que descubrí que ETN sólo tiene una corrida a Querétaro y que llegaba a la ciudad a las 9:50 de la noche, debí empezar a sospechar que mis intentos por asistir a la boda iban a ser futiles. El siguiente paso fue llamar a Ómnibus de México, donde no me pudieron hacer la reservación porque no tenían sistema. Salí a comer, fui a comprar mi boleto de autobús y luego fui a entregar unos papeles importantes para mi jefe.
En el trayecto, tuve la oportunidad de que me chocaran del lado del copiloto, me volaran el espejo y me jodieran la pintura de las dos puertas. Pero aún así no desistí.
En lugar de tirarme a la desgracia, me fui a un taller, pedí rápidamente que me compusieran el carro y me tomé una cerveza. Total, a mí que me importaba, yo iba a ir a esa boda.
Llegué a mi casa, arreglé mi maleta y salí con LA amiga a deambular hasta que llegó la 1 de la mañana (por cuestiones logísticas, decidí que el mejor autobús que podía tomar era el de la una de la mañana, para llegar a Querétaro a las 8:00 a.m.). Otras señales de la desgracia inminente se presentaron: un empleado con cara de rata, me dijo que no había corrida a Querétaro a la 1.15. Después de comprobar que sí había y pasar al área de andenes, el operador del autobús me preguntó con un poco de sorna que porque me había decidido por ese camión, y que si no había encontrado otro.
El autobús, ni que decirlo, iba completamente lleno de gente y de basura. Los pasillos estaban llenos de cáscaras de semillas, olía terriblemente mal y botellas de refresco rodaban de acá para allá con singular libertad. Me senté junto a una morra de unos 15 años que estaba en franco estado de shock y con cara de profundo miedo y justo delante de un par de tipos que tenían pinta de delicuentes juveniles. Abracé mi bolso con todas mis fuerzas, porque después de todo, sí tengo un gran apego al poco dinero que tengo.
Salimos y el camión se dirigió a la gasolinera. Según tengo entendido los autobuses en este país tienen prohibido cargar gasolina con el pasaje encima, pero pensé, bueno, quizá sí nos tome 10 horas llegar a Querétaro, pero llegaré a las 10 en lugar de las 8 y no puede estar tan peor. Luego de media hora nos dirigimos a una segunda gasolinera. Ilusamente pensé que no había diesel en la primera y que ahora todo estaría bien. Luego de un rato más bien breve el camión empezó a avanzar. Cerré los ojos resignada a viajar a Querétaro vía larga (lo que se traduce: a me detendré en cuanto lugar con más de tres casas exista), y entonces vi un montón de luces que me resutaron muy familiares. A las 2:00 a.m. regresamos a la central de autobuses de ZACATECAS.
Un tipo gordito y pelón se paró a la mitad del pasillo y nos anunció a todos que por una falla mecánica no podríamos seguir el viaje (sí, seguir, aún cuando algunos de nosotros apenas lo habíamos empezado), las opciones que nos ofrecieron eran viajar a Aguascalientes de pie, si algún operario quería llevarnos (cosa que no sucedió), la devolución de nuestro dinero o un lugar en la misma corrida pero del día siguiente.
Después de que el camió que iba a Aguas se negó a subirnos, pedí la devolución de mi dinero y fui a la otra línea. El tipo me informó que un camión llegaría a las 4. Sabiendo que LA amiga y GAI#1 (al cual no le hablábamos, jeje) seguían de farra, les llamé, pasaron por mí y anduvimos sdando la vuelta un rato - período del twitter con hits ochenteros -, obvio yo ya no tenía ganas de pistear, a las 4 regresamos a la central para encontrar que el camión se había descompuesto en Fresnillo. Fui a Estrella Blanca y me prometieron un camión a las 5. Y a las 5, dijeron que se había ido de largo, porque no traía lugares, pero que quizá a las 5.45 llegaría otro, y ahí ya fue cuando me di por vencida.
Si no puedes reservar tu boleto, te chocan, te dicen que tu corrida no existe, cuestionan tu elección de autobús, tu autobús se descompone, esperas otros 2 camiones en vano... quizá sea buen regresar a tu casa. Llegué a mi casa a las 5.30, cansada y encabronada. Pinches camiones de mierda, de haber sabido, desde un principio me hubiera planteado irme en mi propio vehículo, no habría ido a la central a medio día y seguramente no me habrían chocado. Yo deseo que todos los operadores de autobuses, los dueños de las líneas de autobuses y absolutamente TODOS los empleados de la central de esta ciudad, ardan en el infierno.
1.11.07
I just lose myself completely
Fascinada estoy con esta cancioncita:
Anagram – Everything I Have
Escuchadla y ser felices.
Volviendo al punto: había como 4 cosas de las que quería escribir en la semana, pero increíblemente me veo corta de tiempos: una era política, la otra era una queja contra cierto tipo de personas, sobre el precio del petróleo y sobre alguna otra cuestión aleatoria que finalmente he olvidado. Trataré de hacerlo rapidito y ustedes se imaginan que esto son posts separados.
Miss Apathy:
Todos conocemos a una. No importa cuanto se esfuerce, cuan bonita sea - aunque generalmente no lo es, y sólo cree que lo es y actúa en consecuencia, terminando por caer más pesada que un plomo -, o si sabe decir "buenos días" y "gracias" (lo que es improbable). La cuestión es que esta mujercita resume en ella todas las cualidades negativas que te puedas imaginar. Y las que no, también. Siempre que hablas con ella te dan ganas de pedirle que le baje dos rayitas a su volumen de voz y cada vez que abre la boca dice algo totalmente inapropiado y fuera de lugar. Tristemente se siente inteligentísima y no sabe sumar dos más dos: luego de batallar dos horas con una hoja de cálculo te dará una aproximación al cuadrado del cuadragésimo decimal de Pi (oh sí). No trabaja: no nació capacitada para ello. En el trabajo la gente se pregunta que hace ahí y ella jura que podría hacer el trabajo de cualquiera mil veces mejor y mucho más rápido, no obstante siempre llega tarde, se va temprano, su ortografía es deplorable y es un misterio para la humanidad que hace durante su brevísima jornada laboral.
Petróleo, oro y dólares
Son temas bastante trillados y que van y vienen. Y es por demás tratar de explicarlos, en la noche soñé que Casterns decía que los dos siguientes años serán de inflación y que si estabas en un bar, después de las dos primeras cervezas era barra libre. Y sospecho que una de las dos no es cierta. Me preocupa un poco, que por un lado, la gente "bien" aterrorizada por cuestiones tan delicadas como el spread entre la tasa de interés de Estados Unidos y la de México llegue a la sabia conclusión de que estamos en un estado caótico, y que no sé den cuenta que allá por Tabasco, la cuestión económica posiblemente se vea afectada terriblemente en cuestiones de salud, comunicaciones, etecé, etecé, etecé. Y mientras nuestro flamante presidente agarra la pala y le grita a sus oponentes: "mejor pónganse a ayudar"... se me ilumina el rostro con una sonrisa. Nos falta mucha sensibilidad hacia las necesidades de esa masa invisible de personas que nos negamos en reconocer que existen. Se llaman "el resto de la humanidad" y también comen, sienten y presumiblemente son iguales a nosotros. Sólo que hay cuestiones que llaman más la atención. Es cuanto.
El día de muertos (sí, esa era la otra cuestión)
Me gusta. Me gusta mucho más que la Navidad. La Navidad es ñoña. La navidad es todo arbolitos y tal y tal... el día de muertos tiene elementos de terror, de nostalgia y misticismo. Oh sí. Y hay velas (en la navidad antes había velas, eso debió ser chido, pero murió). Hay desorden, hay caos cultural, hay papel picado en los puestos de gorditas y máscaras de espantajos en las calles. Hay niños pidiendo "el muerto", y obteniendo chocolates gringos y galletas de animalitos. Exposiciones de catrinas, pan de muerto, aglomeraciones en los panteones a los que un día por año, va gente que no necesariamente llora. Y hay puente. Y es un alivio. Oh sí.
Nos vemos por aquí el domingo tempranito. Esta muñequita se cambia de aparador.
Anagram – Everything I Have
Escuchadla y ser felices.
Volviendo al punto: había como 4 cosas de las que quería escribir en la semana, pero increíblemente me veo corta de tiempos: una era política, la otra era una queja contra cierto tipo de personas, sobre el precio del petróleo y sobre alguna otra cuestión aleatoria que finalmente he olvidado. Trataré de hacerlo rapidito y ustedes se imaginan que esto son posts separados.
Miss Apathy:
Todos conocemos a una. No importa cuanto se esfuerce, cuan bonita sea - aunque generalmente no lo es, y sólo cree que lo es y actúa en consecuencia, terminando por caer más pesada que un plomo -, o si sabe decir "buenos días" y "gracias" (lo que es improbable). La cuestión es que esta mujercita resume en ella todas las cualidades negativas que te puedas imaginar. Y las que no, también. Siempre que hablas con ella te dan ganas de pedirle que le baje dos rayitas a su volumen de voz y cada vez que abre la boca dice algo totalmente inapropiado y fuera de lugar. Tristemente se siente inteligentísima y no sabe sumar dos más dos: luego de batallar dos horas con una hoja de cálculo te dará una aproximación al cuadrado del cuadragésimo decimal de Pi (oh sí). No trabaja: no nació capacitada para ello. En el trabajo la gente se pregunta que hace ahí y ella jura que podría hacer el trabajo de cualquiera mil veces mejor y mucho más rápido, no obstante siempre llega tarde, se va temprano, su ortografía es deplorable y es un misterio para la humanidad que hace durante su brevísima jornada laboral.
Petróleo, oro y dólares
Son temas bastante trillados y que van y vienen. Y es por demás tratar de explicarlos, en la noche soñé que Casterns decía que los dos siguientes años serán de inflación y que si estabas en un bar, después de las dos primeras cervezas era barra libre. Y sospecho que una de las dos no es cierta. Me preocupa un poco, que por un lado, la gente "bien" aterrorizada por cuestiones tan delicadas como el spread entre la tasa de interés de Estados Unidos y la de México llegue a la sabia conclusión de que estamos en un estado caótico, y que no sé den cuenta que allá por Tabasco, la cuestión económica posiblemente se vea afectada terriblemente en cuestiones de salud, comunicaciones, etecé, etecé, etecé. Y mientras nuestro flamante presidente agarra la pala y le grita a sus oponentes: "mejor pónganse a ayudar"... se me ilumina el rostro con una sonrisa. Nos falta mucha sensibilidad hacia las necesidades de esa masa invisible de personas que nos negamos en reconocer que existen. Se llaman "el resto de la humanidad" y también comen, sienten y presumiblemente son iguales a nosotros. Sólo que hay cuestiones que llaman más la atención. Es cuanto.
El día de muertos (sí, esa era la otra cuestión)
Me gusta. Me gusta mucho más que la Navidad. La Navidad es ñoña. La navidad es todo arbolitos y tal y tal... el día de muertos tiene elementos de terror, de nostalgia y misticismo. Oh sí. Y hay velas (en la navidad antes había velas, eso debió ser chido, pero murió). Hay desorden, hay caos cultural, hay papel picado en los puestos de gorditas y máscaras de espantajos en las calles. Hay niños pidiendo "el muerto", y obteniendo chocolates gringos y galletas de animalitos. Exposiciones de catrinas, pan de muerto, aglomeraciones en los panteones a los que un día por año, va gente que no necesariamente llora. Y hay puente. Y es un alivio. Oh sí.
Nos vemos por aquí el domingo tempranito. Esta muñequita se cambia de aparador.
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Reflexiones,
viajes
24.10.07
On the other side
¿Existe el amor a perpetuidad? ¿El alma gemela? Quizá tan sólo nos conformamos con elegir al "menos peor" de una lista de posibles candidatos que nos quedaban a la mano.
¿Qué hay del otro lado? Quizá sea cierto que el pasto más verde siempre sea el del vecino. En medio de conferencias y obras sobre la migración, en un estado migrante por excelencia, ¿quién no desea cambiar un desierto por la promesa de una vida mejor?
Yo no sé que me espera del otro lado, en el mítico fin del mundo. Pero anoche no me quería ir a dormir, soñaba, claro, con un mejor futuro, con la perspectiva de ojos distintos. Pero estoy de este lado. En la vida conocida.
¿Acaso no hay nadie más que quiera irse al otro lado del mundo - lo malo que según google earth el lado opuesto de mi mundo es un pedazo inhabitable de mar - y ver que hay allá?
Anoche falleció el abuelo de una compañera de trabajo y yo me quedé perpleja: entre la alegría infinita que sentía y ver que el dolor, aunque intentemos compartirlo, tiene un carácter privado. Descubrí que no así la felicidad... es la única que se multiplica, que se extiende cubriéndote suavemente en una noche fría. Me fui a dormir deseando morirme: porque que sentido tenía despertar a un hoy, de este lado.
Quiero irme. Siempre.
¿Qué hay del otro lado? Quizá sea cierto que el pasto más verde siempre sea el del vecino. En medio de conferencias y obras sobre la migración, en un estado migrante por excelencia, ¿quién no desea cambiar un desierto por la promesa de una vida mejor?
Yo no sé que me espera del otro lado, en el mítico fin del mundo. Pero anoche no me quería ir a dormir, soñaba, claro, con un mejor futuro, con la perspectiva de ojos distintos. Pero estoy de este lado. En la vida conocida.
¿Acaso no hay nadie más que quiera irse al otro lado del mundo - lo malo que según google earth el lado opuesto de mi mundo es un pedazo inhabitable de mar - y ver que hay allá?
Anoche falleció el abuelo de una compañera de trabajo y yo me quedé perpleja: entre la alegría infinita que sentía y ver que el dolor, aunque intentemos compartirlo, tiene un carácter privado. Descubrí que no así la felicidad... es la única que se multiplica, que se extiende cubriéndote suavemente en una noche fría. Me fui a dormir deseando morirme: porque que sentido tenía despertar a un hoy, de este lado.
Quiero irme. Siempre.
2.5.07
Las cosas que no haces
Hay cosas que uno no hace y no habla de ello. Cuidado cuando alguien especifica abiertamente que no come alimentos enlatados o que consume únicamente atún fresco, seguramente le entra con singular alegría a las garnachas de la esquina y es un furtivo adorador de los hot-dogs post antro.
Cuando uno no hace algo, no se lo cuestiona, elimina del universo propio la actividad no deseada y planea el atisbo de vida propia al que tiene alcance en consecuencia. Ejemplo 1: no voy a misa los domingos. No me levanto cada domingo y me pongo a gritarle a la gente que vive en mi casa que no pienso ir a templo (ellos tampoco van), ni me cuestiono si estaré o no haciendo mal al n o ir, ni siquiera me siento mejor persona cuando paso enfrente de catedral y veo a todos salir muy perfumados de incienso y pedos de elote a los asistentes a la sagrada ceremonia de media tarde.
Ejemplo 2: Mi madre no ve los canales de deportes. No sabe que existen, no podría decirles el número en el que están, ni sus nombres. Los ignora y vive una vida buena y agradable. Es feliz a su manera y los comentaristas deportivos son felices porque hay una persona menos que los podría odiar ciegamente.
Ejemplo 2: Mi madre no ve los canales de deportes. No sabe que existen, no podría decirles el número en el que están, ni sus nombres. Los ignora y vive una vida buena y agradable. Es feliz a su manera y los comentaristas deportivos son felices porque hay una persona menos que los podría odiar ciegamente.
El punto es, cualquier persona en cierto punto de su vida decide darle la espalda a cierta parte de la realidad, y lo hace. Y no se lo cuestiona, ni lo divulga, sabe que su vida es mejor así y asume las benéficas consecuencias de su decisión teniendo una vida mejor. Yo no viajaba de noche en autobús.
Hasta ayer. Primero, llegué a la central a las 11:50 ya que el boleto decía “estar 15 minutos antes, salida 12:01”, tal vez yo hice mal, estuve sólo 12 minutos antes en lugar de los que se especificaban… corrí al anden y lo encontré desierto. De modo que muy preocupada me dirigí al mostrador donde una simpática pero altamente ineficiente señorita me informó que el camión venía de Aguascalientes y venía retrasado, pero que ella avisaría cuando llegara. Tomé asiendo ENFRENTE de ella y en un ángulo prudente que me permitiera ver la puerta. A las 12:08 vi pasar mi camión en friega suprema hacia la salida. Ahora sí con auténtica cara de espanto y frustración (y desvelo, y hambre, o sea en uno de mis peores looks) me dirigí a la interfecta y le cuestioné sobre el autobús que partía en ese momento para recibir un escueto “es el autobús de las 12:01” ante mi reclamo de porque no avisó me espetó que lo había anunciado a las 11:45. De alguna forma entre mi furia saqué la calma para explicarle que eso era imposible porque yo había llegado 5 minutos después y el ya tan llevado y traído autobús no había llegado, a lo que me dio el maravilloso consuelo de que también otros tres pasajeros se habían quedado, pero que no nos quedaba más que comprar boletos para la siguiente corrida con un 50% de descuento (ohhhh, afortunada que soy).
Después de adquirir mi sobrevaluado boleto (costo total: 195 + 390 = 585 y añado que sólo me dieron un sándwich y un refresco aunque traté de convencer a la señorita de que me diera dos botellas de agua por el sobreprecio) tomé mi asiento, sólo para comprobar que el infeliz que debía ocupar el asiento adyacente al mío tampoco fue avisado de la partida del bus (así que bueno… al menos tendría suficiente espacio para dormir a gusto). Con otros cuatro pasajeros de menos emprendimos el viaje, coloqué mi asiento en posición extraña (nunca logro bajarlos lo suficiente para que sean cómodos y quedo en un ángulo medio xodido), audífonos en las orejuelas y a dormir.
O eso creía. El aire estaba muy frío a pesar de que traía suéter, la tecnología ha dejado atrás la oscuridad anónima que brindaban los viejos autobuses polleros y ahora una omnipresente luz verde agua te va espantando cualquier somnolencia, encima de todo unos focos azules a la altura de tu cabeza (la cual para estas alturas ya sufre de tortícolis) te impiden abrir los ojos sin sufrir una especie de encandilamiento semejante al que (me imagino) tienen las ratas de laboratorio… más la orquesta de ronquidos, más el olor a pies del de más allá que se quitó los zapatos, más el olor del baño. Y uno, con el ojo pelón, cual lechuza vigilándole el sueño al proletariado. Y entonces lo recuerdas, y sabes, que no viajas de noche en bus. Y que en el futuro, no importa que, debes evitarlo.
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