27.2.12
La felicidad ajena como mecanismo de defensa
No creo en el destino por que me parece un concepto demasiado hermoso como para ser real. Si existiera, que feliz sería yo de pensar que todo está planificado y que es inamovible. Sólo que no lo es. Todo cambia. En febrero de 1993 terminé mi infancia, en el de 1994 a mi abuela, en 1997 a mi abuelo, en el 2011 le detectaron cáncer a mi mamá.
Lo que yo no me había dado cuenta, y eso les demuestra lo hipócrita que soy, es que todas estas cosas han sido meros cambios. Yo que siempre he sostenido que el mundo no es bicolor y que los hechos no son ni blancos ni negros, me encontré a mi misma odiando un mes tan sólo porque casualmente en él he enfrentado el mayor porcentaje de cambios y cambios inesperados, además.
Si tan sólo yo pudiera, delinearía cada día de mi vida de aquí hasta mi muerte, con hechos programados por hora, minuto y segundo, la rutina (que tanto amo) y las variaciones introducidas sin la amenaza de la espontaneidad. Los espontáneos: los envidio y admiro en secreto, pero me aterra tanto su emoción descontrolada, sus carcajadas abiertas, sus ojos desorbitados de alegría. ¡Oh! ¡Cómo detesto su euforia futbolera! ¡Su pasión por la aventura sin planificar!
En una ocasión me vi arrastrada a la Huasteca Potosina sin un itinerario, reservaciones o idea de qué íbamos a ver. Sufrí estóicamente cada minuto del viaje para regresar increíblemente feliz. Ah, sí. Les dije que era hipócrita.
No es que no disfrute el cambio. Es que me da miedo no tener el control. Y, ¿todo esto que tiene que ver con el título del post? Pues que el mecanismo de defensa que he encontrado contra mi temor a lo desconocido es ver a la gente feliz. La felicidad ajena como mecanismo de evasión del temor propio, porque si ellos son felices, quizá la incertidumbre y el miedo y lo desconocido no es tan peor. Quizá los cambios no son malos, quizá las cancelaciones de última hora que privan en las vidas de los demás también, no son razón para tirarse por un acantilado. Porque quizá la felicidad está en el caos.
Claro que en el fondo es sólo un paliativo y luego me imagino que en realidad no pueden ser felices o no tan felices. Pero el consuelo uno lo toma de donde puede.
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En otras noticias leí en twitter que la gente soltera es aquella que toma el matrimonio demasiado enserio.
No creo que mintieran. La cita era de no sé que autor de renombre pero lo olvidé.
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El caso es que ser feliz es cuestión de aprender a decir "no me importa no saber el futuro", pero aquellos a quienes nos angustia, nos consolamos en la felicidad del vecino.
2.2.12
El amor, las bacterias y febrero
Mi familia, no cree en el amor a perpetuidad. Ni en las bacterias. Sabemos que existen, que se han dado casos, respetamos la evidencia científica y las muestras inequívocas de su existencia y nos mostramos unos a los otros las tortillas enmohecidas como diciendo "mira, mira, un milagro". El yogur y sus búlgaros nos merecen el respeto que a otros la aparición de un santo en una rebanada de pan, y el queso es por toda consecuencia digno de alto respeto, estima y casi devoción.
El amor también, pero diferente. Desconfiamos de él. Nos parece un artificio que nos juegan nuestra mente. Nos gusta ver a las parejas felices y comentamos sobre ellos en voz baja cuando los vemos pasar por las calles: "mira, se ven tan... enamorados", y nos reímos para nosotros mismos.
En mi familia cuando alguno de nosotros se enamora, el resto de los parientes actúa en un plan emergente. Nos llevan a ver películas de terror, nos cuentan de rupturas dolorosísimas. Retiran el pop, la música clásica y todas las canciones de amor. Nos ponen el noticiero por las noches, tratan de decirnos "mira, el mundo es un lugar miserable e injusto". Se corre la voz hacia las tías más viejas, te llaman por teléfono para contarte todas las tristes historias de amor del mundo, te advierten sobre los peligros inminentes, reales, imaginarios y se inventan otros en el camino. Elevan su voz con amenazas de lágrimas y nubarrones. El enamorado, no puede hacer otra cosa que agacharse bajo las mantas, evitar contestar las llamadas, pero el mal está hecho. Nuestra desconfianza en el amor es genética. Científicos alemanes han descubierto que hay un par de cromosomas en nuestra familia que nos impiden creer, disfrutar, llenarnos el corazón de chocolate. Cuando el enamorado es correspondido, la familia se reúne en un cónclave de tres días.
Se expone la evidencia, se hacen los cuestionamientos pertinentes. Como canción de José Luis Perales se demandan respuestas precisas a obviedades sin sentido. Si se pasa este periodo de manera satisfactoria, se esgrimen amenezas veladas. La primera de todas era lanzada por mi abuelo: "pero fíjense bien, porque luego le andan convidando a uno de sus problemas".
En mi familia no creemos en "convidar los problemas" a la demás familia. Y febrero nos da miedo. Nos recuerda que existe ese algo en que no podemos ya creer, y nos recuerda nuestras pérdidas. Preferimos hablar entonces de las bacterias, leemos artículos científicos y nos alegra que puedan acabar con los derrames petroleros. Luego en San Valentín nos regalamos yogures de sabores, y celebramos con los demás, haciéndoles creer que nosotros, también creemos.
3.8.11
Sueño
20.7.11
Apología de la Internet
9.12.10
Es esa época del año otra vez
5.11.10
¡Oh RAE! Nos has traicionado
2.11.10
De la canción dolorida de noviembre, la plastudez emocional y las segundas partes
Bueno, no se estaba matando, sino engañándose a sí mismo, que si nos ponemos literales es también una forma de suicidio, aunque más estúpida.
En cualquier caso la canción dolorida de noviembre es "The Shame" de Alex Cornish. Más triste que los hits poperos de los noventa y con dos rayitas más de dignidad que la de Lady Antebellum. Sí, le dice que ella le romipió el corazón, pero parece mantener la falsa compostura de los que meramente limitan su dolor a informar al otro, en lugar de tragárselo como las reglas victorianas del decoro lo demandan.
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Parientes del lado materno vinieron de visita. Me complace informar al público conocedor que esta plastudez emocional que me ha caracterizado y que me impide ser tan ñoña como podría serlo (y vaya que lo soy), es hereditaria, de carácter genético ineludible y que una vez puestos unos frente a otros después de años de no vernos, sólo atinamos a decir "ah, sí, claro".
Las situaciones emocionales de efusividad extrema, saltitos de alegría y abrazos con apretón escapan a nuestra gama emocional. Sí, yo soy más propensa a soltar "te quiero's" fuera de contexto o a conmoverme profundamente porque alguien exista, pero en mi familia soy una especie de histérica sentimental que no controla sus exaprubtos emocionales.
En mi familia decir "¿Dónde coloco mi maleta?" es el equivalente humano para "me da mucho gusto verte y te he echado bastante de menos". La tía que nos visitó esta semana es justo el extremo opuesto a lo que sea que yo represente como variante de sentimentalidad. La vi y le espeté un "te quiero mucho tía" y me miró aterrorizada al tiempo que me preguntó si le podía hablar a mi mamá.
Cualquiera que no nos conozca pensaría que es una mujer fría y dura... pero no, de todas mis tías es de las más amables. Lo que pasa es que decirle "te quiero" a alguien, entregarnos a la emoción del momento es sumamente difícil.
Un día me emocioné de ver a alguien a quien estimo mucho y la reacción de dejar que la emoción creciera en mí fue que empecé a llorar. De modo que la forma más lógica de enfrentar las emociones abrumadoras es la frialdad extrema.
Ahora lo saben.
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Mientras buscaba la canción de Alex Cornish me topé con el slogan de "Private Practice" que reza: "a new start in life".
En mi humilde opinión en la vida no ha nuevos comienzos, ni segundas partes. No podemos dejar de ser quienes somos. Habremos cambiado, crecido, madurado, o nos habremos vueltos más ineptos emocionalmente, pero la vida es una y no hay segundas partes.
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Me gusta el día de muertos, sigue siendo mi festividad favorita después de mi cumpleaños... pero considerando que la humanidad se niega a suspender labores ese día me queda el consuelo de las flores de cempazúchitl y el pan de muerto.
Me gusta porque es un día para celebrar que vamos a morir. La muerte que sale con nosotros desde el vientre materno y que nos acompaña a todos lados. Esa muerte a la que no se debe temer, sino aprender a convivir con su idea. Mi muerte no me asusta. Creo que en realidad a pocas personas les debería dar miedo morir, no siento que mi vida o la falta de esta cambiarían el mundo para nadie, ni siquiera para mí misma puesto que soy y seré eterna: no recuerdo haber existido antes de mí y sé que despues de mí, no existiré más. Mi eternidad se basa en lo limitado de mi percepción del mundo.
Me preocupan las muertes de los demás... y como el ser egoísta e imperfecto que soy no quiero que la gente se muera antes que yo.
Ya lo dijo Till Lidenmann mejor que yo: "stirb nich vor mir".
No me asusta mi muerte, pero no quiero preparar altares a muertos que tenga que llamar míos.
8.10.10
La verdad no importa
9.9.10
Before we both hang on the phone
5.9.10
Estereotipos de hoy y siempre
6.8.10
El dios Shuffle dice:
Tengo esta nota originalmente publicada en el FB. Pero me encantan los memes musicales, y el shuffle y soy muy feliz escuchando mi música y es mi blog y es mi fiesta y yo lloro si quiero, lloro si quiero, lloro si quiero...
-¿Cómo te sientes hoy?
River of Breaklights - Julian Casablancas. (Protect me from what I want)
- ¿Cuál es tu perspectiva de la vida?
- ¿Qué piensa tu familia de ti?
Spiderwebs - No Doubt (I gotta screen my phonecalls)
- ¿Qué piensan tus amigos de ti?
A wolf at the door (It girl. Rag doll) - Radiohead (una de mis canciones preferidas de Radiocabeza: take it with the love it's given... )
- ¿Qué piensa la gente que no te conoce de ti?
Being Boring - Pet Shop Boys (no los culpo, hasta yo me resultaría aburrida desde afuera, por fortuna, vivo en mi cabeza).
- ¿Qué piensa de ti la gente que quiere estar contigo?
The Penalty - Beirut (like an ancient day, and I'm on trial...)
- ¿Cómo ha sido tu vida amorosa hasta ahora?
Civil War - Guns N' Roses (Sic).
- ¿Cómo sera en el futuro?
Cristales de Bohemia - Joaquín Sabina (los condenados pagan cara su redención).
-¿Te casarás?
Boulevard of Broken Dreams - Green Day (I walk alone, I walk alone, I walk alone: pero yo sí me quiero casar, como Rocío Durcal, vestida de blanco... oh Dios Shuffle, eres cruel y despiadado).
- ¿Tendrás hijos?
Soy Feliz - Vicentico (sí, está en mi repertorio musical, y qué... ¡miren! ahí, ¡detrás de ustedes!)
- ¿Eres bueno en la escuela?
Life in a Glass House - Radiohead (para estas y otras respuestas absurdamente contradictorias siga leyendo este pseudo post, pero también es de mis canciones predilectas: well of course to sit around and chat, but someone is listening).
-¿Serás exitoso?
Only - NIN (Less concerned, about fitting into the world)
-Canción para cumpleaños:
Chica Banda - Café Tacuba (pelos pintados, sexy botas negras, y es de las morras de la secu 23).
-Cancion para tu funeral
Dornröschen - Peter Ilych Tchaikowsky (será un funeral muy refinado: serviremos canapés de foie gras, beberemos champagne y vestiremos de acuerdo a una estricta etiqueta victoriana).
-La Canción sobre tu vida:
Trip on love - Abra More (bien ñoña, a huevo: when I kiss someone, I like it tragic, if I feel too much, I start to panic).
-¿Tu mejor amigo y tú son?
Stay (far away so close) - U2 (a vampire or a victim: it depends on who's around).
-Para los tiempos felices...
Yellow Ledbetter - Pearl Jam (sic).
-Para los tiempos tristes...
Cry Baby - Janis Joplin (LOL).
-Para todos los dias...
My tiger, my heart - The Boy Least Likely To (as sweet as a plum, and lovely as dawn, rolling it's tongue over it's gum... my tiger and me, as happy as could be).
-Para mañana...
Lights - Interpol (muy adecuado, en vista de que el disco sale el 7 de septiembre: teach me to meet my desires with some grace).
4.8.10
Ay dolor, ya me volviste a dar
31.7.10
Covers
El amor es como una canción. No, no, no, no crean que ya me transformé y ahora pertenezco al lado dulce y lleno de mariposas y conejitos que la mayoría de ustedes habita. Es un mundo que admiro, en el que disfruto mis visitas, pero en el que simplemente no puedo vivir. Lo mío, lo mío, es la decadencia: estar tirada en un sofá, con las luces apagadas escuchando música; lo sé porque como les decía antes el amor es una especie de melodía que te hace ameno el momento.
Más que ameno: te cambia las emociones, te transforma, te hace sentir invencible y miserable al mismo tiempo, te llena de fuerzas y te quita todas las ganas de vivir si lo pierdes. El resto del tiempo, cuando no amas a alguien, funcionas en un mundo átono. Los árboles que hay camino a tu casa son los mismos, y los pajaritos también revolotean y la gente sonríe, es sólo que tú no te das cuenta porque vas por la vida en modo funcional y no en “stereo surround” o “Dolby”.
El amor establece los parámetros de tu día: si la noche anterior fue buena, escucharás el trinar de los susodichos pájaros, el ruido que hace el agua al caer mientras atraviesas el parque a primera hora y los jardineros lo riegan, escuchas risas entre la gente a tu alrededor. Si, por el contrario, la noche anterior fue aterradora, no dormiste, temes perder al objeto de tu afecto, escuchas el atronador ruido del tráfico, las groserías que se dice la gente a tu alrededor, los comentarios soeces de los jardineros mientras atraviesas el parque a primera hora. El amor tiene un ritmo, una cadencia y despierta emociones específicas en ti haciéndote sentir más vivo: como una canción.
Y he aquí, que el amor además es una canción versionada. Todos tus amores son el “cover” del primero. Del primer amor, esto es. No de la primera vez, no del primer beso o del primer novio, sino de la primera vez que alguien te miró a los ojos y te sentiste imposibilitada a sostenerle la mirada porque descubriste que lo amabas demasiado. De la primera vez que alguien te dijo te quiero y saliste a la ventana de tu departamento en el último piso y gritaste a la calle: “me quiere y yo también lo quiero”. De la primera vez que dijiste “te amo” y entendiste que “amar” era un verbo devastador. De la primera vez que proclamaste ante tus amigas que entre Brad Pitt e ______, tú preferías a _______. De la primera vez que te preguntó que opinabas de lo que te acababa de contar y no supiste que responder porque estabas enlelada contándole las pestañas. El primer amor marca ritmos, cadencias y temas que no podrás olvidar jamás.
Hay más amores después del primer amor. Y no necesariamente el primer amor es la mejor versión de todas: quizá eras demasiado imbécil como para conservarlo y te la pasaste haciendo dramas innecesarios, o no fuiste correspondido, o fue lo máximo pero el amor de tu vida resultó ser alguien más. A final de cuentas yo pienso justamente eso: si la persona que amas no está contigo, quizá no sea el amor de tu vida. Espero que en mi vejez no les esté escribiendo un post diciéndoles “pues si, el amor de mi vida fue fulano y no me quedé con él” porque a pesar de todo, yo aún creo que el amor puede sorprenderme. Sí, ya sé, el mundo de los conejitos. Regreso a mi exilio, ustedes disculpen.
A lo que voy, es que el primer amor establece las pautas, lo quieras o no, de tus futuras relaciones y se convierte en la suerte de tabla rasa ante la cual todos serán medidos: unos salen favorecidos y a otros les das las gracias en veinte minutos. Perderlo, pero realmente perderlo (nada de “cortamos pero lo sigo viendo todos los días”), cuando aún lo quieres es una de las peores experiencias que he vivido. Recuerdo todavía el día en que mi roomate me encontró rodeada de pañuelos desechables y los ojos hinchadísimos de tanto llorar: “lo peor, Rumicienta, lo peor de todo es que aunque sientas que te mueres, no te mueres”. Me sirvió un tequila y nos pusimos a cantar canciones de Joaquín Sabina. No me morí.
Al primer amor, al primer, primer, primer hombre que amas, le deseas todo, pero sobre todo: la felicidad. Y jamás vuelves a querer a alguien igual. Hay amores diferentes: más maduros, menos apasionados, más egoístas y mejor pensados. Al menos, eso es lo que a mí me pasó. Y te enamoras otra vez, y sientes de nuevo que hay música, y sabes cuales acordes te podrán entristecer y los evitas y descubres acordes nuevos y exploras ritmos distintos, tesituras de voz, modulaciones y agregas bemoles y sostenidos. A veces, la melodía resultante es completamente distinta de aquella experiencia primera: y lo agradeces, aún si es por ese primer amor que aprendiste que hay un mundo de conejitos y mariposas. Y por eso este post ha quedado tan terriblemente cursi y salpicado de miel, porque mi primer amor fue maravilloso, fue fantástico, triste, alegre, inverosímil e inolvidable, como todos los primeros amores.