El 20 de octubre me di cuenta de que seguía con la canción dolorida de septiembre (No encuentro un momento pa' olvidar - Miguel Bosé) y puse Sprawl I de Arcade Fire. La de noviembre la encontré por casualidad el fin de semana mientras limpiaba mi recámara poniendo de fondo la programación nauseabudamente femenina del canal Sony. Me llamó la atención una canción que yo creí decía "I'm killing myself as I'm standing here in the pouring rain", la idea de un suicida al que le llueve hasta en el intento de suicidio me pareció loable de modo que busqué la canción.
Bueno, no se estaba matando, sino engañándose a sí mismo, que si nos ponemos literales es también una forma de suicidio, aunque más estúpida.
En cualquier caso la canción dolorida de noviembre es "The Shame" de Alex Cornish. Más triste que los hits poperos de los noventa y con dos rayitas más de dignidad que la de Lady Antebellum. Sí, le dice que ella le romipió el corazón, pero parece mantener la falsa compostura de los que meramente limitan su dolor a informar al otro, en lugar de tragárselo como las reglas victorianas del decoro lo demandan.
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Parientes del lado materno vinieron de visita. Me complace informar al público conocedor que esta plastudez emocional que me ha caracterizado y que me impide ser tan ñoña como podría serlo (y vaya que lo soy), es hereditaria, de carácter genético ineludible y que una vez puestos unos frente a otros después de años de no vernos, sólo atinamos a decir "ah, sí, claro".
Las situaciones emocionales de efusividad extrema, saltitos de alegría y abrazos con apretón escapan a nuestra gama emocional. Sí, yo soy más propensa a soltar "te quiero's" fuera de contexto o a conmoverme profundamente porque alguien exista, pero en mi familia soy una especie de histérica sentimental que no controla sus exaprubtos emocionales.
En mi familia decir "¿Dónde coloco mi maleta?" es el equivalente humano para "me da mucho gusto verte y te he echado bastante de menos". La tía que nos visitó esta semana es justo el extremo opuesto a lo que sea que yo represente como variante de sentimentalidad. La vi y le espeté un "te quiero mucho tía" y me miró aterrorizada al tiempo que me preguntó si le podía hablar a mi mamá.
Cualquiera que no nos conozca pensaría que es una mujer fría y dura... pero no, de todas mis tías es de las más amables. Lo que pasa es que decirle "te quiero" a alguien, entregarnos a la emoción del momento es sumamente difícil.
Un día me emocioné de ver a alguien a quien estimo mucho y la reacción de dejar que la emoción creciera en mí fue que empecé a llorar. De modo que la forma más lógica de enfrentar las emociones abrumadoras es la frialdad extrema.
Ahora lo saben.
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Mientras buscaba la canción de Alex Cornish me topé con el slogan de "Private Practice" que reza: "a new start in life".
En mi humilde opinión en la vida no ha nuevos comienzos, ni segundas partes. No podemos dejar de ser quienes somos. Habremos cambiado, crecido, madurado, o nos habremos vueltos más ineptos emocionalmente, pero la vida es una y no hay segundas partes.
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Me gusta el día de muertos, sigue siendo mi festividad favorita después de mi cumpleaños... pero considerando que la humanidad se niega a suspender labores ese día me queda el consuelo de las flores de cempazúchitl y el pan de muerto.
Me gusta porque es un día para celebrar que vamos a morir. La muerte que sale con nosotros desde el vientre materno y que nos acompaña a todos lados. Esa muerte a la que no se debe temer, sino aprender a convivir con su idea. Mi muerte no me asusta. Creo que en realidad a pocas personas les debería dar miedo morir, no siento que mi vida o la falta de esta cambiarían el mundo para nadie, ni siquiera para mí misma puesto que soy y seré eterna: no recuerdo haber existido antes de mí y sé que despues de mí, no existiré más. Mi eternidad se basa en lo limitado de mi percepción del mundo.
Me preocupan las muertes de los demás... y como el ser egoísta e imperfecto que soy no quiero que la gente se muera antes que yo.
Ya lo dijo Till Lidenmann mejor que yo: "stirb nich vor mir".
No me asusta mi muerte, pero no quiero preparar altares a muertos que tenga que llamar míos.
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