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3.12.10

De la canción dolorida de diciembre, el tumblr, el twitter y las endorfinas

Ayer entré al blog porque pensaba escribir una entrada y así publicar un post cada día de diciembre. Bueno... no lo logré.

No hay canción dolorida de diciembre, al menos hasta hoy. La explicación es simple: no he tenido tiempo de buscarla y después de lo tristes que estuvieron Sprawl y The Shame, el reto es mayúsculo, pensé en recurrir a San Thom Yorke (alabado sea su nombre) o a Placebo... pero genuinamente he andado como judía errante y hoy que tengo tiempo estoy escuchando el Soundtrack de Scott Pilgrim vs. The World.

En el tumblr re-bloggué (que verbo tan horrible, pero sinceramente la RAE no tiene derecho a reclamar nada) una imagen que ejemplifica mi funcionamiento cerebral.

Las reacciones en el público relevante no fueron positivas.

En mi defensa: sí, seguramente hay formas más simples de llegar de A a B, pero... ¿qué maldito encanto puede tener una línea recta?

Ya casi no he entrado al twitter, las actualizaciones son casi de todo lo que pongo en tumblr, pero de repente ya no tengo mucho tiempo para estarlo revisando, saber de que hablan y si llego a tener tiempo la actualización relevante es "estoy viendo tele" o "tengo sueño".

En la mañana iba a twittear sobre lo que soñé, pero el sueño era complicadísimo (como en la imagen), y luego se me hizo tarde y total.

Soñé que tenía que comprar un obsequio para una compañera de trabajo, como ya era tarde, entré a la única tienda de regalos abierta: era la tienda de la esposa de mi papá (lean entre línas y entiendan que mi mamá y mi papá no están casados entre ellos), la señora me atendía a la mar de amable (uno de los miedos de mi infancia era que la señora me fuera a agredir en la calle, porque ... digamos que sí lo hizo alguna vez), lo cual me aterraba profundamente, y yo veía que todo lo que había en la tienda era horrible o estaba roto, o sucio y como ella era amable yo tenía la impresión de que forzosamente tenía que comprar algo así, además de que ya era tarde y yo no tenía regalo aún.

Me desperté consternada.

Y me fui a nadar. Mi maestra no fue: mi maestro anterior me dio la clase.

- Mil metros de afloje.
- ¿Mil metros?
- Mil.
- ¿Mil metros?
- Mil: quinientos de crawl y quinientos estilo libre.

Y la doñita pegona estaba en el carril, y un bato que nada rapidísimo. Mil de alfoje, 600 de técnica y 900 combinados. Más 100 metros para descansar.

Sic.

Así que estuve contenta gran parte del día. Lo mío, lo mío: es el sobre-ejercicio.

Y ya. Uno no ocupa twitter cuando tiene un blog propio para hablar de vanalidades sin sentido, y extenderse largamente sobre ellas. Fíjensen.

Bueno, twittearé más y trataré de controlar mis endorfinas, porque me ponen contenta y de buenas, y es horrible para mi autoestima, por eso, llegaré a leer Cumbres Borrascosas y a escuchar música depresiva. Quizá el fin de semana tengamos canción dolorida de diciembre. Quizá.


2.11.10

De la canción dolorida de noviembre, la plastudez emocional y las segundas partes

El 20 de octubre me di cuenta de que seguía con la canción dolorida de septiembre (No encuentro un momento pa' olvidar - Miguel Bosé) y puse Sprawl I de Arcade Fire. La de noviembre la encontré por casualidad el fin de semana mientras limpiaba mi recámara poniendo de fondo la programación nauseabudamente femenina del canal Sony. Me llamó la atención una canción que yo creí decía "I'm killing myself as I'm standing here in the pouring rain", la idea de un suicida al que le llueve hasta en el intento de suicidio me pareció loable de modo que busqué la canción.

Bueno, no se estaba matando, sino engañándose a sí mismo, que si nos ponemos literales es también una forma de suicidio, aunque más estúpida.

En cualquier caso la canción dolorida de noviembre es "The Shame" de Alex Cornish. Más triste que los hits poperos de los noventa y con dos rayitas más de dignidad que la de Lady Antebellum. Sí, le dice que ella le romipió el corazón, pero parece mantener la falsa compostura de los que meramente limitan su dolor a informar al otro, en lugar de tragárselo como las reglas victorianas del decoro lo demandan.

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Parientes del lado materno vinieron de visita. Me complace informar al público conocedor que esta plastudez emocional que me ha caracterizado y que me impide ser tan ñoña como podría serlo (y vaya que lo soy), es hereditaria, de carácter genético ineludible y que una vez puestos unos frente a otros después de años de no vernos, sólo atinamos a decir "ah, sí, claro".

Las situaciones emocionales de efusividad extrema, saltitos de alegría y abrazos con apretón escapan a nuestra gama emocional. Sí, yo soy más propensa a soltar "te quiero's" fuera de contexto o a conmoverme profundamente porque alguien exista, pero en mi familia soy una especie de histérica sentimental que no controla sus exaprubtos emocionales.

En mi familia decir "¿Dónde coloco mi maleta?" es el equivalente humano para "me da mucho gusto verte y te he echado bastante de menos". La tía que nos visitó esta semana es justo el extremo opuesto a lo que sea que yo represente como variante de sentimentalidad. La vi y le espeté un "te quiero mucho tía" y me miró aterrorizada al tiempo que me preguntó si le podía hablar a mi mamá.

Cualquiera que no nos conozca pensaría que es una mujer fría y dura... pero no, de todas mis tías es de las más amables. Lo que pasa es que decirle "te quiero" a alguien, entregarnos a la emoción del momento es sumamente difícil.

Un día me emocioné de ver a alguien a quien estimo mucho y la reacción de dejar que la emoción creciera en mí fue que empecé a llorar. De modo que la forma más lógica de enfrentar las emociones abrumadoras es la frialdad extrema.

Ahora lo saben.

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Mientras buscaba la canción de Alex Cornish me topé con el slogan de "Private Practice" que reza: "a new start in life".

En mi humilde opinión en la vida no ha nuevos comienzos, ni segundas partes. No podemos dejar de ser quienes somos. Habremos cambiado, crecido, madurado, o nos habremos vueltos más ineptos emocionalmente, pero la vida es una y no hay segundas partes.

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Me gusta el día de muertos, sigue siendo mi festividad favorita después de mi cumpleaños... pero considerando que la humanidad se niega a suspender labores ese día me queda el consuelo de las flores de cempazúchitl y el pan de muerto.

Me gusta porque es un día para celebrar que vamos a morir. La muerte que sale con nosotros desde el vientre materno y que nos acompaña a todos lados. Esa muerte a la que no se debe temer, sino aprender a convivir con su idea. Mi muerte no me asusta. Creo que en realidad a pocas personas les debería dar miedo morir, no siento que mi vida o la falta de esta cambiarían el mundo para nadie, ni siquiera para mí misma puesto que soy y seré eterna: no recuerdo haber existido antes de mí y sé que despues de mí, no existiré más. Mi eternidad se basa en lo limitado de mi percepción del mundo.

Me preocupan las muertes de los demás... y como el ser egoísta e imperfecto que soy no quiero que la gente se muera antes que yo.

Ya lo dijo Till Lidenmann mejor que yo: "stirb nich vor mir".

No me asusta mi muerte, pero no quiero preparar altares a muertos que tenga que llamar míos.

13.10.10

De cómo un día tuve razones legítimas para levantar el puño en el aire y maldecir al cielo

Es altamente probable que el fin de semana tenga que dejar a alguien en el aeropuerto, mientras yo felizmente abordo el avión correspondiente y llego a mi destino. No es que yo quiera dejar a nadie en el aeropuerto, pero las aerolíneas no entienden de estas cosas.

Así que, para mi consuelo, me aseguraron que algo encontrarían que hacer durante la espera retrospectiva para abordar el avión correspondiente (a la otra persona, no al mío, recuerden que yo ya me trepé en la aeronave designada para mi transporte) y que si no lo encontraba levantaría el puño y maldeciría al cielo. Lo cual me pareció no solamente apropiado, sino loable.

Exclamé entusiasmada: ¡yo quiero levantar en lo alto el puño y maldecir al cielo! Lamentándome enseguida de como jamás había tenido la oportunidad de hacerlo. Se planteó entonces, que el momento perfecto para hacerlo es cuando se cierra la escotilla del avión y comienza la secuencia de despegue.

Lo que me hizo recordar que yo sí tuve mi momento para levantar el puño en el aire y maldecir al cielo.

Perdí mi tren, y me quedé varada en medio de un país desconocido. ¿Pero qué hice? ¿Levanté el puño en el aire y maldije al cielo? No señores. No. Lloré como una mariquita sin calzones. SIN calzones, señores. Me asusté, me puse roja, corrí detrás del tren, alcancé a golpear el lado de la máquina mientras todas mis esperanzas, sueños e ilusiones se iban en él. Ok, no. Pero sí lloré, y con mis tres centavos de dignidad maltrecha tuve que ir a la taquilla y comprar otro boleto.

Luego resultó que era muy común perder trenes, que la gente los perdía todo el tiempo, así que sólo tenías que pagar una fracción del boleto y te podías trepar en el siguiente tren que salía en 10 minutos.

Con la edad, uno aprende, que la dignidad no se pierde en estos tiempos modernos por la libertad, el amor, la justicia social o la defensa de los inocentes. La dignidad uno termina perdiéndola por la menor de las tonterías. En el momento en que uno debería tomar una actitud de derrota que desafía al destino, uno llora, se asusta, se queja porque se cortó el dedo con una hoja de máquina.

Pero, júzgenme. Yo sé, que hay un mosquito que les molestará el sueño, una hoja de papel que les causará una herida, un día en que perderán el tren, se les caerá el celular en el agua, derramarán leche sobre sus documentos, y no levantarán el puño. Porque estamos acostumbrados a la tragedia idiota, a la desgracia de tres pesos, al vacío existencial del SITCOM.

Besitos fonkis.

24.7.10

Vacaciones 1/7

El primer día de vacaciones, hasta la hora, ha sido bueno. Ayer salí con una depresión que tenía la forma de la inmensa nube negra amenazante de lluvia, mi mamá me acompañó a comer fuera y luego recordamos que... horror de los horrores... ¡teníamos cita en el centro de tratamiento facial de moda del pueblo! (es muy difícil escribir sin incluir comerciales, por favor sean comprensivos). Total, que mi madre y yo llegamos y ella pasó y la atendieron y salió y nos subimos al carro y yo pensé que al fin y al cabo eran vacaciones y tenía tiempo y nunca tenía tiempo y y que trabajaba muy duro y que pronto no tendría trabajo y que todavía t-o-d-a-v-í-a me podía dar esos pequeños lujos, y que las arañas de ocho patas y me regresé y les pregunté si tenían lugar para un peeling-limipieza-hidratación-profunda-relajante-de-cuarenta-y-tres-minutos. Me dijeron que sí.

Así como el infiero seguramente está lleno de peluqueros, el cielo debe estar lleno de gente que te hace faciales. Yo odio ir al salón de belleza, me aterroriza no saber que responderle al que me corta el cabello, siempre, siempre, siempre me dice que tengo las puntas resecas, y casi le da el colapso desmayísitico cuando le confirmo sus peores temores: nado en cloro una hora tres veces por semana y nunca de los nuncas me plancho el cabello. No sé que les aterroriza más: si el hecho de que uno lave su cabello diario o el que uno no lo queme deliberadamente. El caso es que termino sintiéndome pésimamente mal, bajando la mirada y con un corte que rara vez me gusta. Los centros de tratamiento dermatológico son todo lo contrario. Nada le da más placer a una dermatóloga que descubrirte una peca, un punto negro o cualquier otro tipo de imperfección. Te ofrecen café y galletitas (para deshidratarte la piel y llenarla de grasa, obvio) mientras esperas, las "cosmetólogas" (dícese de la empleada de bata blanca que hace el trabajo sucio) te tratan como si pertenecieras a una especie de culto secreto y hablan de las últimas novedades cosmetológicas con la familiaridad con la que dos oncólogos discuten tumores cancerígenos en una convención médica. Las salas para el tratamiento son siempre minimalistas, de colores claros, con plantas y fuentes "zen" que te relajan mientras te ponen de fondo el sonido de las olas del mar.

Nada más reconfortante que pasar cuarenta y cinco minutos recibiendo un masaje facial sin que nadie te diga nada. Las cremas huelen excepcionalmente bien, y de pronto, ahí, acostada escuchando un mar mp3, sentí que mi frustración, mi tristeza, mi decepción ante injusticias que no está en mi mano remediar se disipaba. Benditas las cosmetólogas, porque de ellas es el spa de los cielos.

Mi madre tiene planes diferidos para las vacaciones: ella quiere pasear, ver museos, alejarse del mundanal ruido y nada mejor para hacerlo que México-Distrito-Federal. Aparentemente nos vamos mañana, yo lo agradezco un poco, y sueño con entrar a la librería El Sótano enfrente de Bellas Artes y a medio día comer una ensalada ahí mismo, con las tiendas de telas y estambres que están detrás de Liverpool y Palacio de Hierro en el centro histórico, porque quiero tejerme una bufanda gris en punto tunesino para este invierno.

Al rato ofreceremos la pijamada que celebrará el final de mi tercera década y el comienzo de la cuarta para Maléfica (yo cumplo 30, y ella 31). La Santa Patrona que oferció venir desde Saltillo al parecer no viene, no llegó, se perdió en el camino (seguro huyó con algún alemán). Pero bueno, estamos los que estamos y yo tengo terror de que la música va a resultar aburrida, que no me he planchado el cabello, que mi pijama de cuadritos no combina con mi playera de Arctic Monkeys, o de Radiohead o que mejor debería llevarme la de NIN, pero el tema es británico y Trent Reznor no pertenece al imperio, ni modo.

Ya tengo globos.

9.7.10

La fiesta de cumpleaños

El domingo pasado tuve la fabulosa idea de gastarme el remanente quincenal en fruslerías (si no aman la palabra "fruslerías" no tienen corazón), así que para este fin de semana que es mi cumpleaños no tengo un sólo peso. Un sólo peso. Bueno, miento, tengo $170.00 pesos y pocas ganas de celebrar.

Pero camino de la alberca a mi casa hoy, pensé en que sí quiero una fiesta. Si a los 15 años, que uno entra en la edad de las ilusiones te hacen fiesta, lo más lógico es que a los 30, que uno ya tuvo oportunidad de sopesar que las ilusiones tienen su contraparte de desilusión. Cuando era niña jamás imaginé que llegaría a los 30 soltera: yo me iba a casar a los 23, lo sabía y no tenía la menor duda de ello porque siempre que jugábamos a predecirnos el futuro en una suerte de cajito donde anotabamos la edad a la que nos íbamos a casar y en cada costado de la cajita 4 nombres de hombres, ciudades, profesiones y número de hijos para ir eliminando posibilidades yo siempre puse 23 y siempre, siempre, siempre me salió que me iba a ir de luna de miel a Europa.

A los 23 no me preocupaban los 30 porque ... bueno, por razones que no voy a explicar aquí. Y a los 29.9 los 30 me dan curiosidad. Una curiosidad que por supuesto, no va exenta de miedos. Lo curioso es que uno pensaría que el 15*2 es la despedida de la edad de las ilusiones y nada más lejos de mi realidad pajarera. Yo todavía sueño, cosas horribles: finales felices, paisajes que no conozco y alegrías inusitadas. Aún cuando mis treinta años me dicen "los buenos no ganan, las mentiras no se descubren y el amor no existe", yo sigo rezándole a Dios (con mayúsucla) cada noche, pidiéndole lo que ni a ustedes me atrevo a confesarles.

Así que pensé que sí quiero una fiesta de cumpleaños. Pero no tengo la menor idea de como hacerla. Por lo pronto el plan será ir a comer sushis y a sentirnos gente sofisticada mientras llega la hora de salir por unos tragos coquetos. Que es lo que indica la tradición de las comedias situacionales americanas a las que estamos tan acostumbrados.

Si por mi fuera, haría una selección musical de música para deprimirse gacho, compraría botellas de Jack Daniels y me encerraría en un cuarto oscuro a fumar, beber y meditar en la miseria de la vida. Claro que luego van a venir ustedes a objetar que eso no tiene nada de festivo y que las arañas de ocho patas. Luego pensé en hacer una fiesta de disfraces estilo "heavy metal", pero volvemos a lo mismo: ningún metalero que se respete se disfrazaría de nada, ni estaría dispuesto a convivir con nadie porque para ellos lo importante es el merol, las drogas duras y el sexo. Y todos mis amigos son unos ñoños.

Lo siento amigos, pero lo somos. Confieso que nadie de mis amigos usa drogas duras, y es más algunos ni fuman. ¿Así como?

Bueno, LA amiga no es ñoña, pero por eso ella se me quedaría viendo con cara de "¿qué demonios pretendes con una fiesta de cumpleaños si eso es taaaan absurdo?".

Sic.

Otra opción sería mejor tomar todo el dinero que pensaba invertir en una fiesta y gastármelo en bagatelas. Esperen... ya hice eso.

Bueno, no importa. Por lo pronto ese es el plan: sushis y tragos coquetos. El domingo me enfundaré en mi traje de plañidera y me quedaré dormida hasta muy tarde maldiciendo que el día siguiente a mi cumpleaños sea lunes. Porque, ¿eso qué?

Así que si se hace fiesta se pospone, además el otro fin es el HAY Festival y andaremos de fans irredentos detrás de los líderes de las letras nacionales y tendremos dinero para organizarla. Sobre todo esto último. Sic.

Maldita pobreza.

3.5.10

Mentiras y reafirmación del egoísmo

El fin de semana fue largo y corto. Fui a dos conciertos, salí de la ciudad, regresé el mismo día y vi una de las peores películas de la historia.

Primero asistí al concierto de los Doberman Blues, un grupo de Aguascalientes, en el Tribu, nunca había escuchado al grupo, pero me gustaron bastante. El sábado en la noche fue el concierto de Joaquín Sabina y nuevamente, por andar de buena onda, terminé OTRA vez en una situación surrealista. Al final terminé corriendo calle arriba dejando a algún imberbe botado en una cantina, de lo cual me enorgullezco porque recuperé tres centavos de dignidad ante mí misma.

El problema de las situaciones absurdas es que terminas en ella por tus propios méritos. Lo que me remite, a "Clerks" y la eterna queja de Dante con su "yo no debería estar aquí". En ese sentido, Dante es la "buena-ondez" personificada y para ir aclarando los puntos "ser buena onda" y "estúpido" es sinónimo a partir de este momento.

Uno jamás debe condescender ante los demás: ser fiel a lo que tú quieres y deseas te lleva a que en una situación de jodidez siempre puedes decir "psss sí, pero lo disfruté en el mientras tanto".

Luego redundando en esa misma estupidez fui al cine a ver la peor película de todos los tiempos: "Legion" (el título está en inglés, no olvidé el acento). Vomito tres veces sobre la tumba de los guionistas, de los actores, de los productores y de toda la gente involucrada en semejante bodrio. De todos. Y de sus madres. Si me quejé de la falta de construcción de los personajes en "Avatar" estos establecen toda una nueva categoría: es el fin del mundo, dios está harto de los humanos, le da una orden a (suponemos) el Arcángel Miguel y este lo desobedece. ¿Qué hace dios? Nada. Sigue con sus planes, porque psss pinche Miguel estúpido. O sea: no mamar. Es dios: en teoría podría hacerle caer un rayo a Miguel, cesarle de su existencia, pero no, se emberrincha, sigue con sus planes de destrucción apocalíptica y manda a Kirmi... err, digo al arcángel Gabriel a hacer su trabajo sucio. Sin embargo, por principio de cuentas, los ángeles no tienen libre albedrío (sí, ya sé, ustedes treintones que lloraron con "Un Ángel Enamorado", el ángel no pudo saltar a la tierra y vivir con la morra porque no tienen voluntad propia, no pueden desobedecer a dios), así que como es que Miguel decide dejar el bando de los "buenos" y no es enviado al infierno. Para terminarla de fregar la historia no se acaba: lo que pronostica secuelas. Secuelas que serán mil millones de veces peores.

Lo más triste de todo es que sólo hay una cosa que me da miedo en este mundo y es el apocalipsis. Yo sé que ustedes son seres muy maduros y que saben que ese libro es una alegoría posiblemente escrito bajo los influjos de la inspiración divina (aka drogas alucinógenas), y que era una advertencia que hacía Juan sobre lo que pasaría con los cristianos en Roma, etcétera. Quizá estudiar en colegios de monjas que no eran de monjas o tener una tía monja o haber leído la biblia desde muy niña me afectó. O fue la maligna influencia de Maciel en mi juventud a través de sus órdenes religiosas de tres pesos (bueno, de muchos más pesos). No sé. Pero si puedo ver tranquilamente a Freddy Kruger destrozar gente, o a la niña del exorcista vomitar sopa de chícharos, cualquier referencia al apocalipsis bíblico (las trompetas, los sellos, el libro, las copas, el monstruo de siete cabezas, los días de oscuridad, etcétera) me causa estrés. Es un estrés raro: no me da miedo la viejita come gente en la sala de cine. Pero llego a mi casa y pienso en que no tengo agua benita, ni imágenes religiosas, ni he rezado el rosario en (sic) más de una década, luego todo se queda muy silencio y mi propia respiración me da miedo. No puedo evitarlo. Eso y las máscaras. Así que todo sucedió: vi un mugrero y luego estaba asustada y yo misma pensaba "pero si fue un maldito mugreroooooo" y luego me escuchaba respirar y decía "ay guey" y otra vez me enojaba conmigo. Jum.

No la vean. Es hórrida.

Y he dicho muchas mentiras últimamente. Pero no tengo aliciente para decir la verdad. No sé que se hace en esos casos. Oh, no... otro pecado, moriré en el infiernoooooooooo. Bueno, no.

27.4.10

No solicitors

Hablando con mi ex-roomate en Monterrey me pregunta por mi ex. Todavía no sobrepaso ese tiempo prudente en que la gente deja de preguntarte por la relación pasada inmediata anterior. Como había planes de boda, estoy pensando que quizá se pueda prolongar más allá de los tres días que yo tengo contemplados como estrictamente necesarios para poner cara de "oh, sí, pobre de mí" al tiempo que respondes con eufemismos como "pues no éramos compatibles" o "estoy buscando enfocarme en otras partes de mi vida en este momento".

Se los voy a decir, aunque no me lo van a creer: cuando una relación termina es porque no funcionaba. Nadie deja una relación perfecta con el amor de su vida por que "las circunstancias del destino así lo determinaron". Eso nos hace creer la televisión con la finalidad de añadir temporadas a las sitcoms de éxito, pero la vida no es un sitcom y muchos lo decimos porque decir "de verdad, no podría vivir el resto de mi vida contigo porque ya no te soporto" raya en los límites de la crueldad. Así que uno esgrime pretextos como la religión, el color de las tejas, la distancia, el idioma o la nacionalidad.

Voy a esto porque todavía me llega el ocasional correo electrónico de "eres una gran mujer" y "te deseo éxito en la vida" o "te quiero mucho".

A ver gente: yo sé que todos ustedes crecieron en hogares felices llenos de amor y están acostumbrados a recibir muestras de afecto de sus seres queridos. Yo no. Neta. Y no se los digo en un afán mártir triste del estilo "Bambi pierde a su madre en el incendio del bosque". Me cagan las expresiones de afecto no solicitadas. Quiero como a... tres personas en el mundo, y ni a ellos les repito constantemente que los quiero mucho. LA amiga lo sabe. Mi propia madre lo sabe. Y no lo hago porque me molesta que me lo hagan a mí. Cuando alguien me dice "te quiero", al contrario de toda la gente que tiene relaciones sanas, yo no pienso algo como "wow, me regocijaré en el cariño que recibo", sino "¿para qué?". Si ustedes piensan que estoy muy enferma y que necesito terapia psicológica, estoy de acuerdo. Lo cual, no quiere decir que vaya a ir corriendo con la terapeuta. Ya bastante gastada quedé con la visita al dermatólogo.

Resulta que tengo Ptiriasis Rosada de Gibert y no puedo hacer nada al respecto por las próximas 5 semanas.

No sé como responderle los correos a mi ex. Decirle "gracias" me parece rayano en lo desgraciado. Y no es que no lo sea, pero el mundo no tiene porque enterarse de esa forma. Tampoco sé si responderle "no te preocupes, un día lo superarás". Porque cuando se lo dije me hizo un drama de proporciones épicas.

Si yo pudiera responder esos "te quiero" de una forma sensible, ética y agradecida, creo que no me sentiría incómoda con ellos. Pero me estresan, me hacen sentir miserable por no poder corresponderlos, me acosan, me persiguen en mis pesadillas, siento que un día yo también voy a decir "te quiero" y la contraparte guardará un silencio incómodo. Recuerdo las veces en que sí los dije y me dijeron "pero yo no" y pienso que acumulo mal karma. Por eso a los ex novios siempre les he dado un block and delete de mi vida, porque no quiero verlos, no quiero herirnos con charlas innecesarias, con conversaciones que terminarán ineludiblemente en un "te acuerdas de..." o "yo creía que haríamos...". ¿Cuál es el maldito punto de quedarte en puntos suspensivos con alguien con quien no estás? ¿Con quien NO vas a estar?

No voy a leer en un correo que merezco "ser feliz" y decidiré en ese preciso instante cambiar las decisiones que he tomado. Porque si las he tomado es precisamente para alcanzar esa "felicidad" que tanto me pronostican. O quizá sí, pero mi orgullo me lo impediría. Y el orgullo está subvaluado en esta cultura de cupidos en calzoncillos, pero te sirve para seguir adelante.

En este mundo hay dos clases de personas: las que traicionan y las traicionadas. Yo soy de la que deja atrás, de las que no puede volver, porque una traición siempre supondrá un camino más lejano del primer punto de partida, jamás un retorno.


19.4.10

Hanon: Ejercicio 2

Necesitamos historias de amor. Necesitamos saber que más allá de los tres proverbiales años que dura el amor, más allá de la fecha límite en que nuestras hormonas se disuelven en el mar de la cotidianidad, hay un más allá, una historia digna de contarse, una emoción que nos arrebate de este mundo para instalarnos definitivamente en la locura. En el claroscuro donde perecen aquellos que se atrevieron a dejarse perder en el mar silencioso de otros ojos.

La emoción de un beso que se queda vibrando en tus labios aún cuando ha terminado, el vértigo de ese instante en que todavía no quieres abrir los ojos, porque temes que la intensidad se desvanezca.

Todos necesitamos una historia de amor, ficticia, imaginaria.

Vamos escogiendo los momentos que nos arrebataron el aliento para construir una mitología personal en la que hay un abrazo final en el cual nos disolvemos, nos creamos, dejamos de ser parte para ser completos. No hay almas gemelas, no hay partes de ti que estén en alguien más, pero requieres perderte en el aroma de una piel que aún no conoces para descubrir quien eres realmente.

and i'm so sad
like a good book
i can't put this
day back
a sorta fairytale
with you
a sorta fairytale

with you

10.3.10

Soundtrack de despedida

Mi psicólogo en Monterrey era la onda. Estoy convencida de que todo lo que no avancé en la terapia lo adelanté en conocimiento musical. Yo estaba convencida de que los treinta años eran una edad lejana y absurda en la que la vida no tenía mayor sentido y él se divertía tratando de encontrarle lógica a las reacciones de mi entonces novio. Lo cierto es que aunque mi relación no se salvó, no encontré mi verdadera vocación y no terminé la terapia, fui definiendo lo que sería mi soundtrack personal.

La premisa: nada está fuera de lugar porque en la vida no hay emociones de un sólo color. Así que me fijo en dos cosas, primera que la letra de la canción me diga algo y la segunda es que la música me sorprenda. Indudablemente me hice "rete-fan" de Radiohead y de San Thom Yorke (alabado sea su nombre).

Blame it on the blackstar, blame it on the falling sky, blame it on the satellite, that beams me home.

Hoy hablé con un proveedor, el sonido de su voz me estremeció como el sonido de otra voz que podré volver a escuchar, pero no dirigido a mí. Me siento un poco como personaje de Rayuela y lector perdido que trata de componer realidades a partir de fragmentos que le ignoran. Y sin embargo, así es la vida. De eso se trata: al final, siempre es la otredad lo que nos mantiene solos. Más allá de lo que nos decimos, es aquello que callamos lo que nos hace únicos. "Las mejores palabras del amor están entre dos que no se dicen nada" dijo ya alguien más. Quizá uno debería ir a terapias psicológicas del silencio, a escuchar lo que el otro no dice, lo que no se atreve a expresar porque en ese instante se volvería real. Pero hay voces que nos hacen falta. Voces que queremos escuchar para saber que todo estará bien. Que nos llenan, que nos complementan.

En una despedida, en un adiós... cuando ya no podremos temerle más a la otredad que nos aleja, lo prudente es escuchar los silencios.

4.2.10

Frío

No hay nada más cliché que hablar sobre el clima... salvo ser protagonista de una novela victoriana y hablar del clima con el señor Darcy.

Y sin embargo el mal humor me invade. En primera porque no soy protagonista de una novela victoriana y no hay nada parecido a un apuesto y orgulloso heredero británico de noble cuna en mi vida y en segunda porque lleva tres días tres lloviendo en lo que mis maestras de primaria me insistieron que era el semidesierto.

Supongo que esta es la parte "semi" o es el calentamiento global o siempre ha sido así y sólo soy una quejica.

Sniff.

Sniff.

El frío me recuerda la primaria. Me recuerda mis mitones de payasito con ojos de crucita y pelito anaranjado que mordía. De niña tuve una fijación oral totalmente freudiana: mordía los mitones, los lápices, los cordones de las chamarras, los pies de las muñecas, me comía las últimas hojas de los cuadernos, el cuello de la blusa, las bolitas para el pelo, el borde de la cobija. Prácticamente todo a mi alrededor estaba marcado por las huellas de mis dientes de leche.

La primaria me recuerda la Pepsi tamaño infantil cuya base golpeábamos con monedas de cien pesos (el equivalente a diez centavos de hoy) que orgullosamente portaban la efigie de Venustiano Carranza, hasta que el gas hacía que se derramaran. El ganador era obviamente aquel que conseguía derramar su refresco más rápido.

La Pepsi tamaño infantil me recuerda la gelatina de uva que mi mamá me ponía de lonche, junto con un sándwich de crema de cacahuate y mermelada de fresa en pan integral. Mismo que regresaba intacto a la casa. La gelatina de uva la cambiaba por una Pepsi tamaño infantil o por unos churritos con salsa "San Luis".

El frío me recuerda mi infancia, porque cuando eres pequeñita el frío parece ser todo un tema para las mamás y papás... te arropan, te prohiben levantarte descalza de la cama y te dan de beber toda suerte de cosas infectas creadoras de natas: desde leche caliente hasta atoles varios. Guac.


29.1.10

No sé de que escribir

Así que me recomendaron empezar un post con "No sé de que escribir". En teoría el post se escribiría solo.

...

...

Fin.

13.1.10

Encienda usted su cigarrillo, por favor.

Me gusta el tono que otorga a ciertos escritos la utilización del "usted". En mi imaginación cobran automáticamente vida salones con tapices victorianos y sillas forradas de cuero. Estoy convencida que si los relatos de Lovecraft estuvieran escritos en un simple y llano "quihúbole tú", no me espantarían en lo absoluto. Porque los cuentos de Lovecraft a mí me siguen dando miedo.

Mientras leía "La Máquina del Tiempo" de H.G. Wells, no pude evitar mirar con dolorosa simpatía al Viajero en el Tiempo en el momento en que describe que debió haberse llevado cigarros.

Ahora el tema parece "demodé", porque ya se aprobó aquí, allá y acullá que en todo lugar público cerrado no se fuma y san se acabó. Los fumadores quedan excluidos de la sociedad, como parias indeseables destinado a amontonarse en grupitos humeantes sobre las banquetas, obstruyendo el paso a los peatones. Un día, esos peatones se quejarán y habrá "ciudades libres de humo" o "países libres de humo", productos de una sociedad que cada vez se torna más intolerante hacia lo que difiere de sus ilusiones extranjerizadas de "bienestar".

Que el problema del fumador pasivo es simple: no le gusta que fumen, que se largue. Finalmente, no está en su casa. Cuando fumaba, no había nada más que me causara odio que estar en la sección de fumar de un restaurante y que alguien en mí mesa empezara con su tos cansina a indicar que el humo le molestaba.

Al final se consiguió que los derechos de unos pocos se apabullaran y le dimos la bienvenida al estado totalitario. Ese que puede decidir que si eres demasiado estúpido para cuidar tu salud, te prohibirá dañarla. Lo que sigue son impuestos a los alimentos grasos (como ya pasó en Inglaterra), la penalización del aborto (ya vigente en más de 17 estados de nuestro país), o la prohibición del matrimonio entre homosexuales (que la Iglesia Católica entre otras, pide a gritos).

Se ha confundido la labor del Estado como proveedor de bienes públicos a corrector de vidas. Y el Estado no debe tener injerencia en si yo dejo fumar a mis clientes o no, si las mujeres que abortan deben ir a la cárcel o no. Este tipo de iniciativas van en contra de la libertad de las personas, porque alguien que es incapaz de encender un cigarrillo en un lugar público no es libre. Se priva al individuo de su capacidad de decidir: no fumas y si fumas, te sales. Y el gobierno descuidará entonces el alumbrado público, la recolección de basura, y la educación para andar detrás de fumadores furtivos, mujeres embarazadas o gorditos.

El problema viene de que deberíamos contar con la información y criterio suficientes para decidir si fumamos, abortamos o nos casamos con alguien de nuestro mismo sexo y una vez tomada la decisión, que se respete, no seguir ciegamente el camino que nos marcan las modas, partidos políticos o instituciones eclesiásticas. Salud.

8.1.10

Reflexiones baratas para el invierno

Ninguna con un valor superior a tres presos. Aproveche.

En el pueblo seguimos esperando la "masa de aire ártico" que amenaza con terminar con nuestras vidas, tuberías y mascotas, pero el termómetro se rehusa a moverse: ahí sigue, estancado en los 9º centígrados desde las once de la mañana y en lugar de neblina y lluvia, tenemos un sol tímido, que no se anima a calentar el ambiente. Aquí y allá se escuchan las quejas de secretarias de diversas estaturas y complexiones físicas asegurando fehacientemente que sí, ha descendido la temperatura, que es una barbaridad y temerosas del "clima de mañana". Uy.

Pues quiero decirles que esta "masa de aire ártico" es una maleducada, que no sólo nos ha dejado con un palmo de narices desde ayer, sino que además, no se decide a llegar. Se nubla, sale el sol, hace aire, se nubla, sale el sol... En Saltillo, me escribe una entumida Carmen, sobre los cataclismos del clima: los caminos están cubiertos de hielo, las carreteras cerradas y la temperatura en siete grados b-a-j-o-c-e-r-o. Brr.

Si hiciera mucho mucho frío, seguramente yo maldeciría a todos cuando se atreviesen a cruzar por mi camino. Pero como no hace tanto, tengo fantasías sobre la canción "Neighborhood #1" de Arcade Fire, y me deleito pensando en chocolates de colores: rosas de fresa, verdes de menta y blancos. Los imagino en formas y colores diversos, pero siempre del tamaño del bocado perfecto, suaves al derretirse en la boca. Imagino que veo películas para niñas y que como grandes y quesosos pedazos de pizza, que es como deben ser todos los pedazos de pizza.

Me he dado cuenta de que mis aspiraciones son más bien pequeñas: no comprender tan fácilmente que son mentiras las anécdotas que quiere salpicar de humor la fotógrafa, caminar por el parque, comer pizza o leer un libro que de verdad me emocione.

Lo que me recuerda que ya terminé de leer "La máquina del tiempo", me gustó mucho, aunque como estúpida me quedé esperando al ÜberMorlock, mismo que jamás aparece. Tampoco hay una prometida, y eso lo mejora de sobremanera. Porque aquellos que somos incapaces de encontrar el amor, deberíamos tener el derecho a buscar historias que no sean la nauseabunda repetición de "x-meets-y-looses-y".

Un día, me sentaré en un café anónimo de Italia, con vista al foro romano, y tomaré una copa de vino, mientras como desaforadamente pizza margarita.

¿Qué? La sofisticación no está peleada de modo alguno con los excesos.




18.12.09

De la navidad, las vacaciones y el fin del mundo

En el 2006 vivía en Monterrey. La premisa entre mis fellow coworkers era repetir la consigna perdedora de "a vender y emigrar porque el Peje va a ganar". Se rumoraba que sería horrible que ganara Andrés Manuel López Obrador, o cómo a ellos les gustaba llamarlo peyorativamente: "el mesías tropical".

Traigo a cuento el dicho electorero de tres pesos porque se acerca la navidad y el fin de año y las posaditas y todo aquello que conmueve nuestros consumistas corazones y nos hace creer que sí, somos buenas personas, y sí, merecemos el cariño de los demás.

Bueno, pues no. No lo somos. No porque pongamos un arbolito en nuestras casas, o decidamos llenar de nochebuenas toda superficie plana en el hogar. La mayor parte del año estamos movidos única y exclusivamente por nuestro egoísmo y la excepción, no es necesariamente la navidad.

Ayer fui al cine a ver "Avatar" la esperada película del "director de Titanic". Desde que vi que la anunciaban así, tuve mis dudas, pero confieso que me dejé llegar por el hype "internetil" y entonces dije "yo quiero ver Avatar" y allá fuimos. Ayer también, fue un día pésimo en el trabajo, no necesariamente porque me haya ido especialmente mal, sino porque de continuo me topo con que creo más en la gente de lo estrictamente necesario. Y creer en gente que es motivada por su egoísmo (igual que yo), resulta casi siempre en decepciones innecesarias, pero dolorosas, vergonzantes, etcétera, etcétera. En cualquier caso, mi disposición para "disfrutar" era poca.

Cuando yo voy al cine, voy al cine a meter la nariz en lo que no me importa. Por lo tanto, ir al cine cuando uno se siente pésimo es un arma de doble filo. Te vuelve más crítico. Y porque nadie lo pidió y no hay trabajo pendiente en la oficina: mi reseña de "Avatar".

(Aplausos del público... err, del único lector del blog, bueno, sin aplausos).

Con temor a arriesgarme, les sugiero que vayan a verla en 3D, porque si en 3D no resultó la gran experiencia que todos esperábamos, en cine normal sería menos que decepcionante y pirata u online, serían las peores opciones posibles para verla.

Antes de que me fusilen: la historia es buena, los efectos son impresionantes y la musicalización a mí gusto impecable (sí, incluso con la canción de Leona Lewis que al menos yo salí jurando que era "My Heart Will Go On" de Celine Dion, pero que IMDB me hizo favor de aclararme que no, que se oía igual, pero no era la misma).

El problema es que debieron anunciarla como "El director de Titanic hace un remake de Danza con Lobos". Por fortuna las nuevas generaciones (sic), ya no se acuerdan de Danza con Lobos, ni de Kevin Costner, y pueden muy felizmente disfrutarla sin sentir que le están tomando el pelo: otra vez los güeritos imperialistas, otra vez el infiltrado que se vuelve parte de la tribu y toma mujer local, etcétera.

Inclusive en parte de la música pensé que estaba viendo "La Misión", y confieso, que me emocioné un poco.

A mí, empieza a molestarme esa dicotomía de "la máquina" contra "la naturaleza", siendo el bien todo lo que es natural, y mejor y más divertido y la máquina la destructora representación de nuestro sistema capitalista. El mundo no es tan simple, así que constantemente me "salía" de la historia: cae en lugares comunes, predecibles y la película, para lo que es, es larga como la cuaresma.

Y mal de males: algunas secuencias de acción son demasiado rápidas y parece que se pixelean. El horror. Es cierto, el ojo humano es incapaz de captar muchas pequeñas sutilezas, pero si los movimientos se ven plastificados, al más puro del King Kong de los 30's, pues mejor omitir esas tomas, hay MILES de millones de tomas más que pudieron haber hecho. No dudo que con la capacidad de dirección de James Cameron, se habrían podido idear mil tomas diferentes y mejores.

¿Me gustó? Sí. ¿Es de mis películas favoritas del año? No. Aunque tampoco tuve muchas películas favoritas en el año, la mejor a mi gusto sigue siendo Star Trek. ¿Les digo que vayan a verla? Sí, vale la pena por los efectos, véanla en 3D y un día que estén de buenas.

Hasta aquí mi reseña.

Y no tendré vacaciones, y en parte está bien, porque ni quería. No tengo las más absolutas ganas de hacer nada, ni de solucionar el mundo y usaré todo ingreso plausible y acumulado para abonarle a la deuda enorme que tengo, y me compraré un chocolate y ya. El mundo que gire. Más bien, no tengo ánimos de viajar, al único lugar de la tierra que me gustaría ir sería a Disneyland, lo confieso, pero odio las aglomeraciones, lo que descarta el DF. Pero necesito descansar, aún y cuando tenga que hacer guardia en la oficina, quiero levantarme tarde, ver mucha televisión y no andar manejando, preocupada por el itinerario del día siguiente o por la reservación del hotel.

Y se acaba la década. Y que bueno. En los dos siguientes años seguramente vamos a ver un resurgimiento de la charlatanería similar al vivido en 1999 cuando el mundo se iba a terminar. ¿Saben qué? El mundo es demasiado grande para que se acabe sólo porque nosotros estamos llevando una cuenta que es artificial y poco tiene que ver con el planeta. Así que déjense de tarugadas y sigan matándose en accidentes de tráfico por conducir ebrios, gracias a los imbéciles que publican donde está el alcoholímetro. Felices fiestas.

7.12.09

Del passguor y otros absurdos cotidiandos

Me toca nuevamente hacer cambio de passwords de todas las cuentas. La verdad es que tengo el mismo password desde hace años, sólo le añado variables cada tres o cuatro meses con la finalidad de que si me hackean, al menos batallen un poco. Sólo una vez me hackearon la cuenta, la verdad, esos tiempos parecen tan lejanos que no recuerdo claramente la situación: me parece que de mi cuenta personal le mandaron decir al Innombrable que ya no lo quería o quizá le hackearon la cuenta a él. No estoy segura. La verdad, ya no importa tanto.

Es increíble el número de cosas que dejan de importarte con el tiempo: si en una temporada de tu vida estabas al pendiente del desarrollo de tal o cual acontecimiento, a la vuelta de los años, ni siquiera recuerdas de que iba toda tu zozobra, tus desvelos, tus lágrimas y tus intentos escuetos por ser feliz.

El password de mi messenger, por ejemplo es una combinación entre el nombre de un hombre que me fascinaba ciegamente y el mío. Ajá, sí, así soy de enferma y psicótica. Pero es bueno, porque es un hombre del que nunca hablé con nadie, un hombre que sólo yo supe que me fascinó, y al que jamás he vuelto a ver en mi vida. De un modo u otro, me hace sonreír escribir cada vez que inicio sesión. El de mi cuenta de livejournal es el apellido de mi escritor favorito combinado con el año de nacimiento de una sobrina and so on. Quizá sean mucho más personales y digan más de nosotros, de nuestros sueños y fantasías aquellas combinaciones de caracteres con las que decidimos abrirle el paso al correo diario, al blog, al twitter, o al mensajero instantáneo.

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Ya empezaron a llegar las tarjetas de navidad a los correos electrónicos: luego de un año de hacernos la vida imposible, voltearnos la cara, gritarnos cuanto nos odiamos los unos a los otros, llegan los anuales y necesarios días de paz.

Cada año escribía un correo para mis amigos deseándoles un feliz inicio de año y una buena serie de convivencias decembrinas. Este año omitiré el proceso, porque ya estoy demasiado añeja para los correos comunes llenos de referencias cruzadas y chistes disfrazados de sentimentalismo barato.

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Ayer me equivoqué en un semáforo. En lugar de tomar el segundo carril, tomé el primero de la derecha. Dos vehículos atrás de mí un hombre trató de acabarse la vida útil de su claxon mentándome la madre porque le obligaba a atender un alto que él no tenía necesidad de esperar, dado que la vuelta a la derecha era "continua con precaución". Su desesperación fue tal que invadió la banqueta y se paró a mi lado, me dijo un montón de groserías y levantó su puño en alto. -

Como esperar tres minutos en un semáforo no me parece razón para insultar a nadie, le dije adiós muy sonriente.

Mi mamá se enojó.

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Apuesto a que su password es algo así como "mujeres-estúpidas-al-volante" o "tengo-la-paciencia-del-santo-Job".

9.9.09

Misc

Anoche soñé que estaba comprometida para casarme, y que estaba en alguna especie de hotel/campamento/institución donde debería pasar el verano. La habitación de mi novio se ubicaba en la planta de abajo y para verlo debía esquivar la vigilancia de mis padres. En la noche me armaba de un valor que nunca he tenido, para bajar las escaleras de esa mezcla de casa antigua, hospital y centro vacacional. Llegaba a su recámara y lo escuchaba llorar.

Le contaba a su mamá que había embarazado a la mujer más maravillosa del mundo: guapa, inteligente y linda. De pronto yo sentía muchos deseos de decirl "pues entonces vete con ella". La perspectiva de sacarlo de mi vida me llenaba de un consuelo poco usual, la soledad como una libertad acérrima. Siempre sospeché que yo tenía problemas con el compromiso, pero nunca pensé que al grado de alegrarme porque la persona con la que genuinamente quiero pasar una buena parte de la vida, se vaya con alguien más.

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Ismael y yo intercambiamos correos. Mantengo abierta una cuenta de correos ya en franco desuso por el único motivo de que ahí me escribe. Casi nunca la reviso y en consecuencia mi comunicación con él es errática y gira en tonos ambigüos y absurdos. Donde quiero preguntarle ¿cómo está? le pongo el título de un libro o le hago comentarios insulsos sobre el clima, el trabajo o el color de las azoteas. Aunque todos (él y yo) sabemos que las azoteas son un gran tema entre nosotros.

¿A dónde se van las referencias íntimas que existían entre dos que algún día se quisieron?

¿Persiste el amor como un pretérito inacabado que visitamos cuando conversamos en el pasado?

Quizá hay relaciones condenadas a silencios incómodos: yo nunca mencionaré mi nueva relación, y él se abstendrá de referencias a su esposa o hijo. Inclusive nos tenemos bloqueados mutuamente en el Facebook, para evitarnos las fotografías incómodas.

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Debería ser parte de la educación sentimental de todos nosotros tener la certeza de que hay relaciones en nuestra vida que la bifurcan: a partir de tal, hemos dejado de ser quienes creíamos ser, porque ser quienes veníamos siendo hasta ese momento se torna imposible. Y entonces vas reconstruyéndote poco a poco, mientras esquivas esta y aquella canción. Y te forzas a que cada pared, cada pedazo de banqueta que te trae un recuerdo se desvanezca de tu vida. Sin pensarlo yo cambié hasta de código postal, porque inclusive en los lugares que no me fueron comunes, su ausencia de ellos me lo recordaba.

Hay tristezas que te sorprenden en un día nublado, o mientras ves un musical.

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También deberían enseñarnos que hay personas que marcarán tu vida por su negativa a permanecer en ella. A los que añorarás cuando les quieras contar como estuvo tu día, a quienes esperarás ver ahí, y que no van a estar. Que nunca estarán.

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Todo me remite a una reflexión puñetera sobre la identidad, si somos quienes creemos ser, o sólo somos lo que van dejando atrás quienes nos conocen.

2.9.09

2 de septiembre

Me gusta que llueva en septiembre. El día que cumplí siete años mi tío T me regaló un libro que se llamaba "Un Año En La Granja", la premisa era sencilla: ilustraciones sobre el cambio de las estaciones, acompañadas de rimas simples, que describían que en una granja hace calor en verano, se siembra en primavera y se cosecha en otoño.

La ilustración de septiembre mostraba una realidad con la que yo estaba demasiado familiarizada: un niño, vestido de azul, con paraguas en mano se dirigía a la escuela.

Para mí, septiembre no significaba fiestas patrias, informes presidenciales o el inicio de otra estación: para mí septiembre era el regreso a clases, que ocurrió durante los seis años que estuve en la primaria el dos de septiembre.

Agosto era un mes soleado y sin encantos particulares: las tardes se hacían largas y al mismo tiempo el paso de los días nos avisaba de un cambio, ya no te levantarías tarde para jugar, sino temprano para "aprender". La última semana de agosto comenzaban las visitas rituales a las tiendas de uniformes escolares, donde comprábamos la falda tableada, la blusa blanca de manga corta y luego a la escuela para recoger las partes del uniforme que se vendían exclusivamente ahí: el corbatín, el chaleco rojo y el uniforme deportivo, que por lo demás consistía en un pantalón de punto color rojo que se utilizaba con la blusa blanca de manga corta y el chaleco rojo.

La noche que antecedía al primer día de clases no lograba conciliar el sueño: ¿con quién me iba a juntar en el recreo? ¿cómo sería mi maestra? ¿qué libros iba a leer? (porque desde niña era ñoña sin remedio y sí, me emocionaban los libros) ¿en qué salón me tocaría tomar clase?

En primero y segundo, en la clase estuve con uno de mis primos más queridos, eso me infudía cierto valor, una suerte de seguridad porque no estaba sola, los dos años me llevé una ingrata sorpresa: mientras que los fines de semana mi primo y yo podíamos ser inseparables y jugar prácticamente a todo (desde carritos, hasta a ser cantantes de rock), en cuanto cruzábamos la puerta yo me convertía en una especie de peste que él trataba de evitar a toda costa. Se juntaba con puros niños, que por lo demás me parecían a la mar de odiosos, y se rehúsaba a sentarse a tomar el lonche conmigo.

Me gustaba el olor a basura de lápiz de las primarias. Me gustaban los charcos de lluvia, el patio mojado, las gotas de agua que caían de los árboles cuando alguien los sacudía, y la magia de ver derramarse un refresco cuando le pegabas repetidamente en la base con una moneda de 100 pesos.

Hay cosas que si no las aprendes en la primaria, no las aprenderás nunca: como a ponerte una capa de pegamento blanco en la palma de las manos para luego quitártela y decirle a algún incauto que se está cayendo la piel, a que debes llevar un short debajo de la falda porque a los niños por alguna razón desconocida les encanta levantártela para que todos te vean los calzones, que si frotas el dedo contra la banca rápida y repetidamente se calienta como si te estuvieras quemando; aprendí también que finalmente has encontrado a una amiga cuando alguien comparte tus excentricidades, que no nací para tejer, coser y bordar, pero que si me empeño lo suficiente y lloro cada noche, soy capaz de terminar una bufanda en un ciclo escolar. Aprendí que no importa ser la más lista, sino la más bonita del salón, pero que a la larga ni ser la más lista, ni la más bonita te brinda alguna garantía. Aprendí que hay que "limpiar" la goma antes de borrar con ella, para evitar tener un manchón en el cuaderno y que las faltas de ortografía son una de las peores aberraciones que pueden existir sobre la tierra.

Septiembre huele a basura de lápiz, plástico para forrar cuadernos y diccionarios nuevos.

Lo que nunca entendí, porque no conocí otros niños que hicieran lo mismo, es ¿qué clase de mente perversa habitaba en mí que me gustaba recortar palabras de los diccionarios y guardarlas en cajitas? ¿Alguien más hizo eso?

Afuera es septiembre y llueve. Es dos de septiembre y hay un presidente rindiendo su informe, actividad que a mi me remite a Miguel De La Madrid Hurtado en todos los canales de mi televisión, evitándome tener un momento de solaz antes de tener que enfrentarme a la realidad de mi primer año escolar.

27.8.09

Misc

Ayer fui a "Las Quince Letras", por UNA chelita. Una chelita que se hicieron dos, porque pues estábamos a un lado de la rockola y que calor, y luego nos dieron un lugar en la barra y pues que bien, y otra chelita y otra chelita y otra chelita y llegué a mi casa a las flamantes cinco de la mañana y pues ¿qué? que ahora en mi cabeza resuenan los grandes éxitos de Raphael.

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Cuando era adolescente mi madre trataba por todos los medios de alejarme del vicio: no me dejaba salir, me ponía unas regañadas marca llorarás y castigos ejemplares como... obligarme a comer sopa de acelgas con papa cortada en cuadritos, o dejarme dormir en el carro (porque pues, quería estar en la calle, ¿no?). No obstante, su método favorito de tortura era poner música de Raphael a TODO volumen a las 8:00 de la mañana.

Desde entonces, cada que me duele la cabeza, me siento cansada, desvelada y necesito tomar cantidades industriales de agua, a mis penas se unen grandes éxitos del "Niño de Linares". Sic.

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En mi miseria, caminaba con mi tacita de café en la mano cuando me encuentro a una compañera de trabajo con la que conmúnmente no convivo.

"Anoche te soñé".

Soñó que yo era su alumna, que platicaba mucho y que no entendía que yo era un adulto responsable. Quería darle alguna interpretación a su sueño explicándole que está haciendo una transferencia dónde ella sabe que no está comportándose como el adulto responsable que pretende que yo sea. Luego me acordé de mi pobre maestro de "Administración de Inversiones" y como sufría y batallaba para convencerme de que cerrara los cómics y pusiera atención en clase, pero como no hablaba con nadie, y me sentaba hasta atrás, donde sólo él se daba cuenta de que mi cara de felicidad no podía deberse a la derivación del Black & Sholes, tampoco podía ponerme algún castigo ejemplar.

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Si vienen y se quejan de que este NO es un post decadente y triste, los conmino a tener el dolor de cabeza que yo traigo y a que Raphael re-tum-be en su cabeza.

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El verbo "retumbar" me recuerda al Himno Nacional Mexicano. Lo que me remite a que siempre he sido sorda y testaruda, dos cualidades que no se llevan bien, así que de niña cantaba algo como "y retiemble en sus cielos la tierra" y la maestra me decía "centro" y yo decía "cielos", y las demás niñas que eran muy hermosas, y se dejaban peinar por sus mamás, se reían de mí.

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No me gusta peinarme. Nunca me gustó. De niña siempre fui despeinada a la primaria.

4.8.09

¿Es una cadena?

Señales inequívocas de que lo que usted recibió es una cadena:

  1. Se lo manda alguien con quien tiene nulo contacto en la vida real.
  2. Se lo manda alguien con quien tiene constante contacto en la vida real, pero desería fuera nulo.
  3. El subject es precedido por las letras FWD que nadie que envía una cadena sabe como borrar.
  4. Empieza con un singular "casi nunca envío cadenas", si hicieran una cadena de eso.
  5. Contiene una amenaza contradictoria: "si usted no envía este correo será crucificado, su padre lo desheredará y comerá una paleta de limón.
  6. Continúa con la descripción del cumplimiento de dicha amenaza: "Luke Skywalker recibió la cadena de San Judas Tadeo, no envío las 1525 copias y su peor enemigo resultó ser su padre".
  7. Contiene un PPT con musicalización y un poema de Borges atriubuido a Cantinflas o viceversa.
Mañana: ¿es spam?

7.7.09

La prima "Dez"

Cuando me fui a "estudiar inglés" a California mi prima Deziray vivía con mi tía. Mi tía, que envejecía como es natural, y mi prima que buscaba su independencia pero cuya situación económica la tenía sometida a pagos de tarjetas de crédito que hacían inverosímil el hecho de que hace apenas un año vivía sola en un departamento.

Deziray le debía todo a las tarjetas, pero cada viernes regresaba a la casa con bolsas de compras: Banana Republic, The Gap, The Limited, Victoria's Secret, Pier 1 Imports, y un largo etcétera fueron marcas que conocí a priori por las bolsitas que parecían surgir de la nada en su recámara. Yo le profesaba, como es natural, la ciega adoración que le tienen las adolescentes a sus primas mayores, quería ser como ella: comprar cosas lindas, y tomar café en Starbucks.

Yo creo que el mejor recuerdo que tengo de ella es cuando me llevó a la nevería Ben n' Jerrys y me explicó pacientemente que sus vacas no eran mal tratadas, etcétera, etcétera. Mi prima era una suerte de consumidora cautiva de esquemas innovadores. Tal y como yo lo soy hoy.

A veces, toma tan poco definirte: el aroma de una tienda de importaciones, la emoción de pedir tu primer café expresso, o reírte con los nombres seudo-jipis de una nevería extranjera.

Cuando la gente dice "California" yo no pienso en Hollywood, o en Angelina Jolie (aunque sí vienen a mi mente), mi primer recuerdo es la sonrisa inmensa de mi prima, y sus bolsitas de compras. En la paz mental que te puede producir llegar a un lugar y cargar lo que sea a la tarjeta.

Ahora, en mis tiempos de secretaria, compartidos con obligaciones varias me gustaría, como no, ir a algún centro comercial y comprar lo que sea. Como ocio, como actividad recreativa, como un decir "para esto trabajo". Pero no, trabajo apenas para pagar la luz y el teléfono y ver series mediocres en el cable. Pero al menos no le debo a las tarjetas.

¿Ven? Por eso no posteo, porque posteo pura pendejada.