La premisa: nada está fuera de lugar porque en la vida no hay emociones de un sólo color. Así que me fijo en dos cosas, primera que la letra de la canción me diga algo y la segunda es que la música me sorprenda. Indudablemente me hice "rete-fan" de Radiohead y de San Thom Yorke (alabado sea su nombre).
Blame it on the blackstar, blame it on the falling sky, blame it on the satellite, that beams me home.
Hoy hablé con un proveedor, el sonido de su voz me estremeció como el sonido de otra voz que podré volver a escuchar, pero no dirigido a mí. Me siento un poco como personaje de Rayuela y lector perdido que trata de componer realidades a partir de fragmentos que le ignoran. Y sin embargo, así es la vida. De eso se trata: al final, siempre es la otredad lo que nos mantiene solos. Más allá de lo que nos decimos, es aquello que callamos lo que nos hace únicos. "Las mejores palabras del amor están entre dos que no se dicen nada" dijo ya alguien más. Quizá uno debería ir a terapias psicológicas del silencio, a escuchar lo que el otro no dice, lo que no se atreve a expresar porque en ese instante se volvería real. Pero hay voces que nos hacen falta. Voces que queremos escuchar para saber que todo estará bien. Que nos llenan, que nos complementan.
En una despedida, en un adiós... cuando ya no podremos temerle más a la otredad que nos aleja, lo prudente es escuchar los silencios.
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