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6.6.11

La expectativa como una forma de activismo "pos yo al menos hago algo"

The game I used to play
I've always put my cards on the table

Ayer en la noche salí a platicar con LA amiga. Hablamos por supuesto de los mismos temas de siempre, dijimos las mismas cosas y llegamos a conclusiones parecidas. La gran ventaja de ser mujer es que uno puede hablar de cualquier cosa, digamos por ejemplo, del aroma del suavitel, llegar cada vez a las mismas conclusiones y siempre encontrar aspectos no discutidos del tema. Una mujer podría, presumiblemente, leer únicamente un libro en toda su vida y platicar sobre él siempre creyendo que ha llegado a descubrir un aspecto entrañablemente nuevo e inexplorado por la humanidad.

Los hombres, por supuesto no son así, y luego por eso se fastidian de hablar con sus mujeres. Pero esa es otra cuestión que se basa más en la incapacidad de los hombres de fascinarse con las minucias que con que posean realmente una capacidad intelectual superior.

En cualquier caso, a la altura de las 23:14 horas, llegamos a la sabia conclusión de que uno a lo que aspira es a dejar de ser un niño pequeño cuyas circunstancias hayan sido dictadas por los demás.

Verán: yo he vivido toda mi vida asumiendo los efectos que los actos de otros tienen sobre mi existencia (los estoy viendo papases míos). Estudié en la primaria que estaba atrás del trabajo de mi mamá, en la secundaria donde me dieron beca, música porque mi tía monja nos regaló un piano, tuve el cabello corto de niña porque no soportaba que me peinaran, y a pesar de mi afición al color rosa, mi recámara estaba pintada de amarillo.

Una vez intenté pintarla yo con mis crayolas, acción que tuvo efectos devastadores para mis sentaderas.

Desde entonces, todos aquellos actos que me han otorgado felicidad han sido aquellos que me permiten sentirme dueña de mis decisiones: comprar la bolsa extra mega grande de sabritones y no convidarle a nadie, fumar, comprar un perfume carísimo de París que utilizaré dos veces antes de que me cause náusea, o no utilizar aretes.

En este tipo de decisiones por supuesto se asume una parte de adultez (aspiramos a ser adultos maduros, autosuficientes, capaces de tomar nuestras propias decisiones), pero también un profundo egoísmo.

En ese sentido, hay algún tipo de decisiones que tomamos en este momento que van enmarcadas a hacernos sentir bien con nosotros mismos, a proyectar una imagen personal de lo que nos gustaría ser y que poco tienen que ver con la realidad. Se llama "autoengaño" pero también "activismo de escritorio".

Por ejemplo, podemos decirnos a nosotros mismos que estamos brutalmente en contra del calentamiento global, protestar en twitter o en FB sobre las acciones contaminantes de las grandes corporaciones y decidir que todos aquellos que consumen productos de unicel no merecen nuestra valiosísima amistad.

Pero en la casa dejamos conectados perpetuamente la televisión, el devedé, el radio. El boiler siempre encendido porque detestamos lavarnos las manos con agua "fría" aunque estemos a 48ºC, tenemos el clima encendido cuando no estamos en casa porque detestamos llegar a la casa y que esté caliente. Utilizamos papel extra ultra mega blanco, aunque sepamos que al reintegrarse al ambiente contamina la tierra o bien, tiramos el aceite del atún "amigo del delfín" por la coladera, sabiendo que el aceite de una lata puede contaminar hasta 16 litros de agua.

Y el punto es que ser adulto "madurito" también debería implicar tomar decisiones que no sean producto de tus ganas de engañarte para no hacer lo que tienes que hacer. Sí, es una hueva inmensa conectar y desconectar la televisión cada vez que quieres verla o utilizar servilletas color cafecito que además de verse feítas son carísimas de París. O ir al Oxxo a pie, en lugar de tomar el automóvil para comprar 1 paquete de sabritas y una coca light.

Pero no, nos dejamos engañar por la expectativa. Queremos que el mundo se solucione en base a las decisiones imaginarias que tomamos. Creemos que por decir "estoy en contra de la violencia", tenemos pase libre para comprar piratería o tolerar al amigo marigüanito que se siente "buena onda" por fumarse un churro.

Pues noticias: el decidir que estás en contra de algo no soluciona las cosas. El decir "esto es mi vida" no la transformará mágicamente. El problema de las expectativas es que te dan la sensación de que las cosas se van a resolver tan sólo porque así lo deseas, pero nadie hará por ti lo que tú no hagas.

Y como sociedad, no basta con decirle al presidente por twitter que estamos hartos de la violencia, es necesario voltear hacia nosotros mismos y ver cuales son los actos deshonestos que todos los días realizamos y que permiten la proliferación del crimen. Y crimen es tan matar a un narcomenudista como estacionarte en el lugar de los discapacitados. Basta de ser tan autocomplacientes con nosotros mismos y esperar que el mundo cambie.

Yo que toda la vida tuve que vivir con las consecuencias de las decisiones tomadas pero no ejercidas de un par de adultos, les digo: lo que no hagan por ustedes, nadie lo hará.

5.8.10

Era de noche y el sol brillaba intensamente

Yo era la que siempre decía la verdad, sin importarme cuan dolorosa resultara, cuan absurda fuera. Creía firmemente que la verdad debería triunfar sobre la mentira y la repetía a diestra y siniestra. En aquellos tiempos era novia del hermano del monstruo. Ese monstruo de ojos verdes que mucho tiempo después, mientras lloraba desconsolada en sus brazos me dijo: "el que busca la verdad, merece el castigo de encontrarla".

El hermano del monstruo me dijo: "no puedo andar contigo porque mis papás no me dan permiso" y yo pensé que no era LA verdad. Hablé con él muchas, muchas horas, hasta que me dijo: "ya no quiero andar contigo porque no me gustas". Y eso me hizo muy feliz. Obviamente lloré un par de horas, porque el ego herido y además me había caído y tenía raspada una rodilla y no hay nada más doloroso que tener el ego y la rodilla herida al mismo tiempo. Como fui muy feliz al descubrir el "porque", me dispuse a decirle la verdad a quien quisiera conocerla, mi verdad, la de mis padres, la de mis opiniones sobre los métodos disciplinarios de mi escuela, la de mis ex novios. Si alguien me preguntaba cualquier cosa, trataba de responder de la forma más sincera posible, comprendiendo que si bien, la verdad no deja de ser subjetiva porque estamos incapacitados para conocer la verdad ontológica, al menos compartía lo que yo creía era cierto.

Luego me metí en treinta y dos peleas innecesarias por andar de sincera. Y en otras treinta y dos porque me decían mentiras y yo me las creía.

Cuando uno tiene una indisposición genética para mentir, uno cree que la otra gente no miente. Pero lo hacen. Lo hacen para jugarte una broma, para reírse de ti, para protegerte de una verdad que te podría herir, porque les da flojera darte la verdadera explicación, para protegerse a ellos mismos, y porque la verdad es peligrosa.

Acaba con las ilusiones, le pone el punto final a las historias, duele en los ojos, retumba y aturde.

Es asunto delicado, nadie debe preguntar lo que no quiere saber. Lo que no está preparado para asumir, por eso yo nunca pregunto, no investigo, me quedo con la duda, alimento mis ilusiones en miradas sutiles, en signos inapropiados del lenguaje físico: busco una pupila dilatada o un temblor en la voz. Y sin embargo, odio la mentira. Nunca podría perdonar a alguien que miente. Una vez le dije al monstruo que se casara conmigo, que no importaba que él y yo no nos quisiéramos, sino que fuésemos cómplices: él me contaría de sus aventuras con otras mujeres y yo por mi parte, podría hacer lo mismo.

Me explicó que era una tontita: el engaño es imprescindible para el amor, nadie podría amar a alguien que dijera la verdad. La última vez que lo vi, lucía radiante: era él más 2. Su esposa una dulzura, su hijo precioso. Le pregunté si seguía mintiendo y me dijo que sí. ¿Quién lo iba a querer siendo quien realmente era? ¿Cómo podría él querer a su esposa si llegaba a conocerla? Nunca volví a ver sus inolvidables ojos verdes, cuando me entero que alguien miente, sigo sin saber exactamente porqué, me sigue pareciendo deleznable; sin embargo, me acuerdo de mí misma sentada en aquel patio, escuchando la verdad que ponía el punto final a mis ilusiones y del monstruo y pienso que mentir quizá, quizá no es tan malo.

Luego por supuesto, me entra la moral victoriana de tres pesos y el odio violento y borro gente del facebook y los repudio, me enojo, hago escenas a altas horas de la noche en el café del pueblo, y les digo que los que mienten arderán en el fondo de los infiernos, aunque no sea cierto, aunque nadie quiera saberlo.

10.3.10

Soundtrack de despedida

Mi psicólogo en Monterrey era la onda. Estoy convencida de que todo lo que no avancé en la terapia lo adelanté en conocimiento musical. Yo estaba convencida de que los treinta años eran una edad lejana y absurda en la que la vida no tenía mayor sentido y él se divertía tratando de encontrarle lógica a las reacciones de mi entonces novio. Lo cierto es que aunque mi relación no se salvó, no encontré mi verdadera vocación y no terminé la terapia, fui definiendo lo que sería mi soundtrack personal.

La premisa: nada está fuera de lugar porque en la vida no hay emociones de un sólo color. Así que me fijo en dos cosas, primera que la letra de la canción me diga algo y la segunda es que la música me sorprenda. Indudablemente me hice "rete-fan" de Radiohead y de San Thom Yorke (alabado sea su nombre).

Blame it on the blackstar, blame it on the falling sky, blame it on the satellite, that beams me home.

Hoy hablé con un proveedor, el sonido de su voz me estremeció como el sonido de otra voz que podré volver a escuchar, pero no dirigido a mí. Me siento un poco como personaje de Rayuela y lector perdido que trata de componer realidades a partir de fragmentos que le ignoran. Y sin embargo, así es la vida. De eso se trata: al final, siempre es la otredad lo que nos mantiene solos. Más allá de lo que nos decimos, es aquello que callamos lo que nos hace únicos. "Las mejores palabras del amor están entre dos que no se dicen nada" dijo ya alguien más. Quizá uno debería ir a terapias psicológicas del silencio, a escuchar lo que el otro no dice, lo que no se atreve a expresar porque en ese instante se volvería real. Pero hay voces que nos hacen falta. Voces que queremos escuchar para saber que todo estará bien. Que nos llenan, que nos complementan.

En una despedida, en un adiós... cuando ya no podremos temerle más a la otredad que nos aleja, lo prudente es escuchar los silencios.

2.7.09

El evento kitsch del año

Y no, no son las elecciones.

En realidad no es un evento, sino uno de los miles que cada fin de semana (por lo regular en sábado) se celebran en ocasión de unir la vida de las personas.

En sí todos sabemos que el principal factor de divorcios es el matrimonio. Uno de cada dos matrimonios producen un divorcio. No obstante a muchos aún nos hace ilusión conocer a alguien que nos garantice escucharnos en la noche cuando llegamos cansados y de malas a cualquier lado, o que nos abrace, o alguien con quien procrear hijos, o envejecer. Y pues los amigos, reconozcámoslo no sirven mucho a este efecto. En cualquier caso, es una ocasión digna de decirle al mundo: "¿sabes? encontré a alguien y voy a empezar a vivir con esa persona, te invito a celebrarlo".

El problema, el problema es todo el protocolo abominable al rededor de esto. Partamos de una primicia básica: las bodas elegantes, sobrias y sin elementos kitsch no existen. Simplemente cualquier novia que se precie de serlo, se disfrazará para el evento: millones de revistas de bodas me dan la razón. Así que no discutamos. ¿Por qué se tiene que comprar un vestido inmenso, carísimo de París y que sólo utilizará una vez? No lo sabemos.

Quizá, como el número de chupadas que hay que dar para llegar al centro chicloso de las paletas de caramelo, el mundo nunca lo sabrá.

Pero mi punto es que todas las bodas están plagadas de detalles de mal gusto. Empezando por el anuncio.

Tú estás, tranquilamente leyendo el blog de Perez Hilton, sin molestar a nadie, en la tranquilidad de tu hogar, cuando te avisan por messenger: "me casooooooo" o "me casooo" o "me caso", en cualquier caso, e independientemente del número de o's que le pongan, nadie les preguntó. Pero ahí está el primer rescoldo de incomodidad, porque para empezar uno no sabe con quien se van a casar, o porque se van a casar, por lo tanto decir "felicidades" o "lo siento mucho" se coniverte en un dilema que hay que resolver rápidamente. Uno responde entonces: "Oye, pero qué noticia". Y el emocionado contrayente te empieza a contar que le han propuesto matrimonio. PROPUESTO. Es decir, todavía no se casa, faltan meses para la boda, que además a nadie le importa. Luego lo publica en Facebook, en Twitter y se convierte en el tema de cotilleo entre los conocidos y faltan meses aún. A veces inclusive años. Pffttt.

Después, llegan las invitaciones a las despedidas de soltera. Segunda molestia. Para empezar, yo no sé porque la gente hace fiestas para anunciar otras fiestas.

Lo bueno: es una ocasión para ver a tus amigas.

Lo malo: no son tus amigas y los eventos suelen ser predeciblemente aburridos.

Lo feo: el sobre. ¿Alguien me puede explicar a quien demonios se le ocurrió que uno DEBE darle una cantidad definida a la novia por ir a una despedida? De verdad, con 500 pesos yo me voy de peda, me divierto milchocomil y no le tengo que ver la cara a 14 morras que detesto desde la preparatoria.

Pero vas, porque es tu amiga y tienes que cumplir. Y llevar tu sobre, por supuesto.

Finalmente, llega la invitación. En un papel carísimo-de-París y en algún papel satinado con tipografía ilegible y con alguna cita bíblica de las no chidas* que te convoca a la ceremonia y recepción (dícese de la panchanga).

Lo bueno: la comida casi siempre es buena, y la música aceptable.

Lo malo: Tienes que llevar pareja, vestido (y verte bien en él) y tacones.

Lo feo: El cupón para la mesa de regalos y el número de cuenta bancaria para depósitos. Sí, leyeron bien. La gente bonita, es DEMASIADO para ti y tus gustos, por lo tanto, tu obligación a cambio de la buena comida y la música aceptable, es darles un regalo de una tienda carísima-de-París o de plano, ponerles dinero. Yo he estado tentada a averiguar cuanto costó el platillo y cubrir únicamente ese concepto.

Las tiendas que eligen para sus mesas de regalos por lo general son de esas en las que una servilleta para las tortillas cuesta 850 pesos y una vajilla ronda los 4 mil. Recorres la lista con la mirada en la espera de encontrar algo aceptable y por fin ves "250 pesos", al ver la descripción te descorazonas: "vaso, juego de 8".

¡¡!!

Llegas a la misa en que algún sacerdote chocheante (entre más de alcurnia la boda, más chocheante el sacerdote) les echa la parábola a los novios sobre la sumisión de la esposa, la responsabilidad del machín del hogar, intercambian argollas y nunca nunca nunca le pide besar a la novia. Salen los novios y la gente les echa burbujas de jabón (porque eso del arroz es CERO naïs) y todos se van al banquete.

Los novios parados en la entrada dan la bienvenida a sus invitados, junto a una serie de fotografías tomadas por algún aspirante a diseñador gráfico que hace chambas a cambio de comida es freelance, en las que se muestra lo "divertidos" y "espontáneos" que son los novios. En el salón todo es profusión de arreglos florales que combinan bases horribles con flores de presupuesto (desde claveles hasta nubes) con el capricho de la novia que salió carísimo-de-París y razón por la que en lugar de un arreglo decente de flores comunes, terminaron con esa combinación kitsch-monástica.

Te sientas en la mesa con 3 o 4 de las mujeres de la preparatoria a las que no tolerabas y les sonríes hipócritamente, mientras esperas que traigan la cena para no tener que hablar o que empiece la música para no volver a la mesa nunca. Pero todavía falta un último viacrusis: las entradas son galletitas ritz con queso filadelfia. Un plato con 12 galletitas en una mesa para 10 personas. Pudieron ser 20 galletitas o 10 galletitas, pero invariablemente deben ser tales que alguien coma dos galletas y los demás lo puedan ver con odio el resto de la velada. Y entonces, empieza el padre de alguno de los cónyuges a agradecer a todos que estén ahí, pasan un video de los novios desde que eran niños, hasta ahora. Uno cree que es para enternecer a la audiencia, pero en realidad es una cuidadosa selección de los momentos "triunfadores" de la vida de cada uno, un último marketing para el otro: "aunque en un año te pida el divorcio, no olvides que nacimos el uno para el otro".

Te sirven la comida: pollo insípido con verduras recocidas. Sic.

Siguen los rituales absurdos: el baile de novios, la liga y el ramo. Todo lo que yo pudiera decir, palidece ante la barrabasada que cada uno de estos elementos realmente denota. La naquez en su punto cúlmine.

Empieza el baile. El grupo es malito. El licor también. Pero te animas y dices "esto es como Caná, el mejor pisto es hasta el final" y te paras a bailar, estás ahí tratando de no golpear demasiado a los demás invitados cuando el grupo empieza el numerito "amenizador". Reparten máscaras de luchador, coronitas, lentes oscuros, espantasuegras, maracas, serpentinas, y de pronto estás en un carnaval. Cualquiera que diga que eso es una boda elegante está pirado.

Entonces los novios parten el pastel, y las gorditas solteras se hacen las machas y se llevan la rebanada a su casa para dormir con el pastel bajo la almohada y casarse.

Se van los novios, se quedan los ebrios. Los arreglos han desaparecido de cualquier mesa donde hubiera una mujer de más de 50 años. Los manteles están manchados, el grupo apesta en todo su esplendor, las mujeres se ven sudadas y cansadas de utilizar tacones por un número indecente de horas. Sales del brazo de tu pareja, completamente ebria, pero feliz y dices "no manches, me encantan las bodasssssh" y entonces, tu mejor amiga voltea y te dice radiante: "me casoooooo" y todo, todo vuelve a empezar.

20.3.09

El amor dura tres años


Además de intelectualote, y cínico profesional, el "hombre" está bien bueno. Y yo me pasé bastantes páginas del mentado libro alimentando mis fantasías sepsuales de poca monta. Oh sí. Pero no es eso de lo que vamos a hablar.

"El Amor Dura Tres Años" es casi un blog: a mi novio que es todo opuesto a la falta de estructura mental (habría sido tan buen contador, una lástima) le causó estragos. A mí me dolió el estómago en un par de pasajes porque a fin de cuentas todos, todos, todos hemos sido ese cínico que no cree en el amor y que grita a media noche "el amor es mortal".

A mí el amor me duró tres años, como no. Y se me hizo una barbaridad.

La premisa del libro es que el primer año todo es pasión, el segundo ternura y el tercero: tedio.

Claro que a mi mente vinieron de inmediato las mil y un reflexiones pertinentes y no: el amor que sentí por el más querido de mis ex novios, el amor de mis padres que duró intacto 15 años, el amor de mis abuelos que nunca existió como tal y era más bien una suerte de gratitud y resignación o el amor de dos semanas que suelo sentir por el género opuesto.

Recordé claro está aquella mítica escena telenovelesca en que parados en un parque horrible y seco el Innombrable y yo discutíamos si seguir o no. A mí me causaba gracia la escena vista desde la perspectiva de rompernos el corazón prematuramente o esperar a que la vida misma nos lo rompiera como quien habla del color de los listones (dos, uno azul) o de las letras de Cortázar.

El post será largo: pueden aprovechar esta pausa para ir por un café o al baño o desistir de su lectura. No digan luego que no se los advertí.

El Innombrable sostenía que él era celoso, que yo no lo conocía, que sus demonios nunca lo dejarían en paz. Tenía 21 años. Y yo por dentro me preguntaba como es posible que alguien hable de demonios a los 21 años. Obviamente yo no tenía demonios, a lo mucho tenía conejitos azules en el cerebro.

Me gustaría pensar en las historias de amores perfectos, pero ya lo dijo Ingmar Bergman en El Séptimo Sello: love is perfect in it's imperfection. Ikram Antaki también teoriza sobre el tema, la otredad nos impide saber quien es realmente el otro, sus pensamientos, hay algo de la otra persona que siempre se escabulle, que se nos escapa. Entonces el amor es por principio asimétrico, un acto de fe entre descreídos.

Como siempre vamos a ciegas, cada quien adopta la estrategia conveniente a su personalidad, hábitos y preferencias. Está el cínico mujeriego que anda con mil mujeres y las mil mujeres que andan con mujeriegos: son dos caras de una misma moneda, no habría hombres cabrones si tuvieran poco éxito con las mujeres. Está la mujer seductora por excelencia que cuernea hombres a diestra y siniestra con espectaculares resultados económicos. Los amantes cándidos, los amantes aburridos. Y cada quien tiene derecho a obtener lo que busca. El hombre mujeriego renunciará a la minivan y los dos perros, pero no importa porque para él no tienen valor: el valor está en lo que no se puede obtener, así sea que lo que se busque sean las lágrimas del otro.

El amor dura tres años como cualquier otra convención social: luego de un rato nos aburrimos, por eso no deberíamos buscar el amor como tal. A fin de cuentas, es pasajero, egoísta y mortal.

Que cada quien busque lo que le hace sentir vértigo, ganas de vivir: llámenlo como quieran, pero no le llamen amor.

9.5.08

Ausencias Cerebrales V: la secuela que nadie esperaba

Inclusive es "Ausencias Cerebrales V" como Rocky.

Mañana es el día de la madre. En algún punto de la vida, a alguien muy abusado se le ocurrió que en el mes de mayo las ventas estaban algo flojas, que la gente no tenía dinero hasta diciembre y que hacía mucho calor y que nadie tenía mente para organizar fiestas nacionales o irse de vacaciones. Estábamos atrapados en medio de la nada y después del rush pascual, de modo que había que incentivar la venta de planchas y lavadoras. Así nació el día de la madre.

Yo a la mía le regalaré una hermosa plancha sin vapor y muy pesada para que me la aviente por la cabeza y decida que no quiere que le vuelva a regalar nada. Bueno, no, no lo haré. Pero debo confesar que sí pasó por mi cabeza aparecerme con dicho electrodoméstico, un moño rojo de celofán barato y un pastel sorianero de 15 pesos.
Lo bueno de que sea 10 de mayo en sábado es que toda la gente que conozco desea huir de las mañanitas cantadas por Pedro Infante, los pasteles con cubiertas color rosa, las carpetitas bordadas y todo el bodrio que rodea tan señalada fecha. Así que hay buenos planes para el finde.
Como decía mi abuelo: "debería ser el día de la alcahueta".
Y es verdad, no todas las madres son chidas, a mí en lo personal me encantan las que se coluden con uno para que uno se salga con la suya, las que le hacen el paro a uno y evitan las escenas conducentes a la decencia. Cuando sea madre, seré alcahueta. Mi madre alcahuetea a veces, pero no lo suficiente.
En fin: feliz día de la alcahueta por mañana.
Dre.
De salida: hace un putero de calor (me encanta la expresión "putero de"), odio los prendedores horribles que les hacen usar a las madres en los festivales escolares, no habrá ningún restaurant decente para comer mañana, y hoy nadé 1,450 metros. Feliz soy.

16.2.08

Time to pick my heart out of the floor

La semana terminó al borde del colapso cuando mi jefe llamó para decirme que podía irme a mi casa a las 7:00 p.m. Mi hora de salida oficial, por cierto. Pero considerando que si uno pone carita de "tengo sueño" a las 9:00 p.m. se considera cercano a la alta traición, era una noticia equivalente a una evasión deducción de impuestos para cualquier magnate sanpetrino (los estoy viendo familias ricas y poderosas del norte del país).

Sólo que tres minutos con cuarenta y dos segundos después, sonó el teléfono para informarnos que la cita que habíamos programado para el sábado y que no se iba a poder llevar a cabo, siempre sí había tenido cabida. Y a preparar carpetas, tarjetas y demás: unas cuarenta fotocopias, tres resúmenes y quince llamadas por teléfono más tarde, cerré la oficina con el aire fatalista de quien sabe que no puede salir despreocupadamente en viernes porque al día siguiente irá al jale a las 8:00 a.m.

Nevertheless, dos morras de la oficina y yo nos fuimos a unos litros, yo pedí medio litro de michelada y nos dispusimos a platicar de lo único que pueden hablar las mujeres. No, no todas las mujeres comparten todos los temas del mundo: en el fondo sólo hay un tema y es el género masculino. Ya sea que las madres se la pasen diciéndole a sus hijos "es que tu padre esto y aquello" o la niña preadolescente se pierda largas horas explicándote porque Zack Efron es el hombre más perfecto del planeta y al único que besarían jamás (jajajajajajaja) o bien, que definas que no saben que quieren, o que no sabes que quieres de ellos.

Obviamente hablamos de la falta de sensibilidad del género masculino al día 14. Pero luego puntualizamos que no hay nada peor que te lleguen con un muñeco de peluche y unos chocolates, porque está súper trillado, porque es mercadológico y bla bla bla. La lectura entre líneas que yo obtuve, es que Julian Casablanca es excesivamente guapo y que en el fondo, nadie quiere a un tapete por pareja: hombre o mujer. Uno tiene la fantasía pitera de que va a encontrar a alguien que no sea cursi, que le guste el metal, que sepa cambiar los focos y cargar las bolsas del súper y que se vea, mínimamente decente cuando se bañe. Las mujeres somos unas histéricas incomprensivas que no sabemos lo que queremos. Al menos eso pensaban los griegos y me complace informar a los fanáticos de la filosofía que dosmilytantos años después, aún con la llegada el iPod y los PDAs, seguimos igual. Hubo tantas contradicciones en la charla de ayer que sólo alcancé a concluir que cualquier relación entre dos entes patrañosos está destinada al fracaso.

La bronca es que siempre vas a tener alguna expectativa pitera sobre el comportamiento del otro. Tú esperarás que reaccione a tus pensamientos internos y como todavía nadie ha logrado dominar el fino arte de leer la mente, es un caos. Quieres que el fulano en cuestión te lleve el desayuno a la cama, pero no el día que tienes la junta súperimportante a la que no puedes llegar tarde. Y crees que porque le dijiste "el lunes tengo junta" el asumirá con quien es, cuales son los temas a tratar y porque es importante. Luego dices que "él nunca me escucha", pero en realidad es que tú nunca hablas claro. Y obvio, como te cuesta mucho decir "vamos a cenar a tal lado", porque esperas que él sepa que tienes ganas de velitas, jazz decadente y un acercamiento brutal de caderas... cuando te plantea ver el Chivas-Tigres terminas parada de pestañas y él pasmado después de tu irracional azote de puerta.

Ches viejas me cae.

8.12.07

Esferita ¿dónde estas?

Amanecí hoy con la firme intención de no posponer un día más el instinto navideño, tirar a la basura el dinero que fuera necesario y hacerme de unas esferas dignas del árbol de navidad familiar. Dado que no vivía aquí y las fiestas dicembrinas no se le dan a mi madre (juro por la copa mundial de futbol que un año cenamos yogurth con papaya), la casa ha permanecido zona franca desde hace tres años. De modo que mientras desde agosto allá afuera es navidad, en la sala de mi casa un arreglo con tulipanes y retoños de durazno y almendro sigue anunciando una inexistente primavera.

La calle se encuentra bellamente iluminada por toda la gama 2007 de decoraciones exteriores que llegaron al Sams, Walmart y Soriana locales, más lo que se acumuló en los tianguis dominicales y recintos fayuqueros varios. Mientras mangueritas de colores, cortinas de luces y - en la casa más adornada -, series de arbolitos minautura que encienden paulatinamente, adornan la calle, mi casa permanece en el anonimato navideño. Nuestro único indicio invernal o de temporada, como se le quiera llamar, es que mi madre le dio una poda (con j) a la higuera y mandó arrancar un buen trozo de la hiedra, de tal suerte que además de desencantada, la casa ahora tiene un aire trágicamente yermo.

Mi sabia conclusión de la noche anterior - o sea, de hace como 24 horas -, fue que debía adornar la casa.. Sacar los monitos de nieve, el árbol, los mantelitos y dejar que el frenesí rojiverde se apoderara de la casa, a fin que no falta mucho para navidad de todas formas. Hice planes fantásticos, colocaría un pie de árbol color malva bordado en dorado, y esferas color vino, bronce, malva y doradas. Adicionaría moñitos al árbol y lo coronoaría con un ángel que mi mamá compró hace varios años para tal efecto. Mi alegría me desbordaba, y dispuesta a firmar por la cantidad que fuera necesaria me fui al club de precios local, presa del arrebato consumista decembrino. Yeahh.

No había esferas.

Se acabaron, el fin pasado pasé por el club de precios de nuestra preferencia y hasta decidí cuales cajas me iba a llevar. Era muy feliz, pero no quería apresurarme porque no tenía tiempo de poner el árbol y temía que se me fueran a romper antes de tener la oportunidad de colocarlas. Además quería tener la casa limpia y ... me ganó la codez. Así que tuve que pasar toda una semana convenciendo a mi mamá de que firmara por la mitad del gasto total del arreglo navideño.

Pero como señalé antes: no había esferas. Se acabaron. Gente consumista que no sé da cuenta de que la navidad es más que comprar esferitas y moñitos para el árbol, todavía no les dan el aguinaldo y ya se lo gastaron en adornos navideños que seguramente el siguiente año no querrán usar. Los conmino a que les haga daño el bacalao, los romeritos y a que no encuentren tamales para su cena.

Mañana tendré que seguir mi búsqueda de esferitas, ya que toda la sociedad consumista del pueblo se me ha adelantado. Ni hablar.

23.4.07

Se solicita

Estos últimos días la frase "cuando no le llueve le llovizna" adquirió toda una nueva singificancia (por favor checar el maravilloso uso del subjetivo dícese de lo que parece pero no es), al descomponerse la televisión, la puerta y el lavabo. No necesariamente en ese orden. Y he aquí que RS y yo, hemos por fin comprendido lo trágico que resulta una vida sin bato. Sin chalán. Sin hombre generoso que se ofrezca, ya si no a arreglar el mismo los imperfectos de la casa, cuando menos a conseguir al personal adecuado. Ya que llamar a N números de teléfono para sostener diálogos que comiencen con "Si, buenas tardes, llamo para pedir informes sobre sus servicios de Plomería" acaban irremediablemente en que el señor don Plomero decida mandarte al diablo por zoquetina.

El fin de semana irremediablemente lo dediqué a quemar neuronas (pero como lo decía algún comercial de ABC, afortunadamente tengo billones) sentada horas y horas frente al televisor. Empezando el viernes en que me chuté el final de mi telenovela favorita.

Lo maravilloso de ver dramas televisados es que no importa cuan felices puedan parecer los futuros novios, basta con que te de dolor de cabeza, tosas o te sientas un poco débil para que tengas leucemia, preclamsia, cáncer metastático o algo peor (sin llegar al SIDA, porque esos temas, no se tocan aún... salvo que estés viendo la otra cadena de televisión nacional, donde le darán un tratamiento moralista y todo personaje libertino morirá de dicha enfermedad mientras sus amigas van a llorar a su tumba y recordarla como una gran persona, de moral relajada, pero gran persona al fin). Al final, todo termina bien, en beso, brazo y apapacho y el malo termina irremediablemente loco, en la cárcel, muerto o todas las anteriores. A veces me imagino que hay un súper programa computarizado que termina con los personajes malvados haciendo alguna ecuación matemática de gran dificultad donde se introducen como variables el atractivo físico, número de personajes aledaños a los que se les hizo daño y número de capítulos en los que se apareció visiblemente feliz por el curso de sus malas acciones.

Después lo dediqué a ver "chick flicks", y llegué a la sabia conclusión de que la vida es maravillosa, que si te dedicas a ser una bitch con la humanidad no te irá nada bien, que el amor siempre triunfa sobre el mal y que el chico no tan guapo que siempre estuvo a tu lado, a pesar de que tu babeabas por el guapísimo especímen sin cerebro - según esta visión, los hombres guapísimos son generalmente vacíos y sólo se interesan en sexo barato -. La visión real es que todo hombre, guapo o no, generalmente se interesa en sexo barato y según el muy respetable punto de vista de La Santa Patrona, es necesario mejor conseguirte a un hombre guapo, porque igual los feos terminan siendo iguales y ni siquiera te queda el consuelo de decir "pero estaba bien bueno". Y últimamente he reunido evidencia que sustenta justamente lo anterior.

Al acercarse el ocaso, me fui por las series gringas. Con razón hay tanta matanza y desesperación por allá, todo lo que puede salir mal sale peor. Y cuando la protagonista de una serie de médicos se refirió a un hombre con quien se encuentra en el pasillo como su "ex-father", llegué a la conclusión de que no veré más series de este tipo. Sí. Son más apegadas a la vida real, te dejan el ácido gástrico en reflujo constante, te duele la cabeza, te entistecen. Porque es cierto, acá abajo, lejos del glamour satelital, tu novio te deja por otra, tu papá engaña, tu mejor amigo se vuelve alcohólico, etcétera. Y ni siquiera puedes hablar de eso. Mejor enseñas tu último bolso de moda, o tus nuevos zapatos o te buscas un chick flick para el finde. Porque finalmente, hay muchas telarañas mentales que no serán solucionadas. Porque al final, es necesario arreglar la puerta, contactar al plomero, llevar a componer el televisor. Y no hay a quien recurrir.

Feliz inicio de semana.

16.4.07

And now that we're through

El fin de semana me receté:

  • Wild hogs (vayan pajuelos del mundo, no te deja nada, no aprendes nada, pero te ríes bastante).
  • Velvet Goldmine.
  • El disco doble "Forever Karajan".
  • El disco "Ring of Fire: the Legend of Johny Cash" (o algo así).
  • 1 hamburguesa doble con queso.
  • 1 baguette de queso.
  • 1 paquete de M&M's.
  • 2 litros de agua.
  • Otra cajetilla de mentolados light.
  • Desperate Housewives (las tres repeticiones del domingo).
  • 1 ensalada de pollo.
  • 1 litro de agua de jamaica.

Pienso que: mi alimentación va mal, mis gustos por el cine se equilibran. Ya tengo mis boletucos para ir a ver a Aerosmith. El mío y el de mi ego, supongo. Tengo dos, pero estoy a un tris de venderlos y cambiarlos por uno de una mejor sección. El highlight de mi fin de semana definitivamente fue la visión 'glam rock' de la relación entre Bowie e Iggy Pop. Me gustó bastante la película, si no la han visto y quieren recetarse a un, aún más, femenino Brian Molko y disfrutar buena música es altamente recomendable. De vuelta en la realidad: sigo sin animarme a mandar currículms. Dicen que siempre debes perseguir tu sueño. Yo quiero soñar mi sueño. De otra forma me rehuso a dar pasos hacia la nada.

En el Ipod: Walk Away (Franz Ferdinand).

10.4.07

Muerte 2.0

Además de la indefensión, del final, de la huída última e inalcanzable, he sentido que la muerte es definitiva. No hay vuelta atrás. Y cada día, cada hora, cada minuto que se escapa va matando las posibilidades, los sueños. A veces sueño que morimos y desde niña pensé que moríamos a este mundo mientras soñábamos. Me parece que deberían exorcisarnos los sueños. ¿Qué pasa cuando cierras los ojos? Kundera retrató en la Identidad, mediante uno de sus personajes el temor de que al abrir los ojos nuevamente seamos incapaces de encontrar lo que era. Lo que fuimos.

Con la muerte no pasa así. Sabemos que con los ojos cerrados o abiertos, hemos perdido algo. Nos anuncia el fin, nuestro fin y nos deja huérfanos de hermanos, amigos, padres, madres. Me pregunté que pasará el día que mi padre deje este mundo. La imposibilidad de asistir a su entierro, la periferia en que he vivido respecto a su vida se tornó traslúcida y pude sentir un sabor metálico de ausencia presentida. No me gusta ser hija única. El día que mi madre finalmente se canse (porque la muerte es cansancio, es hartazgo, es paz) y no haya a su lado hijos. Sólo una. Para atender a toda la gente que va a los velorios, para relatar una y otra vez lo sucedido, alimentando las mentes obscenas de los otros, de los que platican, de los que ríen por lo bajo y tienen que ocultar sus sonrisas socarronas. Para escuchar la vida transcurrir sin ella, y quedarme pasmada, plantada en la tierra a la que me arrojaron entre vísceras y luces brillantes. Debe ser más terrible nacer que morir. Al menos, la muerte, la presupones.

La muerte sabe a tierra húmeda, a calor de medio día, duele en las plantas de los pies, bajo las uñas amoratadas de las que brotarán lágrimas, que iremos colocando en nuestros ojos, para dejarlas caer sobre la desesperanza... sobre el abandono sometido. La muerte es la venganza de nuestros padres, cobrándose la orfandad perpetuada del ciclo vital.