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16.6.10

Crónicas secretariales: el pastel

Hoy hay pastel-de-cumpleaños. La verdad, es que ayer también hubo, y la semana pasada y la bronca de oficinas en las que trabajan más de 60 personas, es el hecho coyuntural de que suponiendo que la calentura tenga una distribución normal a lo largo de los 12 meses del año, cuando menos 5 personas cumplen años cada mes. Entonces psss, una semana sí y otra también, hay pasteles.

Y el ritual es más o menos igual: se compra un pastel de categoría mediana (ni muy muy corrientote, pero tampoco very-nice, porque psss tiene que alcanzar para las 60 personas o más que trabajan aquí, más agregados culturales) y se reúnen todos y siempre, siempre, siempre se hacen los mismos chistes.

El cumpleñero(a) dice que cumple veinti-tantos años, aunque hay algunos audaces que se avientan el perfil barato de decir "quince primaveras" (risas grabadas), le cantan la primera estrofa de "Las Mañanitas" y después, varias mujeres se niegan a partir el pastel, mientras dicen cosas terriblemente tontas como "es que yo no sé usar el cuchillo (salvo que sea con el prójimo)", o "es que no sé cortar pasteles" (reprobaron el diplomado en corte especializado de pastel cumpleañero-de-oficina), para que luego alguna desesperada termine partiéndolo para todos (los hombres ni se molestan, ellos de plano por el simple hecho de ser los hombres-machos-rudos de la oficina, pssss sólo cortan árboles, escalan montañas, matan grandes animales, pero pasteles, psss no). Luego la de más allá preguntará "¿Y qué tal me quedó el pastel?" (o alguna de sus variantes), la verdad, pues si uno fuera muy muy sincero le diría "como pastel oficinezco: baratito, de mal sabor y peor textura, pero psss ta bien porque es gratis y lo-que-cuenta-es-el-gestoooo", pero no, uno siempre debe responder "buenísimo, se ve que te desvelaste/desmañanaste haciéndolo" ó "pasa la receta", mientras se ríe socarronamente (si fuéramos caricaturas, pues además nos daríamos de codazos y guiñaríamos un ojo, pero no lo somos, somos todos serios burócratas que hacen bromas en un pastel).

La auténtica personalidad de cada uno aflora: desde el oficinista bueno que va por su pastel, se lo come culposamente y se retira en silencio, hasta los candorosos y auténticos buenos compañeros de oficina que conviven un rato y hacen sus comentarios tímidos pero simpáticos y se van, muy felices ellos con su pastelito... y claro, la de la gordita que nunca hace nada por nadie más y espera gratuitamente el afecto de todos por su enorme "simpatía" (el uso de las comillas es peyorativo) se la pasa preguntando en voz alta y con un tono afectado de voz si no había un pastel más grande, o uno más lindo, o de otro sabor, o si no hay "chescos" (¿¿¿???), o que si el platito no es lindo o lo-que-sea, preferentemente, entre más cercana está la persona a la tercera edad, más afectado será su tono de voz y el tiple buscará ser más añiñado.

Atento llamado a las mujeres del mundo: hablar con tiple de niña consentida es cero profesional. Se los juro por WallStreet.

Y yo, como pagué el pastel en efectivo y además le compré flores a la cumpleañera porque psss, me cae re bien, agarré dos rebanadas. Delgaditas eso sí, no vaya a ser que me desvíe de mi meta de tener cuerpo de actriz-porno-jarcor.

Justificaciones

En la alberca, una mujer mayor comenta que está muy feliz por haber regresado de su viaje por Europa. Su interlocutora trata de disfrazar la envidia con interés y luego le pregunta si visitó la Capilla Sixtina en Roma. No, dice la primera, me limité a caminar por Roma. La segunda la mira con desdén y hace algún comentario amargo. Entonces, la señora se justifica, explica que ya ha estado en Roma antes, que le gusta más caminar por sus calles que visitar museos. Le cuenta de su primer viaje, de la primer visita a Roma, de los museos del Vaticano.

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Hay un "algo" morboso en estarte justificando ante los demás. Como si su opinión valiera algo, como si de verdad fuera justificado escuchar sus opiniones sobre tus decisiones.

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En "1984", Julia encuentra a Winston Smith y le confiesa que sí lo traicionó, y que le gustaría justificarse.

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La justificación como el fin perfecto para modificar nuestros actos una vez que vemos que no responden a lo que se esperaba de nosotros. ¿Y las autojustificaciones? No sé, yo quiero vivir una vida en que de justificarme ante alguien, ese alguien nunca tenga que ser yo.


Post publicado originalmente en: Pluscuanperfecto el 16 de junio de 2009.

Cómo dejar las señalizaciones inoportunas

Me gustan los signos de tráfico. Me gusta su parco manejo de las imágenes, me remiten a la postergación de los ideogramas simples y me recuerdan que quizá también los faraones expresaban sus proyectos solares con bolitas y palitos.

La escritura como tal, desarrollo de un código extraño y a veces incongruente, nos ha llevado de la mano del desarrollo total de aspectos desconocidos y es inútil buscarle un signo a la congruencia. En los ámbitos en los que las resonancias ya no encuentran receptores, bastaría con cerrarnos las miradas para dejarnos de tomar la mano por las noches. No sé si es el compartir los sueños lo que los mata, pero dejé ir uno poco a poco, palabra a palabra y me imaginaba sus grafías destrozandose sobre nuestros rostros incrépitos, huyendo más allá de los bordes del ingenio, donde nos es imposible alcanzarnos a nosotros mismos.

Cuando era niña siempre quise tener un novio que hubiese nacido un veinte de febrero. Me parecía una fecha ociosa y mágica. Hoy la considero apoteósico anuncio de que en unos días, cuando el signo coincida cuatro veces en una fecha improbable, estaré temblando de miedo ante la posibilidad de futuros que se me escapan. Habría que dibujarnos un nuevo ideograma, dos que sean uno. Una compañía que lograse perdurar más allá del no sé que. Alguien que nos abrace en medio de esta neblina de incertidumbres.

Post originalmente publicado en Más Mary Kay y Menos Kafka el 2 de febrero de 2007

9.6.10

How can you be sure?

Seen all good things and bad
Running down the hill
All so battered and brought to the ground
I am hungry again, I am drunk again
With all the money I owe to my friends

Después de un espacio intermitente en el que logramos enfocar los ángulos y convertir las aristas en obstáculos subsecuentes, podríamos mirarnos a los ojos desangelados de los muertos y preguntarles si conocen el significado de una eternidad suspendida pendiendo de sus cabezas. La pena de muerte (pena al fin) habría de ser ganada. Llenar muchas aplicaciones, elaborar complicadísimos exámenes piscométricos, disolver granadina en un trago de ajenjo y esperar a que baje por nuestras gargantas la soledad, el mérito y la tristeza.

When I'm like this
How can you be smiling, singing
How can you be sure?
How can you be sure?

Las certezas con que disfrazamos a nuestras soledades, nos calavan alfileres diminutos en los ojos, apenas perceptibles, nos vamos engañanado para no ver lo que no conseguimos comprender, y nos vamos abrazando a soledades intrínsecas, creando imágenes a nuestra semejanza para elevarlas al cuadrado, justificarlas ante nuestro espejo vacío y culposo bienestar. Entonces disminuyen los colores.

If you walk out the door
Will I see you again?
If so much of me lies in your eyes
I am hungry again, I am drunk again
All the money I owe to my friends

Si la ausencia es el signo de nuestros tiempos, si el individualismo nos permite huir de la verdadera intmidad, si no nos permitimos conocernos antes de establecer relaciones de largo plazo, cocinamos el enamoramiento a base de rapidez y buscamos recompensas inmediatas en el roce de una mano ajena. Estamos enamorados del amor fast food... del fast love, del junk love.

When I'm like this
How can you be smiling, singing
How can you be sure I don't want you?
How can you be sure I don't want you?
How can you be sure I don't want you?
How can you be sure I don't want you?

Nos miramos a los ojos, preguntándonos si nuestras soledades podrían acompañarse bajo amaneceres improbables. Y en el fondo, no nos atrevemos a confesarnos la verdad.

I don't want you, I don't want you anymore
I don't want you, I don't want you anymore

How Can you be Sure: Radiohead.

Publicado originalmente el 11 de abril de 2007

30.4.10

Proscrita

Renuncié a la patria y a la cordura, al tacto de tus manos, y a tu aroma de lluvia. Tu presencia se me rebeló en la ignominia y estableció su reinado en sueños y sombras. Los días se suceden uno tras otro, interminablemente, sin que nadie haga nada por detener su marcha absurda, parecen gotas de agua que caen continuamente en una cueva obscura... los días pasan de un absurdo a otro, la cordura se niega a regresar... me sostengo del hilo de una idea o de una imagen desgastada de tiempo y agua y me detengo a pensar en tu ausencia multiplicada.

Hay quienes se dejan enganchar por la idea de un pasado o de un futuro inexistentes, yo te saqué de los cuentos de terror y debajo de la cama, saliste con tus ojos grandes como los monstruos y me miraste de reojo, sin atreverte a existir en pleno. Eres la más acusada de mis locuras, la necedad que se anida en el reflejo del alma. No creo que debas exisitir y sin embargo... permaneces.
Es tu permanencia en los sueños, la que me hace una proscrita de las ilusiones pasadas, me refugio en soledades y en tardes turbias y lluviosas, donde la promesa de tu alegría nunca me alcance.

Post originalmente publicado el 15 de agosto de 2005.

29.4.10

Políticas de Devolución

Es importante conservar la cordura y no haber llevado a excesos desconocidos la paciencia. Favor de doblarle las esquinas, para evitar marcas en la egolatría. No se aceptará, bajo ninguna circunstancia, la devolución una vez que se ha lavado el producto en el azufre de lo cotidiano y mucho menos si se le ha envuelto en telarañas, tafetanes, papel negro, pétalos de rosa o mentiras matutinas. Favor de revisar los niveles de irrealidad, que aquí no estamos para más surrealismos.

Adicionar con flores secas, humo de cigarro y licor derramado, depositarlo sobre la mesa como quien deja la toalla húmeda en el suelo del baño: de forma aberrante, descuidada y tan simple. Por que las cosas simples son las más difíciles de justificar. Elevarlo a la tercera potencia y sacarle la raíz cuadrada. Redondearle los bordes y suavizarle los moretones sumergiéndole varias horas en lejía y vinagre, para mantenerlo sobrio, porque la realidad también embriaga los sentidos. Vertirle sobre la miel miles de moscas, que se queden atrapadas entre recuerdos y maldiciones, que salgan gritando y jadeando, como los deseos entercortados, que se escurren entre las grietas de las maldiciones conocidas.

Déjelo en la puerta y váyase sin mirar atrás, o jamás podrá irse del todo.

Publicado originalmente el 15 de julio de 2007 en "Posibilidades de la Abstracción".