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31.7.10

Covers

El amor es como una canción. No, no, no, no crean que ya me transformé y ahora pertenezco al lado dulce y lleno de mariposas y conejitos que la mayoría de ustedes habita. Es un mundo que admiro, en el que disfruto mis visitas, pero en el que simplemente no puedo vivir. Lo mío, lo mío, es la decadencia: estar tirada en un sofá, con las luces apagadas escuchando música; lo sé porque como les decía antes el amor es una especie de melodía que te hace ameno el momento.

Más que ameno: te cambia las emociones, te transforma, te hace sentir invencible y miserable al mismo tiempo, te llena de fuerzas y te quita todas las ganas de vivir si lo pierdes. El resto del tiempo, cuando no amas a alguien, funcionas en un mundo átono. Los árboles que hay camino a tu casa son los mismos, y los pajaritos también revolotean y la gente sonríe, es sólo que tú no te das cuenta porque vas por la vida en modo funcional y no en “stereo surround” o “Dolby”.

El amor establece los parámetros de tu día: si la noche anterior fue buena, escucharás el trinar de los susodichos pájaros, el ruido que hace el agua al caer mientras atraviesas el parque a primera hora y los jardineros lo riegan, escuchas risas entre la gente a tu alrededor. Si, por el contrario, la noche anterior fue aterradora, no dormiste, temes perder al objeto de tu afecto, escuchas el atronador ruido del tráfico, las groserías que se dice la gente a tu alrededor, los comentarios soeces de los jardineros mientras atraviesas el parque a primera hora. El amor tiene un ritmo, una cadencia y despierta emociones específicas en ti haciéndote sentir más vivo: como una canción.

Y he aquí, que el amor además es una canción versionada. Todos tus amores son el “cover” del primero. Del primer amor, esto es. No de la primera vez, no del primer beso o del primer novio, sino de la primera vez que alguien te miró a los ojos y te sentiste imposibilitada a sostenerle la mirada porque descubriste que lo amabas demasiado. De la primera vez que alguien te dijo te quiero y saliste a la ventana de tu departamento en el último piso y gritaste a la calle: “me quiere y yo también lo quiero”. De la primera vez que dijiste “te amo” y entendiste que “amar” era un verbo devastador. De la primera vez que proclamaste ante tus amigas que entre Brad Pitt e ______, tú preferías a _______. De la primera vez que te preguntó que opinabas de lo que te acababa de contar y no supiste que responder porque estabas enlelada contándole las pestañas. El primer amor marca ritmos, cadencias y temas que no podrás olvidar jamás.

Hay más amores después del primer amor. Y no necesariamente el primer amor es la mejor versión de todas: quizá eras demasiado imbécil como para conservarlo y te la pasaste haciendo dramas innecesarios, o no fuiste correspondido, o fue lo máximo pero el amor de tu vida resultó ser alguien más. A final de cuentas yo pienso justamente eso: si la persona que amas no está contigo, quizá no sea el amor de tu vida. Espero que en mi vejez no les esté escribiendo un post diciéndoles “pues si, el amor de mi vida fue fulano y no me quedé con él” porque a pesar de todo, yo aún creo que el amor puede sorprenderme. Sí, ya sé, el mundo de los conejitos. Regreso a mi exilio, ustedes disculpen.

A lo que voy, es que el primer amor establece las pautas, lo quieras o no, de tus futuras relaciones y se convierte en la suerte de tabla rasa ante la cual todos serán medidos: unos salen favorecidos y a otros les das las gracias en veinte minutos. Perderlo, pero realmente perderlo (nada de “cortamos pero lo sigo viendo todos los días”), cuando aún lo quieres es una de las peores experiencias que he vivido. Recuerdo todavía el día en que mi roomate me encontró rodeada de pañuelos desechables y los ojos hinchadísimos de tanto llorar: “lo peor, Rumicienta, lo peor de todo es que aunque sientas que te mueres, no te mueres”. Me sirvió un tequila y nos pusimos a cantar canciones de Joaquín Sabina. No me morí.

Al primer amor, al primer, primer, primer hombre que amas, le deseas todo, pero sobre todo: la felicidad. Y jamás vuelves a querer a alguien igual. Hay amores diferentes: más maduros, menos apasionados, más egoístas y mejor pensados. Al menos, eso es lo que a mí me pasó. Y te enamoras otra vez, y sientes de nuevo que hay música, y sabes cuales acordes te podrán entristecer y los evitas y descubres acordes nuevos y exploras ritmos distintos, tesituras de voz, modulaciones y agregas bemoles y sostenidos. A veces, la melodía resultante es completamente distinta de aquella experiencia primera: y lo agradeces, aún si es por ese primer amor que aprendiste que hay un mundo de conejitos y mariposas. Y por eso este post ha quedado tan terriblemente cursi y salpicado de miel, porque mi primer amor fue maravilloso, fue fantástico, triste, alegre, inverosímil e inolvidable, como todos los primeros amores.

21.7.10

Reglas

Le robé la idea del post a Campanula. Lo siento, soy un pequeño fraude.

1. Escuchar siempre siempre siempre música depresiva. Nunca música feliz porque me pone de un ñoño insoportable.
2. La cajetilla de cigarros debe combinar con el outfit elegido, uno no puede andar por ahí impunemente fumando benson mentolados vestido de azul.
3. Entender que el DJ-Shuffle no es confible y dejar de añadirle cargas emocionales a las canciones que salen al azar.
4. No compartir las locuras que a mí me parecen normales con el resto de los mortales.
5. Dejar de referirme como "mortales" a los mortales.
6. Jurar sobre varias tumbas conocidas y referenciar todo estudio científico alemán utilizado en la elaboración de los posts de este blog.
7. Establecer que la vida no es un sitcom y uno no tiene porque interpretar un papel.
8. Dejar de soñar palabras en alemán (ok, esto no es regla, sino deseo).
9. Cambiarle cada mes la plantilla al blog. Era mucho mejor antes, yo sé que ya no tengo tráfico y que todos los mortales se fueron a twitter porque leer más de 140 carácteres en los tiempos del iphone es un absurdo, pero esto es más privado de lo que quiero aceptar. Sólo tengo un lector: saludos hasta Alemania. Ah, no. Ya tampoco me leen allá.
10. Callar lo que debo callar.

De todas creo que las más dificiles de cumplir son la 2 y la 10. Odio los pares.


19.7.10

Hanon: Ejercicio 8.

El problema de ser errático, es la necesidad de no ser errático que tiene uno mismo. Así que uno agarra valor donde no hay nada más que maripositas y dice "voy a ser no errático" y se pone durante veinte largo minutos a ver la misma pared, mientras practica la cara de no erratiquez. Serio, serio, serio, serio y zaz.

Desapareces.

Desapareces de la pared, de tu cara de seriedad y te empiezas a reír, no puedes evitar soñar con futuros mejores, con atardeceres improbables. De repente estás en la pradera, en la azotea, bajo una piedra. Y te asalta la duda: ¿es esto ser errático?

Vuelves a la pared, al rostro serio y empiezas a ser fijo, puntual, concentrado... para ayudarte empiezas a contar del uno al cincuenta y luego lo repites de atrás hacia adelante en alemán porque los alemanes son serios y ellos no bromean.

Y luego te encuentras con un problema: los no-erráticos son un tedio y uno no está para soportar el propio aburrimiento.

Abres la puerta de tu oreja izquierda, te deslizas por la melodía que escapa del radio, te escapas con ella por la ventana abierta, te subes a una nube, doblando la montaña más lejana te acuerdas de tu seriedad y estallas en pendientes y seriedades y abres los ojos. Y sabes que habitas en la mente de alguien más.

Canción: Landmines, St. Vincent.

13.7.10

Hanon: Ejercicio 7.

But what will we do today? Maybe invent some senseless sentences to say...

Le das la primera calada al cigarro de la mañana, y le pones la llave a la puerta de la casa. Antes de girarte hacia la calle que te da la bienvenida en esa mezcla de ruido blanco compuesto por los motores de los automóviles que pasan, el murmullo de la gente que camina, sus pasos sobre las baldosas y el silencio en el que tú te mueves: nadie se dirige a ti.

Who says it isn't easy? Who says it isn't easily done?

Caminas lentamente disfrutando las vistas de esa ciudad que siempre te será ajena y que, sin embargo, no puede evitar que la llames tuya. Entras al mismo café, a la misa hora, para ver más o menos las mismas personas. La casualidad, a la que queremos conferirle los apasionamientos de nuestro destino, es en realidad, sólo azar combinado con la costumbre. En las mismas mesas, los mismos rostros, el mismo aroma de todas tus mañanas le confiere a la lluvia de la mañana una atmósfera melancólica que confundes con auténtica nostalgia.

Who says that we are crazy?

Las gotas de lluvia golpetean la ventana y sientes el frío a través del vidrio, el aroma del café te hace recordar imágenes que creías olvidadas. Unos ojos negros que te observan desde el otro lado de la mesa, expuesta ahí entre ustedes como un océano insalvable, un mar congelado sobre el cual sólo se erige hielo y nada más, sin un horizonte al cual mirar... el vacío entre ustedes, en sus palabras inconexas, en los silencios incómodos, en ojos que no se pueden encontrar.

Am I so derranged? Well if it's true, then so are you, but I, I would never had you changed.

Previsiblemente, en el lugar común, en el momento común, sientes la necesidad de salir a caminar entre la lluvia, como una especie de ritual que te permita purificarte de esos recuerdos que no consigues comprender. Dejas la taza de café sobre la mesilla, junto a la ventana. Algunos parroquianos salen de su ensimismamiento mientras oyen el tintineo de la campanilla de la puerta al cerrarse tras de ti. Por un breve instante, es lo único que se oye al interior del café, pero tú ya no lo escuchas: ya no escuchas más que tus pasos sobre la acera húmeda, y sientes las gotas caer sobre tu rostro, tu cabello y tus hombros como una ducha tibia y tímida que no se atreve a envolverte del todo. Te sumerges, a cada paso, en un recuerdo más lejano, en otras lluvias, en calles que no conoces, empiezas a imaginar que esos ojos te miran, que atraviesan oceános, vacíos y abismos para llegar hasta los tuyos, sedientos de esa otra mirada. Y lloras. Lloras sin darte cuenta, sólo sientes esa infinita tristeza, ese dolor sin sitio del propio vacío de tus ojos y enciendes otro cigarro y sigues caminando, porque finalmente, no hay nada que puedas recordar que no hayas vivido ya.

Canción: Senseless Sentences / Second Person

18.6.10

Cómo llegamos a ser quienes fuimos

Son curiosas las cosas que uno guarda en la memoria. Un día, mientras caminaba de un edificio a otro en la preparatoria, me quedé pensando justo en eso: en lo azaroso de nuestros recuerdos. Me fijé en una jardinera llena de geranios rosas y blancos, en medio de la cual crecía un álamo, el reflejo del cielo en los vidrios del edificio al que me dirigía, la forma de las pocas nubes blancas que destacaban contra el azul intenso de esa mañana, el aire olía a limpio y un viento frío refrescaba el ambiente, a pesar de que era un día bastante soleado. No me acuerdo de la fecha, pero me acuerdo de todo eso porque decidí recordarlo. Decidí que si de todos los recuerdos aleatorios que se iban a albergar en mi mente, no podía elegir, al menos conservaría una memoria inocua, sin sentido, sin significados especiales, sólo porque había decidido hacerlo.

Hoy mientras me cambiaba para entrar a la alberca, vino a mi mente la palabra "jareta", mientras nadaba, repasaba mentalmente los números en alemán, mi ficticio intento por no olvidar al menos, que los números se dicen comenzando por la unidad. De niña me gustaba estudiar los homónimos y los homófonos. Consideraba que era importante saber que "a ver" y "haber" no son lo mismo. El tiempo me ha demostrado lo contrario, pero me aferro al uso correcto y diferenciado de los mismos, como se aferran los viejos a un bastón, o a las fotografías en blanco y negro.

Disfruto mucho perderme en los recuerdos, las mañanas nubladas, como la que hoy se extendió sobre el pueblo, me recuerdan el olor a basurita de lápiz y de los borradores de migajón, el tono de azul del suéter del uniforme, la corbata que llevábamos en forma de moño, y mi pierna izquierda que se negaba a sostener la calceta en su lugar... recuerdo la carretera que va de Tlaltenango a Atolinga bordeada de árboles sobre los que bajan nubes, y el pasto lleno de flores que parecen plumitas de terciopelo.

Los veranos huelen a higo, a queso fresco, a lluvias de media tarde. No recuerdo pláticas importantes, hechos históricos. Recuerdo el camisón de franela de mi abuelita, el quinqué de la recámara donde dormíamos. Me gustaba imaginar que un día despertábamos al mundo del revés y entonces caminaríamos por los techos, cuidándonos de no caer por el cielo, que haríamos escaleras especiales para calentar la comida porque la estufa se había quedado en el suelo, los pájaros se volverían peces que veríamos hacia abajo y el mar se volvería cielo, un cielo en el que podríamos nadar, con techos de coral.

Y me pregunto, si lo que recordamos es lo que somos, o es lo que decidimos olvidar. O quizá nunca somos realmente nosotros mismos, porque constantemente nos estamos olvidando.

16.6.10

Hanon: Ejercicio 6.

No es una luz en especial, o el sonido de unos pasos en particular. Es el silencio que guardan estos muros, las baldosas de esta recámara, el quicio de una ventana. Sus palabras se quedaron suspendidas sobre el dentífrico, bajo la almohada, entre los pliegues de una cortina que te rehusas a recorrer. De pronto... en el espacio que escapa al segundero - entre el tic -, se aparece.

No hablo de ausencias, o de trenes que nunca regresan... el día despunta en lugares remotos, siempre donde no puede alcanzarse. Recuerdas esas historias sobre el hombre que para dar la vuelta al mundo se fue siguiendo al sol, paso a paso, y descubrió que podía darle la vuelta al mundo en veinticuatro horas, pero tú sabes mejor: tus pasos no son tan veloces, estás condenado a las distancias humanas, aún con trenes y aviones, porque nunca los tomas. Nunca partes. Realmente siempre estás en el mismo lugar, ¿a qué esperas?

Abres la puerta del departamento y entra el aire ajeno del pasillo, ese aire compartido con extraños, llegan los sonidos del elevador, gente caminando en los pasillos, la calle prometedora de tráfico y luces cegadoras. Ese diario transcurrir de la intimidad de tu mundo suspendido y la realidad que se modifica a todas horas, te da el valor de llegar al trabajo, saludar. Escuchas las mismas charlas insulsas, la música de los otros, sus bromas, sus opiniones apasionadas sobre temas que nadie comprende, jugando todos a ser el gran adulto, el sabio. Llega la noche y vuelves sobre tus pasos hasta el elevador, hasta el pasillo... hasta la puerta por la que puedes dejar atrás todo y volver.

Y abres la puerta, tras ella está el sillón donde intercambiaron aquellos primeros y tímidos besos, la alcoba, el cepillo de dientes que utilizaba en las noches que se quedaron juntos, la almohada con su aroma. Cierras los ojos y escuchas conversaciones que ya no tienen nada nuevo que decirte, pero las atesoras, como quien ve escurrirse por sus manos arena fina. No aprisionas, dejas que el recuerdo se diluya poco a poco, disfrutas cada mirada, cada roce que consigues recordar. Esperas a olvidar.

Canción: To Love Somebody / Janis Joplin

7.6.10

Hanon: Ejercicio 5.

Es extraño como encuentran los recuerdos el camino hacia la conciencia. El agua caía tibia en la ducha y la imagen de sus viejos caseros vino a su mente. Un matrimonio entrado en años, cuya visión del mundo era más bien anticuada y sus atenciones rayaban en la constante intromisión. El señor, un contador jubilado de una compañía de seguros, subió a dejarle el recibo de la luz. La tarde estaba nublada, pero el calor era insoportable. Ella estaba sentada en una de las mecedoras de la terraza y él se sentó a su lado y le ofreció un pañuelo.

El pañuelo le pareció anacrónico: era de una tela suave y desgastada, café a cuadros blancos. Se secó las lágrimas y tomó el recibo, con la misma fingida y patética dignidad de los que saben que están a punto de derrumbarse sin poder evitarlo. Le dijo que al día siguiente le daría el dinero, sus compañeras de casa todavía no habían llegado del trabajo y ella no tenía suficiente efectivo en la casa.

"Yo sé que usted lo quería mucho y que si le hubiera pedido casarse con él, habría saltado desde aquí de pura felicidad... pero él no la quería y uno no debe persistir queriendo a quien no nos ama. Eso sólo lo hacen los tontos."

El agua seguía cayendo en la ducha. Las palabras del viejo casero seguían resonando en su mente. Le pareció a un tiempo tan lejano y tan real ese momento. Las tardes vacías tratando de entender que era lo que había pasado, el silencio de esas noches en que se tapaba la boca con la almohada para poder llorar en paz. El aire caliente entrando por las ventanas abiertas en una ciudad de la que se negaba a irse porque ahí vivía la persona que ella quería.

Recordaba el pañuelo desgastado, los ojos viejos de su casero. Y de pronto quiso llorar... y de pronto se sintió igual de impotente que años atrás y sintió miedo de volver a querer, de volver a estar vulnerable y cerró sus ojos para cerrarse sobre sí misma y se prometió no ser tonta otra vez y no dejar que sus lágrimas la condujeran nuevamente hacia la nada.

Pero el recuerdo es también el olvido. El agua siguió cayendo, terminó la ducha, se arregló, salió del cuarto de baño y cinco minutos después mientras corría de un lado a otro buscando su ropa, los cosméticos, las llaves para salir de la casa lo había olvidado todo.

Llegó a la iglesia tranquilamente, se paró en el atrio a revisar su atuendo: adentro sus amigos estaban a punto de casarse. Y ella olvidó también, u omitió recordar que esa iglesia con la que alguna vez soñó años atrás.

U2 - Stuck in a moment.

18.5.10

Hanon: Ejercicio 4.

El aroma de la tierra después de una noche de lluvia te alegra, observas las calles limpias, brillantes ante el sol de una mañana que se despereza. Allá arriba, a donde no puedes ir, a donde elevas los ojos para mirar aún quedan girones de las nubes que se despedazaron a fuerza de gotas sobre las baquetas. Y miras en sus orillas los charquitos que han quedado tras el rastro de su existencia. Y te emocionas.

Bajas la ventanilla del taxi en el que te diriges al trabajo: un aire fresco y puro te da de golpe en la cara y en tu corazón se agolpan los aromas de tu infancia. El pasto lleno de gotitas de rocío a la orilla de la carretera, las nubes levantándose perezosamente para descubrir la copa de los árboles, en tu mente escuchas todavía el tintineo de las gotas estrellándose contra la ventana de tu recámara.

En las noches de lluvia te gusta sumergirte en las mantas e imaginar el rumor de las hojas de los árboles mecerse en el viento, en la vieja casa de tus abuelos y todo vuelve a su sitio. La puerta de madera pintada de azul, el piso de mosaico amarillo y un viejo quinqué. Las noches de lluvia también te saben: a buñuelo, a leche quemada, a gordita de cuajada en hoja de roble. Y das gracias por las cosas simples que todavía te pueden hacer sonreír, por esa sensación de que lo bueno, siempre estará bien.

Sales de puntillas al balcón y extiendes la mano para tocar la lluvia: el taxi llega a su destino y bajas. Pero de alguna forma, todo es mejor.

(We only come out at night - Smashing Pumpkins)

19.4.10

Hanon: Ejercicio 2

Necesitamos historias de amor. Necesitamos saber que más allá de los tres proverbiales años que dura el amor, más allá de la fecha límite en que nuestras hormonas se disuelven en el mar de la cotidianidad, hay un más allá, una historia digna de contarse, una emoción que nos arrebate de este mundo para instalarnos definitivamente en la locura. En el claroscuro donde perecen aquellos que se atrevieron a dejarse perder en el mar silencioso de otros ojos.

La emoción de un beso que se queda vibrando en tus labios aún cuando ha terminado, el vértigo de ese instante en que todavía no quieres abrir los ojos, porque temes que la intensidad se desvanezca.

Todos necesitamos una historia de amor, ficticia, imaginaria.

Vamos escogiendo los momentos que nos arrebataron el aliento para construir una mitología personal en la que hay un abrazo final en el cual nos disolvemos, nos creamos, dejamos de ser parte para ser completos. No hay almas gemelas, no hay partes de ti que estén en alguien más, pero requieres perderte en el aroma de una piel que aún no conoces para descubrir quien eres realmente.

and i'm so sad
like a good book
i can't put this
day back
a sorta fairytale
with you
a sorta fairytale

with you

14.4.10

Hanon: Ejercicio 1.

What does this mean? In love or in peace, would you be lying next to me?

Se cierran las puertas del metro y la marcha comienza lentamente. Allá atrás (allá a la derecha) se van quedando todas las personas que no conoces, que no puedes conocer. En un abismo de rostros anónimos se arrebolan esperanzas y sueños. Atrás (a la derecha) se van quedando esas sombras de la ciudad que te sirven de entretelones para cambiar de acto: de la escuela al trabajo, del trabajo a la casa, esa misma construcción anónima que habitas, y en la que todo se desarrolla en tu recámara o en lo que gustas de llamar sala. Todo no es más que un decorado circunstancial en una combinación de anónimos y antónimos.

Cruzas viejos caminos que no te llevan hacia ti, que no te llevan hacia nadie. No hay un sabor de labios amargo en los tuyos, no hay un temblor en tus pupilas que refleje las lágrimas de otros ojos... lejos de las nubes del dolor, en un mundo por el que pasas, pero al que ignoras. Deja que otros lloren a través de tus cicatrices. Dentro del lienzo ordinario de tu espera, reúnes el valor para arrebatarle a otros los demonios, necesitan que te atormenten, necesitas sentir de nuevo, y llamas a la nada.

Far out, beneath the sorrow clouds...

Las puertas se abren y un nuevo mar de rostros anónimos inunda tus pupilas sin llegar a estremecer tu alma, entre la gente vas abriendote paso, esperando escuchar una llamada que cruce viejos caminos, que le permita llegar hacia ti. Buscas ese sabor ausente de besos que aún no has probado. Atrás (y abajo) vas dejando esa pena desesperanzada, esa soledad que te muerde las orejas y te susurra al oído promesas de futuros mejores. Deseas yacer junto a alguien, mentirle a alguien, deseas llorar por las cicatrices de otros.

Become the language of disaster and love, vengance and... she calls to him.


12.3.10

Cuentos para muchos y cuentos para una

Cuando tenía 18 años fui a visitar a mi familia en Chicago, como cualquiera del pueblo tengo una cantidad indeterminada de parientes en el Gabacho, o como cariñosamente suelen referirse a él, en Estados Unidos. El día de mi cumpleaños me llevaron a dos lugares que cumplían con todas mis expectativas y sueños: la pizzería donde comía Al Capone y una librería.

Luego de comer cantidades industriales de pan-pizza cuadrada y caminar por el centro tomando las fotos turísticas de rigor, llegamos a un establecimiento que parecía todo, menos una librería. Al menos no como las conocía yo.

La primera librería a la que fui se llamaba "Piedra Angular", si me preguntan, es un gran nombre para una tienda de libros. Ahí, mi mamá le suplicaba al dependiente que le mostrara un libro para niños, pero que fuera grueso. El dueño de la librería se subió a una escalera y extrajo de una pared inmensa cubierta de libros dos ejemplares de Michael Ende: Momo y La Historia Sin Fin. Cada año, mi mamá y yo regresábamos y ella me compraba un libro, le escribía una dedicatoria por mi cumpleaños y yo lo leía con avidez. El local era pequeño y los libros se amontonaban unos sobre otros en un desorden de lomos brillantes y encuadernaciones sin pretensiones. Olía a libro nuevo y un único foco de 100 watts iluminaba el reducido y atiborrado espacio.

Ese cumpleaños, el número 18, llegamos a una librería amplia, con sillones en los que la gente podía sentarse a ¡leer los libros! Una cosquilla de gozo se apoderó de mí. Sentada en la alfombra junto a un librero ordenado que exhibía las portadas y encuadernaciones de pasta dura y hojas cosidas, empecé a hojear algunos libros.

Mi inglés no era muy bueno, pero decidí comprar dos libros: me guíe por los dibujos. Eran autores que jamás había escuchado, un año antes me habían regalado "En El Nombre De La Rosa". Lo había elegido porque era grueso y porque tenía frases en latín. No obstante, mi infinita petulancia no encontraba autores conocidos, claro que ahí estaba "El Amor y Otros Demonios", pero ya lo había leído y no podía evitar pensar que sería una monserga leer a García Márquez en inglés. Mi ignorancia me sobrepasaba, como sigue haciéndolo hasta hoy. Entre autores impronunciables, los libros que seleccioné fueron "The Umbrella Man" y "Habibi". Una novela y un libro de cuentos.

Finalmente tardé mucho tiempo en leerlos. Lo cual puso a mi madre muy contenta porque tenía la regla de no comprarme libros hasta que los terminara. Confieso que la novela la leí con desánimo. Pero los cuentos se volvieron una parte escencial de mi imaginario personal. Me gustaban los giros de las historias, los finales inesperados, la ironía del destino de sus personajes, inclusive el lenguaje en que estaban escritos, me proveía de una atmósfera adecuada para las historias. Son cuentos para niños, pero cualquier adulto, creo que los disfrutaría.


El autor era Roald Dahl, encontré la liga a una compilación de sus historias.


Feliz puente.

21.5.09

Prometería lo que no puedo cumplir ... pero para eso estamos en elecciones

Parroquial:

Rodion: el día que iba a ir a Las Quince Letras me fui a correr con mi novio, y llegamos con la mística disposición de echarnos una siesta para bañarnos y luego bajar al centro y despertamos a la 1 de la mañana.

Pude haber dicho que tuve que salir a rescatar al país de una inminente amenaza sanitaria, pero no. Por favor, una disculpa, aunque no la merezco y debo morir en una hoguera de leña verde.

Y sí, pido disculpas porque las disculpas se piden, eh, no se ofrecen. No vayan a andar ahí de mentecatos ofreciendo disculpas a sus ofensores.

Por el twitter me enteré que hoy es día del psicólogo. Yo por acción de reconvención he borrado todo post que hablara mal de los hombres, eso se lo debemos a la mía. Entre todos vamos a comprarle unas flores y unos chocolates. O no.

Abandoné el blog un tiempo porque estaba buscando llenar un vacío en mi vida, así que me fui de compras unos días y regresé con toallas verde manzana, jabones verde manzana y zapatos verde manzana. Amo el color verde manzana.

También desparecí porque no hay miseria en mi vida, y entonces, ¿qué les voy a contar? Podría decir que fui ayer con mis amigos a pistear y que en un determinado momento me di cuenta que soy muy feliz. Luego un viejo trató de apedrearnos por andar armando desmadre mientras él trataba de dormir a la interperie. Eso debió apachurrarme el corazón, pero por fortuna no tengo.

Prometería postear más seguido y encontrar miseria en mi vida. Que seguro lo haré (lo de encontrar miseria), pero como es temporada de elecciones lo único que se me antoja escribir son diatribias contra el populacho electorero, Carlos Loret de Mola y el virus de la influenza, y para eso... para eso les basta con encender su televisión y no necesitarían tomarse la molestia de venir hasta acá, así que me abstendré.

"Hasta acá" como si de verdad fuera tan lejos.

24.1.09

Juego

Ayer fuimos a una carneasada, fue muy divertido aunque he de reconocer que para carne buena el norte del país. Y no, aquí no es el norte.

Mi gran ilusión en la vida es que el día 2 de febrero es no laboral y que el 30 de enero se está organizando una noche para ver estrellas en alguna ruina arqueológica cercana a esta ciudad. Yo quiero ir y ver alguna lluvia de estrellas, pero con la suerte de perrillo que tengo, seguro ese día amanece nublado o me da una gripe marca diablo.

Como hoy que me duele la garganta y el estómago y me siento fumigada.

Sniff.

18.10.08

Carísimo de París

Hoy fui a buscar un smartphone para por fin entrar de lleno a la era tecnológica. Hay cosas muy lindas, oh sí, muy bellas y tecnológicas y con teclados brillantes y pantallas enormes, cámaras de gran capacidad y hasta unos que graban video con calidad devedé. Pero todos los que me gustaron son carísimos de París

Inalcanzables.

Yo culpo a Wallstreet. Exijo un rescate bancario, que se depositen de inmediato millones de dólares a mi cuenta y que tenga saldo por siempre jamás y acceso ilimitado a internet y la cámara matona, y pueda ver videos de iútub

11.10.08

Mi muy estimado señor (addendum)

Porque usté, que ha estado de pequeñoburgués calentando silla, haciendo más planas sus posaderas, echándole cafecito a las donas y reposando las lonjas al calor de esa charla de messenger, mientras se arrulla con el cuchicheo secretarial, lo pidió: el addendum de frases corporativas y sus significados verdaderos.

  • Mi muy estimado señor: "mira guey"
  • Con un cordial saludo: "sobres bye"
  • En atención a su distinguida persona: "porque si no te aviso, luego la haces de jamón".
  • Sin otro particular por el momento: "ahí cuando se me ofrezca otra cosa, te vuelvo a chingar".
  • Tenga la certeza de que hemos evaluado su propuesta: "nel".
  • Lamentamos informarle que de momento nos es imposible responder afirmativamente a su petición: "nel".
  • Si no se le ofrece nada más, me gustaría retirarme: "ya me quiero ir, neta".
  • Tenga las seguridades de mi consideración más distinguida: "¿quién es este guey?"
  • Reciba un reconocimiento por el excelente desempeño que realiza al frente de la división equis: "mira tú".

9.10.08

It's not that I don't really know

Me sigue pareciendo sorprendente como es posible que subsista gente en cualquier ámbito que están diseñados para tener aire y sólo aire en sus cabezas. ¿Por qué? ¿Por qué hay gente que es incapaz de integrar un directorio de teléfono que más utilizan? ¿Qué demonios les cuesta retener la clave de la fotocopiadora en sus cabezas? Andan por el mundo con sus sonrisitas tontuelas, diciendo "ay, es que se me olvidó" y dejando que todos los demás recuerden aquellas cosas que ellos necesitan saber. 

Lo peor: se creen eficientes.

7.10.08

En el camino todos somos iguales

Bueno, claro que en el camino nadie somos iguales, pero no me importa.

Afuera de mi oficina hay trío de empleadas comentando con morbo sobre caídas y recaídas en el hospital. Yo las miro con profundo desdén mientras me regocijo en sentir un odio profundo por mi madre quien ha tenido a bien estampar mi vehículo automotor con una barda. 

Aquí es donde yo expongo las razones por las que considero que yo no debería manejar. Pero de verdad estoy de pésimo humor y lo único que quiero es mudarme a donde los adultos responsables actúen como tales.


4.10.08

Filias y Fobias

No me gusta:
  • La moda de las pulseritas de tela. Me parece chafas, de mal gusto y comunes. 
  • Que la gente traiga tenis tipo converse sucios. Me dan asquito.
  • Trabajar los sábados.
  • La combinación del color amarillo con verde limón.
  • El café frío.
Me gusta:

  • El café caliente.
  • El color verde georgia.
  • Tomar clorofila.
  • La emoción que me da cuando suena el timbre y sé que es mi novio.
  • El cielo cuando es azul.

1.10.08

No era adiós

En el marco de los niveles dramáticos debo aclarar.

No era adiós, pero resulta que soy la definición de la mujer patrañas, la que siempre ve catástrofes, la que intuye que todo termina de un momento a otro. Para mí no hay un mañana mejor, ni un instante perfecto... todo se derrumba.

Y claro, actúo en consecuencia. Soy la mujer extraña por definición, y en consecuencia soy tan común como todas, excepto que me paro sobre los ductos de ventilación del metro y enseño mis defecto mientras trato de ponerle cara de adorable al mundo. Yo sé que todo en mi es signo de interrogación al menos. Y tiemblo y espero. Todas somos así, pero las otras lo disimulan.

30.9.08

El oportunista de ocasión

No sé si "oportunista de ocasión" sea redundancia, pero igual si hubiera un oportunista que lo fuera aún y cuando no es propicio, supongo debiera merecer el respeto de todos.

Hoy todo mundo habla de la crisis financiera de Estados Unidos, hay ya conferencias y seminarios dedicados al único propósito de explicar la crisis y formas nuevas de sobrevivirla.

Realmente habría que preguntarse si todas esas personas cuya sapiencia ahora sale a relucir no habrían hecho mejor con ayudar a evitar la tan mencionada crisis. O el blogger que TIENE que postear sobre lo mismo que ya han posteado otros 40 mil individuos en la tierra. 

A ver, les explico: ya hay crisis. Ya está la cosa del nabo. El que no le entienda, muy merecido lo tiene porque hace 1 año ya que empezó el problema y andar por ahí diciendo que si Obama gana o pierde tendrá repercusiones épicas en su economía personal, no deja de ser ingenuo. Les diría porque, pero igual, ya deberían saberlo. Si no lo saben, pues... peor para ustedes. 

Zuatos.