Bueno, claro que en el camino nadie somos iguales, pero no me importa.
Afuera de mi oficina hay trío de empleadas comentando con morbo sobre caídas y recaídas en el hospital. Yo las miro con profundo desdén mientras me regocijo en sentir un odio profundo por mi madre quien ha tenido a bien estampar mi vehículo automotor con una barda.
Aquí es donde yo expongo las razones por las que considero que yo no debería manejar. Pero de verdad estoy de pésimo humor y lo único que quiero es mudarme a donde los adultos responsables actúen como tales.
2 comentarios:
¡Changos!
la culpa no es de tu madrecita (jajaja que chistosos se lee eso), es de la barda que se le ocurrió ser construida en ese lugar.
...yo por eso no tengo auto y me muevo en puro limusina, helicóptero..tu sabes
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