13.7.10

Hanon: Ejercicio 7.

But what will we do today? Maybe invent some senseless sentences to say...

Le das la primera calada al cigarro de la mañana, y le pones la llave a la puerta de la casa. Antes de girarte hacia la calle que te da la bienvenida en esa mezcla de ruido blanco compuesto por los motores de los automóviles que pasan, el murmullo de la gente que camina, sus pasos sobre las baldosas y el silencio en el que tú te mueves: nadie se dirige a ti.

Who says it isn't easy? Who says it isn't easily done?

Caminas lentamente disfrutando las vistas de esa ciudad que siempre te será ajena y que, sin embargo, no puede evitar que la llames tuya. Entras al mismo café, a la misa hora, para ver más o menos las mismas personas. La casualidad, a la que queremos conferirle los apasionamientos de nuestro destino, es en realidad, sólo azar combinado con la costumbre. En las mismas mesas, los mismos rostros, el mismo aroma de todas tus mañanas le confiere a la lluvia de la mañana una atmósfera melancólica que confundes con auténtica nostalgia.

Who says that we are crazy?

Las gotas de lluvia golpetean la ventana y sientes el frío a través del vidrio, el aroma del café te hace recordar imágenes que creías olvidadas. Unos ojos negros que te observan desde el otro lado de la mesa, expuesta ahí entre ustedes como un océano insalvable, un mar congelado sobre el cual sólo se erige hielo y nada más, sin un horizonte al cual mirar... el vacío entre ustedes, en sus palabras inconexas, en los silencios incómodos, en ojos que no se pueden encontrar.

Am I so derranged? Well if it's true, then so are you, but I, I would never had you changed.

Previsiblemente, en el lugar común, en el momento común, sientes la necesidad de salir a caminar entre la lluvia, como una especie de ritual que te permita purificarte de esos recuerdos que no consigues comprender. Dejas la taza de café sobre la mesilla, junto a la ventana. Algunos parroquianos salen de su ensimismamiento mientras oyen el tintineo de la campanilla de la puerta al cerrarse tras de ti. Por un breve instante, es lo único que se oye al interior del café, pero tú ya no lo escuchas: ya no escuchas más que tus pasos sobre la acera húmeda, y sientes las gotas caer sobre tu rostro, tu cabello y tus hombros como una ducha tibia y tímida que no se atreve a envolverte del todo. Te sumerges, a cada paso, en un recuerdo más lejano, en otras lluvias, en calles que no conoces, empiezas a imaginar que esos ojos te miran, que atraviesan oceános, vacíos y abismos para llegar hasta los tuyos, sedientos de esa otra mirada. Y lloras. Lloras sin darte cuenta, sólo sientes esa infinita tristeza, ese dolor sin sitio del propio vacío de tus ojos y enciendes otro cigarro y sigues caminando, porque finalmente, no hay nada que puedas recordar que no hayas vivido ya.

Canción: Senseless Sentences / Second Person

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