16.6.10

Cómo dejar las señalizaciones inoportunas

Me gustan los signos de tráfico. Me gusta su parco manejo de las imágenes, me remiten a la postergación de los ideogramas simples y me recuerdan que quizá también los faraones expresaban sus proyectos solares con bolitas y palitos.

La escritura como tal, desarrollo de un código extraño y a veces incongruente, nos ha llevado de la mano del desarrollo total de aspectos desconocidos y es inútil buscarle un signo a la congruencia. En los ámbitos en los que las resonancias ya no encuentran receptores, bastaría con cerrarnos las miradas para dejarnos de tomar la mano por las noches. No sé si es el compartir los sueños lo que los mata, pero dejé ir uno poco a poco, palabra a palabra y me imaginaba sus grafías destrozandose sobre nuestros rostros incrépitos, huyendo más allá de los bordes del ingenio, donde nos es imposible alcanzarnos a nosotros mismos.

Cuando era niña siempre quise tener un novio que hubiese nacido un veinte de febrero. Me parecía una fecha ociosa y mágica. Hoy la considero apoteósico anuncio de que en unos días, cuando el signo coincida cuatro veces en una fecha improbable, estaré temblando de miedo ante la posibilidad de futuros que se me escapan. Habría que dibujarnos un nuevo ideograma, dos que sean uno. Una compañía que lograse perdurar más allá del no sé que. Alguien que nos abrace en medio de esta neblina de incertidumbres.

Post originalmente publicado en Más Mary Kay y Menos Kafka el 2 de febrero de 2007

No hay comentarios: