Hoy hay pastel-de-cumpleaños. La verdad, es que ayer también hubo, y la semana pasada y la bronca de oficinas en las que trabajan más de 60 personas, es el hecho coyuntural de que suponiendo que la calentura tenga una distribución normal a lo largo de los 12 meses del año, cuando menos 5 personas cumplen años cada mes. Entonces psss, una semana sí y otra también, hay pasteles.
Y el ritual es más o menos igual: se compra un pastel de categoría mediana (ni muy muy corrientote, pero tampoco very-nice, porque psss tiene que alcanzar para las 60 personas o más que trabajan aquí, más agregados culturales) y se reúnen todos y siempre, siempre, siempre se hacen los mismos chistes.
El cumpleñero(a) dice que cumple veinti-tantos años, aunque hay algunos audaces que se avientan el perfil barato de decir "quince primaveras" (risas grabadas), le cantan la primera estrofa de "Las Mañanitas" y después, varias mujeres se niegan a partir el pastel, mientras dicen cosas terriblemente tontas como "es que yo no sé usar el cuchillo (salvo que sea con el prójimo)", o "es que no sé cortar pasteles" (reprobaron el diplomado en corte especializado de pastel cumpleañero-de-oficina), para que luego alguna desesperada termine partiéndolo para todos (los hombres ni se molestan, ellos de plano por el simple hecho de ser los hombres-machos-rudos de la oficina, pssss sólo cortan árboles, escalan montañas, matan grandes animales, pero pasteles, psss no). Luego la de más allá preguntará "¿Y qué tal me quedó el pastel?" (o alguna de sus variantes), la verdad, pues si uno fuera muy muy sincero le diría "como pastel oficinezco: baratito, de mal sabor y peor textura, pero psss ta bien porque es gratis y lo-que-cuenta-es-el-gestoooo", pero no, uno siempre debe responder "buenísimo, se ve que te desvelaste/desmañanaste haciéndolo" ó "pasa la receta", mientras se ríe socarronamente (si fuéramos caricaturas, pues además nos daríamos de codazos y guiñaríamos un ojo, pero no lo somos, somos todos serios burócratas que hacen bromas en un pastel).
La auténtica personalidad de cada uno aflora: desde el oficinista bueno que va por su pastel, se lo come culposamente y se retira en silencio, hasta los candorosos y auténticos buenos compañeros de oficina que conviven un rato y hacen sus comentarios tímidos pero simpáticos y se van, muy felices ellos con su pastelito... y claro, la de la gordita que nunca hace nada por nadie más y espera gratuitamente el afecto de todos por su enorme "simpatía" (el uso de las comillas es peyorativo) se la pasa preguntando en voz alta y con un tono afectado de voz si no había un pastel más grande, o uno más lindo, o de otro sabor, o si no hay "chescos" (¿¿¿???), o que si el platito no es lindo o lo-que-sea, preferentemente, entre más cercana está la persona a la tercera edad, más afectado será su tono de voz y el tiple buscará ser más añiñado.
Atento llamado a las mujeres del mundo: hablar con tiple de niña consentida es cero profesional. Se los juro por WallStreet.
Y yo, como pagué el pastel en efectivo y además le compré flores a la cumpleañera porque psss, me cae re bien, agarré dos rebanadas. Delgaditas eso sí, no vaya a ser que me desvíe de mi meta de tener cuerpo de actriz-porno-jarcor.
2 comentarios:
jajajajaja has de cuenta que trabajamos juntas.
jajajaja buenísimo que cuides tu linea para llegar a actriz-porno-jarcor... de esos sueños, la gordita de la oficina se la encuentra uno en todos lados, y nada mas mañe que una vieja hablando como chiquita o colocándose loción de niña.
Me desatrase de los que no había leído, insisto en que me gusta como escribís.
un abrazo
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