Y no, no son las elecciones.
En realidad no es un evento, sino uno de los miles que cada fin de semana (por lo regular en sábado) se celebran en ocasión de unir la vida de las personas.
En sí todos sabemos que el principal factor de divorcios es el matrimonio. Uno de cada dos matrimonios producen un divorcio. No obstante a muchos aún nos hace ilusión conocer a alguien que nos garantice escucharnos en la noche cuando llegamos cansados y de malas a cualquier lado, o que nos abrace, o alguien con quien procrear hijos, o envejecer. Y pues los amigos, reconozcámoslo no sirven mucho a este efecto. En cualquier caso, es una ocasión digna de decirle al mundo: "¿sabes? encontré a alguien y voy a empezar a vivir con esa persona, te invito a celebrarlo".
El problema, el problema es todo el protocolo abominable al rededor de esto. Partamos de una primicia básica: las bodas elegantes, sobrias y sin elementos kitsch no existen. Simplemente cualquier novia que se precie de serlo, se disfrazará para el evento: millones de revistas de bodas me dan la razón. Así que no discutamos. ¿Por qué se tiene que comprar un vestido inmenso, carísimo de París y que sólo utilizará una vez? No lo sabemos.
Quizá, como el número de chupadas que hay que dar para llegar al centro chicloso de las paletas de caramelo, el mundo nunca lo sabrá.
Pero mi punto es que todas las bodas están plagadas de detalles de mal gusto. Empezando por el anuncio.
Tú estás, tranquilamente leyendo el blog de Perez Hilton, sin molestar a nadie, en la tranquilidad de tu hogar, cuando te avisan por messenger: "me casooooooo" o "me casooo" o "me caso", en cualquier caso, e independientemente del número de o's que le pongan, nadie les preguntó. Pero ahí está el primer rescoldo de incomodidad, porque para empezar uno no sabe con quien se van a casar, o porque se van a casar, por lo tanto decir "felicidades" o "lo siento mucho" se coniverte en un dilema que hay que resolver rápidamente. Uno responde entonces: "Oye, pero qué noticia". Y el emocionado contrayente te empieza a contar que le han propuesto matrimonio. PROPUESTO. Es decir, todavía no se casa, faltan meses para la boda, que además a nadie le importa. Luego lo publica en Facebook, en Twitter y se convierte en el tema de cotilleo entre los conocidos y faltan meses aún. A veces inclusive años. Pffttt.
Después, llegan las invitaciones a las despedidas de soltera. Segunda molestia. Para empezar, yo no sé porque la gente hace fiestas para anunciar otras fiestas.
Lo bueno: es una ocasión para ver a tus amigas.
Lo malo: no son tus amigas y los eventos suelen ser predeciblemente aburridos.
Lo feo: el sobre. ¿Alguien me puede explicar a quien demonios se le ocurrió que uno DEBE darle una cantidad definida a la novia por ir a una despedida? De verdad, con 500 pesos yo me voy de peda, me divierto milchocomil y no le tengo que ver la cara a 14 morras que detesto desde la preparatoria.
Pero vas, porque es tu amiga y tienes que cumplir. Y llevar tu sobre, por supuesto.
Finalmente, llega la invitación. En un papel carísimo-de-París y en algún papel satinado con tipografía ilegible y con alguna cita bíblica de las no chidas* que te convoca a la ceremonia y recepción (dícese de la panchanga).
Lo bueno: la comida casi siempre es buena, y la música aceptable.
Lo malo: Tienes que llevar pareja, vestido (y verte bien en él) y tacones.
Lo feo: El cupón para la mesa de regalos y el número de cuenta bancaria para depósitos. Sí, leyeron bien. La gente bonita, es DEMASIADO para ti y tus gustos, por lo tanto, tu obligación a cambio de la buena comida y la música aceptable, es darles un regalo de una tienda carísima-de-París o de plano, ponerles dinero. Yo he estado tentada a averiguar cuanto costó el platillo y cubrir únicamente ese concepto.
Las tiendas que eligen para sus mesas de regalos por lo general son de esas en las que una servilleta para las tortillas cuesta 850 pesos y una vajilla ronda los 4 mil. Recorres la lista con la mirada en la espera de encontrar algo aceptable y por fin ves "250 pesos", al ver la descripción te descorazonas: "vaso, juego de 8".
¡¡!!
Llegas a la misa en que algún sacerdote chocheante (entre más de alcurnia la boda, más chocheante el sacerdote) les echa la parábola a los novios sobre la sumisión de la esposa, la responsabilidad del machín del hogar, intercambian argollas y nunca nunca nunca le pide besar a la novia. Salen los novios y la gente les echa burbujas de jabón (porque eso del arroz es CERO naïs) y todos se van al banquete.
Los novios parados en la entrada dan la bienvenida a sus invitados, junto a una serie de fotografías tomadas por algún aspirante a diseñador gráfico que hace chambas a cambio de comida es freelance, en las que se muestra lo "divertidos" y "espontáneos" que son los novios. En el salón todo es profusión de arreglos florales que combinan bases horribles con flores de presupuesto (desde claveles hasta nubes) con el capricho de la novia que salió carísimo-de-París y razón por la que en lugar de un arreglo decente de flores comunes, terminaron con esa combinación kitsch-monástica.
Te sientas en la mesa con 3 o 4 de las mujeres de la preparatoria a las que no tolerabas y les sonríes hipócritamente, mientras esperas que traigan la cena para no tener que hablar o que empiece la música para no volver a la mesa nunca. Pero todavía falta un último viacrusis: las entradas son galletitas ritz con queso filadelfia. Un plato con 12 galletitas en una mesa para 10 personas. Pudieron ser 20 galletitas o 10 galletitas, pero invariablemente deben ser tales que alguien coma dos galletas y los demás lo puedan ver con odio el resto de la velada. Y entonces, empieza el padre de alguno de los cónyuges a agradecer a todos que estén ahí, pasan un video de los novios desde que eran niños, hasta ahora. Uno cree que es para enternecer a la audiencia, pero en realidad es una cuidadosa selección de los momentos "triunfadores" de la vida de cada uno, un último marketing para el otro: "aunque en un año te pida el divorcio, no olvides que nacimos el uno para el otro".
Te sirven la comida: pollo insípido con verduras recocidas. Sic.
Siguen los rituales absurdos: el baile de novios, la liga y el ramo. Todo lo que yo pudiera decir, palidece ante la barrabasada que cada uno de estos elementos realmente denota. La naquez en su punto cúlmine.
Empieza el baile. El grupo es malito. El licor también. Pero te animas y dices "esto es como Caná, el mejor pisto es hasta el final" y te paras a bailar, estás ahí tratando de no golpear demasiado a los demás invitados cuando el grupo empieza el numerito "amenizador". Reparten máscaras de luchador, coronitas, lentes oscuros, espantasuegras, maracas, serpentinas, y de pronto estás en un carnaval. Cualquiera que diga que eso es una boda elegante está pirado.
Entonces los novios parten el pastel, y las gorditas solteras se hacen las machas y se llevan la rebanada a su casa para dormir con el pastel bajo la almohada y casarse.
Se van los novios, se quedan los ebrios. Los arreglos han desaparecido de cualquier mesa donde hubiera una mujer de más de 50 años. Los manteles están manchados, el grupo apesta en todo su esplendor, las mujeres se ven sudadas y cansadas de utilizar tacones por un número indecente de horas. Sales del brazo de tu pareja, completamente ebria, pero feliz y dices "no manches, me encantan las bodasssssh" y entonces, tu mejor amiga voltea y te dice radiante: "me casoooooo" y todo, todo vuelve a empezar.
3 comentarios:
buenísima y detalladísima descripción de un abominable evento
Dre Dre Dre bitter Dre..... te descubrí en toque de queda, he tratado de seguirte porque tu estilo me late cabrón, pero esto va más allá, creo que este es el post de tu vida, tu obra maestra!!!
Neta we, si no te encabrona: la siguiente vez que alguna pinche loquita me proponga casarnos, ¿puedo enseñarle este post?.
Mejor aún, ¿puedo enseñárselo a mis amigos que GOZAN las bodas y luego reírme con sorna en sus caras?. ¿Porfis porfis porfis?.
Besote desde los querétaros (ahora afiliados al PRI).
Manuel
Besotes hasta Querétaro, he de decirte con todo mi corazón que me alegra que no sea un estado panista "enymor"...
Y ¿qué pasó con tu blog? Se te ha extrañado.
Yo lo escribí a propósito de un ex-novio que osó invitarme a su boda- Zo-ta-co.
Si se los enseñas, será un honor.
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