I've always put my cards on the table
Ayer en la noche salí a platicar con LA amiga. Hablamos por supuesto de los mismos temas de siempre, dijimos las mismas cosas y llegamos a conclusiones parecidas. La gran ventaja de ser mujer es que uno puede hablar de cualquier cosa, digamos por ejemplo, del aroma del suavitel, llegar cada vez a las mismas conclusiones y siempre encontrar aspectos no discutidos del tema. Una mujer podría, presumiblemente, leer únicamente un libro en toda su vida y platicar sobre él siempre creyendo que ha llegado a descubrir un aspecto entrañablemente nuevo e inexplorado por la humanidad.
Los hombres, por supuesto no son así, y luego por eso se fastidian de hablar con sus mujeres. Pero esa es otra cuestión que se basa más en la incapacidad de los hombres de fascinarse con las minucias que con que posean realmente una capacidad intelectual superior.
En cualquier caso, a la altura de las 23:14 horas, llegamos a la sabia conclusión de que uno a lo que aspira es a dejar de ser un niño pequeño cuyas circunstancias hayan sido dictadas por los demás.
Verán: yo he vivido toda mi vida asumiendo los efectos que los actos de otros tienen sobre mi existencia (los estoy viendo papases míos). Estudié en la primaria que estaba atrás del trabajo de mi mamá, en la secundaria donde me dieron beca, música porque mi tía monja nos regaló un piano, tuve el cabello corto de niña porque no soportaba que me peinaran, y a pesar de mi afición al color rosa, mi recámara estaba pintada de amarillo.
Una vez intenté pintarla yo con mis crayolas, acción que tuvo efectos devastadores para mis sentaderas.
Desde entonces, todos aquellos actos que me han otorgado felicidad han sido aquellos que me permiten sentirme dueña de mis decisiones: comprar la bolsa extra mega grande de sabritones y no convidarle a nadie, fumar, comprar un perfume carísimo de París que utilizaré dos veces antes de que me cause náusea, o no utilizar aretes.
En este tipo de decisiones por supuesto se asume una parte de adultez (aspiramos a ser adultos maduros, autosuficientes, capaces de tomar nuestras propias decisiones), pero también un profundo egoísmo.
En ese sentido, hay algún tipo de decisiones que tomamos en este momento que van enmarcadas a hacernos sentir bien con nosotros mismos, a proyectar una imagen personal de lo que nos gustaría ser y que poco tienen que ver con la realidad. Se llama "autoengaño" pero también "activismo de escritorio".
Por ejemplo, podemos decirnos a nosotros mismos que estamos brutalmente en contra del calentamiento global, protestar en twitter o en FB sobre las acciones contaminantes de las grandes corporaciones y decidir que todos aquellos que consumen productos de unicel no merecen nuestra valiosísima amistad.
Pero en la casa dejamos conectados perpetuamente la televisión, el devedé, el radio. El boiler siempre encendido porque detestamos lavarnos las manos con agua "fría" aunque estemos a 48ºC, tenemos el clima encendido cuando no estamos en casa porque detestamos llegar a la casa y que esté caliente. Utilizamos papel extra ultra mega blanco, aunque sepamos que al reintegrarse al ambiente contamina la tierra o bien, tiramos el aceite del atún "amigo del delfín" por la coladera, sabiendo que el aceite de una lata puede contaminar hasta 16 litros de agua.
Y el punto es que ser adulto "madurito" también debería implicar tomar decisiones que no sean producto de tus ganas de engañarte para no hacer lo que tienes que hacer. Sí, es una hueva inmensa conectar y desconectar la televisión cada vez que quieres verla o utilizar servilletas color cafecito que además de verse feítas son carísimas de París. O ir al Oxxo a pie, en lugar de tomar el automóvil para comprar 1 paquete de sabritas y una coca light.
Pero no, nos dejamos engañar por la expectativa. Queremos que el mundo se solucione en base a las decisiones imaginarias que tomamos. Creemos que por decir "estoy en contra de la violencia", tenemos pase libre para comprar piratería o tolerar al amigo marigüanito que se siente "buena onda" por fumarse un churro.
Pues noticias: el decidir que estás en contra de algo no soluciona las cosas. El decir "esto es mi vida" no la transformará mágicamente. El problema de las expectativas es que te dan la sensación de que las cosas se van a resolver tan sólo porque así lo deseas, pero nadie hará por ti lo que tú no hagas.
Y como sociedad, no basta con decirle al presidente por twitter que estamos hartos de la violencia, es necesario voltear hacia nosotros mismos y ver cuales son los actos deshonestos que todos los días realizamos y que permiten la proliferación del crimen. Y crimen es tan matar a un narcomenudista como estacionarte en el lugar de los discapacitados. Basta de ser tan autocomplacientes con nosotros mismos y esperar que el mundo cambie.
Yo que toda la vida tuve que vivir con las consecuencias de las decisiones tomadas pero no ejercidas de un par de adultos, les digo: lo que no hagan por ustedes, nadie lo hará.
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