Y toda la familia se horrorizaba. Si bien, en el fondo de sus almas sentían respeto por la voluntad férrea con que mi prima negaba a su propio vástago buñuelos, tamales de dulce y raspados de vainilla con leche condensada, en el fondo de su alma condenaban que su hijo sólo supiera decir "no".
A la vuelta de los años, yo me convertí en una persona que dice "sí".
Pero en el fondo yo quiero decir "no", porque "no" es la mejor palabra de nuestro idioma, es nuestra defensa segura, nuestro límite, nuestro autorrespeto. Decirle "no" a la gente que sale con sus tonterías de último momento. Decir "no" es quizá la mejor experiencia del mundo, te libera, te ahorra dolores de cabeza, te evita andarle ayudando a la prima de tu tía a traducir su tesis del griego al latin antigüo a as 3 de la mañana, te permite mandar al diablo a la gente que nomás te habla cuando se sienten tristes o miserables y necesitan escupirte encima todas sus preocupaciones idiotas.
A mí me gusta decir "no". Pero... no me atrevo.
1 comentario:
Todos hemos querido decir que no, y luego respondimos con un Si :(
un abrazo
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