Así que, para mi consuelo, me aseguraron que algo encontrarían que hacer durante la espera retrospectiva para abordar el avión correspondiente (a la otra persona, no al mío, recuerden que yo ya me trepé en la aeronave designada para mi transporte) y que si no lo encontraba levantaría el puño y maldeciría al cielo. Lo cual me pareció no solamente apropiado, sino loable.
Exclamé entusiasmada: ¡yo quiero levantar en lo alto el puño y maldecir al cielo! Lamentándome enseguida de como jamás había tenido la oportunidad de hacerlo. Se planteó entonces, que el momento perfecto para hacerlo es cuando se cierra la escotilla del avión y comienza la secuencia de despegue.
Lo que me hizo recordar que yo sí tuve mi momento para levantar el puño en el aire y maldecir al cielo.
Perdí mi tren, y me quedé varada en medio de un país desconocido. ¿Pero qué hice? ¿Levanté el puño en el aire y maldije al cielo? No señores. No. Lloré como una mariquita sin calzones. SIN calzones, señores. Me asusté, me puse roja, corrí detrás del tren, alcancé a golpear el lado de la máquina mientras todas mis esperanzas, sueños e ilusiones se iban en él. Ok, no. Pero sí lloré, y con mis tres centavos de dignidad maltrecha tuve que ir a la taquilla y comprar otro boleto.
Luego resultó que era muy común perder trenes, que la gente los perdía todo el tiempo, así que sólo tenías que pagar una fracción del boleto y te podías trepar en el siguiente tren que salía en 10 minutos.
Con la edad, uno aprende, que la dignidad no se pierde en estos tiempos modernos por la libertad, el amor, la justicia social o la defensa de los inocentes. La dignidad uno termina perdiéndola por la menor de las tonterías. En el momento en que uno debería tomar una actitud de derrota que desafía al destino, uno llora, se asusta, se queja porque se cortó el dedo con una hoja de máquina.
Pero, júzgenme. Yo sé, que hay un mosquito que les molestará el sueño, una hoja de papel que les causará una herida, un día en que perderán el tren, se les caerá el celular en el agua, derramarán leche sobre sus documentos, y no levantarán el puño. Porque estamos acostumbrados a la tragedia idiota, a la desgracia de tres pesos, al vacío existencial del SITCOM.
Besitos fonkis.
1 comentario:
Totalmente acostumbrados a la tragedia, excelente como siempre.
un abrazo
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