20.7.11

Apología de la Internet

El recuerdo es la traición que cometemos todos contra nuestro pasado. Al final del día, recordamos aquellos trozos de realidad editada sobre los que hemos decidido construir nuestra identidad o fragmentarla o destruirla pero no constituyen más que reinterpretaciones y sin embargo, ahí está la red "de redes" (jijijiji) para enriquecer nuestros recuerdos, si es que no nuestra memoria.

A través de las actualizaciones del Facebook, del Twitter o de nuestro blog o Google+ podemos ir construyendo y reconstruyendo quienes fuimos, que sentimos, a que nos aferrábamos.

Podemos reconocer entonces que nuestros afanes se mueven en círculos concéntricos a partir de dos o tres acontecimientos que estremecen nuestra idea de "nosotros mismos" como una piedra que dibuja círculos concéntricos al caer en la superficie de un lago en calma. Así existen amores cuyo impacto es tan profundo que las ondas se convierten en olas tan grandes que llegan a las orillas mismas de nuestra conciencia y cuyo recuerdo (atrofiado como pueda estar) nos sorprende caminando en un centro comercial cuando alguien pasa a nuestro lado utilizando la misma loción, al leer un nombre, o simplemente al estar de buen humor. Hay amores con los que el buen humor es incuestionablemente relacionado y eso es bueno y terrible a un tiempo.

Y ahí está la red para ayudarnos a construir nuestros recuerdos, y en cierta forma para ayudarnos a olvidar, pero sobre todo para ayudarnos a construir nuevos recuerdos a soñar con cielos que no hemos visto y a mostrarnos todo lo que puede ser.

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