3.8.09

Migraciones

Irse o no irse del país es TODO un tema. La verdad es que yo admito que siempre me he querido ir. Aunque evito en la medida de lo posible salir con la mamertada de decir "es que allá (donde allá se entiende cualquier lugar allende las fronteras del país) es otra cultura gooooey", y reconozco que hay ventajas insospechadas de vivir en nuestro país tengo genes migrantes.

No en balde la mitad de mi familia está desperdigada por el infinito y más allá.

Y ahora que estuve en el DF andaba engolosada viviendo ese hype que tienen las grades ciudades y que para mí, en realidad, tiene cualquier lugar que no conozco y que ofrezca perspectivas culturosas de poca monta.


El jueves en la noche que venía de Guadalajara estaba escuchando una entrevista que le hacían al nuevo premio de novela Alfaguara: Andrés Neumann. La locutora, además de dedicarse a echarle el calzón le preguntó que cual de los tres géneros (poesía, cuento, novela) prefería. La respuesta me gustó: dijo que a él le gustaba estar en la frontera entre los tres, como en Iguazú, donde convergen Brasil, Paraguay y Argentina. En muchos aspectos México es esa frontera donde todo se mezcla y ciertamente ahí es donde más desmadre hay, pero también donde las formas de vida pueden entremezclarse para resurgir de sí mismas bajo la luz del mestizaje. Somos mestizos de ideologías, tradiciones, al contrario de Andrés Neumann nosotros ya vivimos en este producto de las convergencias caóticas.

Uno sale al extranjero a ya no sorprenderse, a confiarse de que los transportes públicos están carentes de sobresaltos, a caminar tranquilo por las calles con su gente extremadamente fría y educada. Por eso nos asombramos de encontrar vendedores de imitaciones en las calles de París, mendigos en los metros europeos, mercados con vendedores ambulantes, puestos callejeros de elotes y demás porque en el fondo, esos rastros de caos son saludos de una realidad desbordada de sí misma con la que nos acostumbramos a convivir y a la que extrañamos.

En alguna ocasión me tocó presenciar un bloqueo del metro en una metrópoli europea. Fue divertido ver a los oficinistas made-in-el-extranjero como locos, perdidos, leyendo los mapas de los camiones sin entenderlos, correr hacia un taxi desesperados, colgados de los camiones, con miedo en sus ojos, pensando que jamás llegarían a sus casas. Mi mamá y yo caminamos lentamente hasta el hotel, durante casi tres horas, porque estábamos bastante lejos, y mi mamá, cansada, pero divertida por el espectáculo de la ciudad ordenada hecha un caos, atinó a decir: "parece México".

Todo lo que relacionamos con nuestro país es el bullicio del desorden. Pero es también lo que nos da riqueza.

De todas formas, a veces, uno aspira a veces a la tranquilidad de un clima en el que SIEMPRE llueva, de un café donde el servicio quizá no será bueno, pero siempre será el mismo. Los mexicanos somos suspirantes de la confianza que nos dan los extranjeros, por eso los tratamos bien cuando vienen, porque nos da un poco de vergüenza que un día hay transporte público y otro no, que quizá haya carreteras, que tal vez no se respeten sus reservaciones de hotel. El secretario de turismo debería promocionarnos con el mismo "lo que no pasa en México, no pasa en ningún lado", con que nuestras abuelas lo explicaban todo.

A mí me gusta México, pero no sé si siempre quisiera vivir aquí, aunque no me imagino viviendo en ningún otro lado.

5 comentarios:

Rodion dijo...

Yo me quiero ir. No por que no me guste México o por que ya lo haya superado, naaaa. Estoy seguro que no lo abarco.

Yo lo que quiero es perder las raíces, empezar se cero, sentir la aventura y la incertidumbre de pode correr para cualquier lado quiero no ser en medio de todos los que ya son.

Lo rico es dejar que el lugar te cambie, en eso estaremos de acuerdo la mayoría, ¿no?

Unknown dijo...

"Yo lo que quiero es perder las raíces, empezar se cero, sentir la aventura y la incertidumbre de pode correr para cualquier lado quiero no ser en medio de todos los que ya son."

Yo también siento eso muchas veces. Se necesita la renovación a la que sólo accede el que lo deja todo atrás.

Anónimo dijo...

No se... creo que al quedarse uno estaría limitándose en experimentar nuevas cosas, y al final uno terminaría con el "que hubiera sido si..."

Unknown dijo...

Una cosa es quedarse y otra muy distinta no ir.

Me explico: quedarse es haber tenido la oportunidad de ir y dejarla; no ir, es simplemente no buscar esa oportunidad.

La vida da demasiadas vueltas, y los hubieras son ejercicios ociosos del pensamiento, adicción de los melancólicos y malos para el cuerpo.

"Jonas™" dijo...

A mi me encanta México, con todo el caos que implica vivir en el Distrito Federal, desafortunadamente también están la cuestión de la escasees de empleos o la mala paga.
Si me ofrecieran un buen trabajo creo que con facilidad me desprendería de mis "raíces" , aunque olvidarlas no lo creo.