28.7.10

Vacaciones 5/7

Viajamos de Celaya a León.

León es la ciudad más inescrutable del universo para mí. Si bien en Google Maps parece una ciudad como cualquier otra, lo que mi mente entiende es algo así:

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Así con los tres asteriscos y todo.

Inescrutable.

Digan "inescrutable" tres veces: dejen que el dolor de esa palabra les duerma el cielo del paladar, se dulcifique en sus glándulas, que les atasque, les provoque mareos. León Guanajuato me da dolores de cabeza. Lo descubrí a los 13 años que fui por primera vez y lo he comprobado cada que vez que voy. La gente es hermosa, amabilísima, su clima: privilegiado, tiene áreas de gran desarrollo y modernidad y cliché de clichés, encontré zapatos. Igual me da dolores de cabeza: no es la ciudad, soy yo y mis imposibilidades genéticas. Hay gente que batalla para digerir el brócoli, otros que desarrollan extrañas (y envidiables) alergias a los crustáceos, los de más allá nacieron con dos pies izquierdos, jamás podrán aprender otro idioma o carecen de oído musical. Además de sufrir esta última afección, yo encuentro León Guanajuato inescrutable.

Duré una hora perdida, pasé por pasajes inverosímiles que estoy segura que salieron de mi cabeza: canales de aguas negras, montañas con pirámides de cemento, edificaciones de tintes musulmanes. Si mi mamá no hubiera ido en el asiento contiguo, seguramente me habría tenido que estacionar para asegurarme a mí misma que no había enloquecido. Encima de todo: todas las calles me parecen el mismo cruce: Adolfo López Mateos y Torres Landa.

Al final todo fue bien: excepto que me cayeron tormentas en la carretera, señoras tormentas que evitaban ver el carro de enfrente y que me obligaron a "orillarme a la orilla" en una ocasión. Recordé cuánto me gusta ver llover, quiero que el cielo truene, que se llene de relámpagos que lo crucen de lado a lado. Más que el fuego, creo que el agua purifica y yo necesito, necesito en calidad de urgente: lluvia, cambio, agua. Hay días en que siento que me asfixio en la misma rutina, en la misma incertidumbre, ya quiero que sea 12 de septiembre.

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