6.5.10

Mayo

Me gusta mayo, me gustan sus tardes calurosas, sus lluvias repentinas. Me gustan los arcoiris que se observan en las carreteras cuando uno va de A a B y hacia B cae la lluvia y tras de uno se pone el sol. Sus cielos abiertos y sus noches cálidas.

En Monterrey me parecía deliciosa la experiencia de estar tomando una cerveza helada en la terraza de algún bar, con la espalda descubierta, en una falda y sandalias de tiritas. Odiaba los restaurantes que ponían el aire demasiado frío porque todo el look veraniego perdía su encanto, aunque secretamente les perdonaba porque la experiencia de salir al calor de la noche era maravillosa. Nada como un frío perturbador para agradecer una noche tibia (que no hirviendo o calor deshidratador). Y como el frío y el calor varían de persona a persona, pueden irse a refundir sus comentarios perdedores de "hace mucho calor" en la parte de su cuerpo que les plazca a menos que genuinamente la temperatura sobrepase los 40º (a 38º también se pueden quejar).

De mayo recuerdo las tardes de vestidos blancos y agua de colonia Sanborns. El olor de los nardos y la frescura del templo al que me llevaban a ofrecer flores cuando era niña. Era una de mis actividades predilectas: la ropa, los zapatos blancos, las flores en sus varitas inmensas, la caminata por el centro de la iglesia, el resonar de la baqueta de mis zapatos infantiles sobre las baldosas del piso.

Me gusta el sabor de la mermelada de guayaba mezclada con helado de vainilla, el color del cielo, los atardeceres de las ocho de la noche, el viento fresco que se te cuela por la falda mientras caminas por calles adoquinadas. Los pájaros, la luz del sol sobre las hojas de una magnolia.

Me resulta muy difícil deprimirme en mayo y mi periodo menstrual ya pasó. Así que no sé de que putas madres voy a escribir ahora.

1 comentario:

Campanula dijo...

Sobre lo bien que se siente ser feliz.
:)