20.8.10

El sueño como ejercicio de anhelo

Y he aquí que uno sueña cosas. No en la forma convencional o no tan convencional que presenta Inception, no dormido, sino de forma aspiracional. Uno sueña con la boda de vestido blanco, el puesto en la empresa, los hijos rubitos, o la consolidación del imperio.

Se trata de los highlights del camino. Los puntos en los que se podrá narrar nuestra vida más allá del protocolario: nacer, crecer, reproducirse y morir. Y a estas alturas de la vida ya hemos pasado por algunas de ellas, a la izquierda pueden observar la educación elemental, más adelante y bordeada de ribetes y olanes se encuentra la primera relación amorosa de relevancia, a la derecha por supuesto, con tintes modernistas que resultan antiguos la educación universitaria con sus amplios espacios al aire libre y su cáustico aroma de derecha extrema.

Nos quedan algunas paradas por hacer: el primer matrimonio, el divorcio, el nacimiento de los hijos, quizá el viaje familiar a Europa o los 25 años de casados. Eso es nuestra vida: una serie de eventos dignos de fotografiarse que vamos acumulando en memorias digitales.

Lo cierto es que no: el sueño como ejercicio de anhelo puede resultar bastante pobre. Porque sí, sueñas con la boda, pero no sueñas con los frijoles quemados y el marido hambriento. Sueñas con los hijos, pero te brincas olímpicamente los dolores del parto. Crees que ese viaje a Europa te hará feliz y regresas llorando 12 horas porque el marido se te fue con una francesa topless en la primera oportunidad que tuvo.

La vida es una sucesión de eventos sobre los que no queremos hablar jamás, entrelazados con los highlights tradicionales.

Yo le puedo mostrar a quien me lo pida mi título universitario: ni de lejos le dará idea del ruido de las hojas del aguacate que estaba en el patio de la primera casa a donde llegué a vivir en Monterrey, o del instante justo en que entendí para que servía el modelo Black-Scholes.

Sí, el sueño te ayuda a llegar al final del semestre, pero jamás podrá capturar las desveladas, el miedo, la emoción, el alivio. Los últimos días que he vivido, se sienten como final de semestre. La luz ha tenido últimamente una cualidad más amarilla y triste de lo habitual, como anunciando finales, cierres de ciclos, despedidas. O tal vez soy sólo yo. Las mañanas son grises y frías y las tardes asfixiantes y lentas. Como diciendo "ya, esto tiene que terminar" y al mismo tiempo, impregnándolo todo de un miedo injustificado.

Tan triste todo, y yo, sin sueños que perseguir.

1 comentario:

Unknown dijo...

Me gusta mucho recordar cosas intrascendentes: el color del cielo, un sonido en particular. La memoria es caótica y arbitraria.

Eso me fascina.

Te sugeriría que escucharas música de John Cage. Retrata mucho lo que pienso del subconsciente.