12.12.10

El post triste de rigor

Pos pa' eso es el blog, ¿qué no?

Para cuando uno cruza la mítica barrera de los treinta años ya sabe más o menos como funciona su mente. Más o menos: habrá cosas que nos sorprendan, otras que nos enorgullezcan y otras que no sepamos ni porque o como llegaron a estar ahí. En términos generales yo sé que mi mente tiende a la nostalgia, producto de haber leído demasiadas tonterías cuando estaba muy pequeña (mi mamá me leía la historia de los Genios de la Música en lugar de cuentos y todos, todos, todos tuvieron unas vidas asquerosamente miserables) y de ciertos desórdenes hormonales que si bien, no vienen a cuento, se regulan con ejercicio y una dieta balanceada.

También sé que yo tengo problemas con la deslealtad. Yo sé que en este mundo moderno es infantil esperar que la gente sea fiel toda su vida, que no se enamoren de alguien más, etcétera. Lo que me priva es ver como la gente, en aras de no tomar responsabilidad y enfrentar sus problemas son desleales consigo mismos y con la gente que ha decidido confiar en ellos.

Ahí tenemos al señor respetable que ha descubierto que su flamante esposa le pone el cuerno y entonces, decide él a su vez emprender una relación extramarital. ¿Por qué no vas y le dices a tu mujer que no te complace saber que se acuesta con otro? Porque así tienes el pretexto perfecto para permitirte acostarte con otra, para conquistar, para sentir la emoción que se esfumó tras tus primeros años de un matrimonio lleno de conflictos. Pero no sólo eres infiel, eres desleal, desleal para la mujer con la que te involucras porque tú sabes que en el fondo, quieres a tu esposa, que no la vas a dejar y que es una especie de revancha de tres pesos. Con el tiempo la relación crecerá, se complicará, tendrán quizá un hijo y quizá tengas hijos también con tu esposa. Mientras, tu cobardía seguirá complicando las cosas. Cuando era tan fácil enfrentar a tu marida y decirle "oye, esto no me gusta: vamos a seguir casados viendo a otras personas" o "vamos a divorciarnos" o "mejor tengamos sexo entre nosotros", pero no. En lugar de resolver tu bronca, vas y te metes en otra. Y así, ad nauseaum.

Y así en una y otra y otra relación: la de los novios que se ponen el cuerno, la de la novia que odia que su novio tome pero cree que una vez casados se reformará, la del empleado que se siente subutilizado pero no quiere hablar con su jefe porque le es cómodo mantener el salario y el estatus.

Queremos decir "me pasó esto" cuando en realidad, todo es producto de nuestro egoísmo y de nuestra cobardía, queremos la salida fácil, la que no nos cuesta enfrentar que quizá no nos dan más responsabilidad en el trabajo porque no hemos hecho lo necesario para adquirir las habilidades que nos hacen falta o nuestro matrimonio no funciona o lo que sea. El punto es que nos somos desleales a nosotros mismos y al final de cuentas, eso es algo completamente estúpido.

O lo que quizá quiero decir es que a nadie le "pasan" las cosas, ni nadie "se equivoca" al tomar una decisión. Pudimos haber elegido en contra nuestra porque era más fácil dejarnos llevar que luchar por lo que en realidad queríamos, pero fuimos nosotros los que lo decidimos así.

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