El 2011 ha sido un año muy difícil. Seguramente no especialmente para mí, pero no puedo esperar a que termine. Este será el último post de este año.
Del 2011 son pocas las cosas que quisiera recordar y muchas, muchas, muchas las que no quiero volver a vivir jamás. Fue complicado desde el punto de vista personal. Quizá, admito con un poco de vergüenza el primer año duro que me toca vivir.
Termino el año exhausta.
Para mí, me deseo que el siguiente año tenga yo los suficientes pantalones (¿faldas?) de mandar a la gente al demonio en cuanto perciba que esperan de mí algo que no puedo darles. Creo sinceramente que establecer límites a lo que los demás piden de ti es la única forma de ser feliz. El requisito indispensable. En el addendum de este post, más comentarios sobre la felicidad (¡yeiii!).
En el 2011 aprendí muchas cosas:
Aprendí muchísimo sobre el cáncer de seno. Mujeres del mundo, por favor, si alguna de ustedes lee mi blog y tiene más de 40 años, hágase una mamografía. Arriba de 35 ultrasonido en el pecho cada año y si tiene riesgo de cáncer por que algún familiar directo haya tenido, vayan al doctor YA (a un oncólogo por favor, los ginecólogos QUE YO HE CONSULTADO desgraciadamente poco se preocupan por las implicaciones de las terapias hormonales y en mi corta experiencia ninguno te pide antecedentes de cáncer o un perfil hormonal antes de embutirte pastillas anticonceptivas para lo-que-sea).
Aprendí también a decir "no" cuando algo no es bueno para mí, cuando no quiero algo o cuando algo no me da mi gana. Aún a veces, a pesar de mi misma.
Aprendí que sobreanalizo las cosas.
Y aprendí que no toda la gente que es tu amigo sabe ser el amigo que tú esperas que sean y que también eso está bien.
Aprendí que el triptofano y el ejercicio pueden mantener mi depresión a raya.
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Un último comentario sobre la renovación.
La renovación es necesaria. No fuera así, no tendríamos años nuevos. Ojo, también tenemos aniversarios. El hecho de que los seres humanos contemos el tiempo refleja nuestra increíble necesidad de cambiar y mantener.
Lo que no se renueva se pudre, lo que no perdura resulta insatisfactorio. Es cierto, necesitamos renovarnos y cambiar para evitar que la rutina amague nuestras esperanzas y alegrías. Todo cambio es una pérdida y no siempre es bueno perder.
Confieso que a mí me aterra (como a toda una generación de desadaptados sociales que nos creímos el cuento de que teníamos que cambiar todo constantemente) la rutina, el compromiso, el estancamiento. Pero me gustan los aniversarios: me gusta mirar atrás y ver que he recorrido un camino, que no soy la misma que hace un año, que espero no ser la misma en diciembre de 2012, ni del 2013 ni del 2033. Pero para no ser la misma, necesito saber quien soy y quienes quiero que estén ahí para mirar conmigo hacia atrás y presenciar el cambio.
Como el árbol que cae en la mitad del bosque y nadie lo escucha, la renovación no significa nada si no somos nadie. Y para ser nosotros mismos, necesitamos ver nuestro reflejo en los ojos de las personas que queremos. Ese equilibrio delicado, me parece que es ingrediente indispensable de la felicidad.
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Para el año 2012 deseo que cada quien empiece renovado, que tenga cambios de casa, de trabajo, de amigos, de ciudades, de ambiente, de música... y tenga con quien compartir todo lo que ha cambiado en la víspera del 1° de enero de 2013.
¡Salud y que sean delirantemente felices!
1 comentario:
Salud!! y que todos tus deseos se hagan realidad
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