22.1.12

Enero 2012

Vivian Maier
El cambio de año me agarró dormida, cansada y en otro país. Luego vino el regreso al país, al trabajo y a la rutina y el problema con nuestras rutinas es que llegan justamente a constituirse en ello porque no nos dejan tiempo para escapar de ellas. Luego son como una amante celosa que se encarga de hacer miserable cada instante de nuestras vidas cuando tratamos de retomarlas después de nuestros breves abandonos: levantarse a la misma hora que siempre comienza a convertirse en una tarea titánica, trabajar las usuales 10 horas resulta abrumador y responder 245 correos por día parece imposible. Hasta que poco a poco la rutina va cediendo y nuevamente nos instalamos en nuestra zona de confort, claro que para ello hemos de haber renunciado al cine, a las amigas, a las salidas nocturnas y por supuesto, al blog.

Pero héme aquí, luchando no contra, sino al lado de mi rutina para incorporarle nuevos elementos o viejos y hacer que enero 2012 sea un mes, rutinario sí, pero grato.

A pesar de que no creo en los propósitos de año nuevo (en mi mente, cualquier martes o día par del mes es tan bueno como para empezar a hacer algo si realmente quieres hacerlo) empecé el año con dos nuevas adiciones a mi rutina: el gimnasio y una batidora. Mi primer batch de galletas (con sal) lo regalé todo, y sigo insistiendo en que fueron mis mejores galletas de toda la vida. La receta obviamente la tomé de Crèpes of Wrath mi único y verdadero amor blogueril de recetas.

Las primeras dos semanas de enero siempre me resultan confusas porque no sé hasta que día con exactitud uno deja de desearle feliz año a las personas. De modo que sí, uno quizá no ha visto a su interlocutor desde diciembre del año pasado, pero ya es 13 de enero y quizá lo han felicitado unas cuarenta y siete veces y decirle "feliz año" se convierte más en lugar común y fórmula social sin sentido como decir "salucita" en una cantina ya a las tres de la mañana, cuando todos intuimos la falsedad de nuestras aseveraciones y quizá decirlo nos haga aún más cínicos de lo que somos, y seamos honestos ¿necesita el mundo mayor cinismo?

Otro tema que me revuelve la tripa es el correo laboral con felicitación incluida. Yo me confieso autora de varios. El problema es que el que lo recibe sabe que nuestros deseos de prosperidad para el año que empieza falsos y que nuestro verdadero propósito es obtener la cotización tal o el documento fulano. ¿Y eso qué?

Pero lo que sí me deseo (y les deseo, ¿por qué no?) para este 2012 es alguien a quien tomar de la mano. Sí, tomarse de la mano es un gesto cursi fuera de moda y mortal para aquellos que presumen de pertenecer a los altos círculos del cinismo, pero tener a alguien que te tome de la mano, inesperadamente a media calle porque desea compartir ese pequeño vínculo que concatena a dos personas sin ser realmente un gesto abrumador y excesivo como un abrazo (yo amo los abrazos, pero sólo de ciertas personas y en contadas ocasiones) o un beso; tomarse de la mano con el otro, en la calle, requiere de todo el valor del mundo, rompe la barrera del espacio personal del otro, la nuestra, y dice "ey, aquí estoy" y por ridículo que parezca, lo que yo quiero este 2012 es estar ahí, y que alguien esté para mí.

Feliz año.

Dre.

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