16.8.11

Tu amor es una trampa... una trampa maldita

Ya lo dijo Ana Bárbara mejor que yo. De todas formas, he aquí mis dos centavos.

El otro día, dijeron en Twitter con gran indignación (que es como se deben decir las cosas en Twitter) que era increíble que las mujeres que estaban con hombres violentos (física y emocionalmente) no lo vieran.

Pues fíjense que uno sí lo ve.

También dijeron que si una mujer lo ve y se sigue quedando ahí es porque tiene la autoestima hecha una mierda.

Pues fíjense que sí, pero no es como ustedes creen.

Ustedes creen que una mujer que está en una relación de violencia (física o emocional, o combo ganador: ambas), lo está porque es insegura, habla bajito, se viste como monja, está convencida de que nadie la querrá y merece, claro, lo que le está pasando: "lo está viendo y sigue ahí". Su actitud no ayuda mucho, pero bueno, ustedes que tienen vidas perfectas, que saben de eso.

En mi caso la violencia surgió de la admiración que sentía yo por el individuo en cuestión. Su intelecto me arrobaba, genuinamente (y se lo dije en alguna ocasión) sentía que él ampliaba mi universo, a través de las cosas que compartía conmigo. Yo me sentía mejor a su lado y comprendida, no tenía que esconder mi propia naturaleza cínica o depresiva y poder ser uno mismo con alguien, genera un lazo del que es difícil despegarse.

Ahora bien, las características que voy a describir, quiero aclarar que yo también las tengo. El bato era egoísta, cínico, nihilista e indolente (en sus tres acepciones). Y tenía una gran capacidad para hacer desatinar a los demás. Para generarles malestar emocional. Una capacidad además, que creo que todos tenemos.

Él la utilizaba para "ver el mundo arder". Como yo la utilicé muchas veces para decirle al compañerito de salón que no, que la silla a mi lado estaba libre pero que no quería que se sentara en ella porque prefería poner mis cosas ahí. A él, le gustaba mentirle a la gente, trastocando su sistema de creencias - el de la víctima elegida -, para divertirse viendo hasta dónde lo dejarían llegar sin captar que estaba mintiendo. Y era excelente en ello.

La bronca entró, cuando empezó a utilizar ese mismo sistema contra mí. Entonces te dicen cosas como "tú morirás vieja y sola", y uno piensa "está bromeando", y como ve que no reaccionas, aumenta, y aumenta, hasta que empieza a utilizar cuestiones íntimas, cuestiones muy tuyas que aunque sepas que son "en broma", te lastiman.

Pero uno no quiere creer que el bato es un egoísta, incapaz de privarse de un momento de solaz a tus costillas, con tal de despejarse de su aburrimiento.

Como dije antes. Quizá yo soy peor. No lo juzgo. Pero no lo tolero. Ahora no, aunque durante casi 3 años sí.

Y uno quiere creer lo mejor de él, así que se dice así mismo "pero, también tiene esta y esta cualidad" y trata de olvidarlo. Y el hombre violento emocionalmente ve su oportunidad. Si lo aceptas así, es que no tiene que esforzarse en ser mejor. De ahí viene la parte de la trampa.

Cuando reclamas que no te trate así, te dice "es lo que hay", "yo así soy", "yo nunca voy a cambiar", "son mis demonios". Como si fuera el mítico alacrán que se sube a la rana para cruzar el charco "no puedo evitarlo". Y al aceptarlo tú, "como ES", porque el amor supuestamente es "aceptar al otro", pues te friegas. Pierdes el derecho a quejarte, y si te quejas es porque eres una mensa. El individuo que te maltrata por estar con él, es el primero en descalificarte por estar con él.

En uno de sus últimos episodios de mamonez, el bato me dijo "jajajajajajajaja, ¿y qué? de seguro me vas a bloquear del messenger, jajajajaja". Pues sí. Sí te voy a bloquear del messenger, porque no me interesa seguir siendo el blanco de tus burlas, de tus comentarios hirientes. Pero al decirte "jajajaja" te hacen sentir una imbécil. Si tratas de salir del círculo de violencia, es porque eres una tarada. Y la gente que te ve en la relación enfermiza, en lugar de decirte "a ver, valora lo que pasa" te dicen "eres una tarada porque estás ahí".

Sí, uno termina con la autoestima hecha mierda, pero no es automático. Y lo que uno menos necesita es que alguien venga con una frase sacada de un artículo de revista de empoderamiento femenino. Uno requiere armarse de mucho valor y decir: "¿sabes qué? no soy feliz". Cuesta mucho trabajo, porque uno tiene mezclado el miedo a ser una tarada si se queda, a ser una tarada si lo deja ("tú me aceptaste así y ahora te aguantas") y a que todos te vean con la lastimita inherente del "ay, pobrecita, tiene menos autoestima que un personaje de sitcom".

Al contrario de las películas, nadie te da clases de defensa personal, ni le propinas golpizas al marido, ni tampoco le sueltas una frase ganadora mientras vistes un hermoso vestido de coctél en una glamorosa fiesta que tiene lugar en un penthouse en Manhattan.

El día que dices "gracias, pero yo quiero estar en paz", se ríen de ti. Todo mundo asume que no te vas a sentir sola por haber dejado al bato y te dejan sola. Y tú, te quedas temblando, preguntándose si el 60% de las mujeres en México sufren violencia, no eres una tarada por querer vivir de forma diferente, cuando quizá es simplemente tu destino.

La trampa real, es que al final, resulta que si la relación fracasa, es por tu culpa, porque no fuiste capaz de aceptar al patán como el patán que era, a costa de ti misma. Y muchas, por eso, no se van. No porque no lo vean, sino porque no quieren otra culpa más.




3 comentarios:

La señorita verde dijo...

La leo a usted desde hace tiempo y aunque no tengo el gusto de conocerla, confieso que me siento identificada con la mayoría de sus ideas (y no sé si eso quiera decir que yo también soy cínica y deprevisa, nevermind).

Yo añadiría que como dijo Sabina, lo malo de los besos es que causan adicción. Y entonces uno cree que los hay peores, los que golpean con el puño cerrado son los únicos que cuentan en las estadísticas. Y además te convencen de que es estúpido esperar al príncipe azul, muy cierto, pero esa misma amarga idea te lleva a conformarte, a pesar de que sabes, porque lo sabes, que estás guapa, eres inteligente, buena en tu trabajo y que cuando estabas sola también eras feliz.

Creo que hace falta tiempo, paciencia y voluntad cuando el amor propio está. Vencer el miedo a perder y a otra cosa mariposa. A mí esa neta me cayó hace un mes, después de 10 meses de sentir ese vértigo angustioso y dulce que me provocaba el patán egocéntrico con el que me topé, y al que curiosamente no puedo odiar, nomás no puedo, pero mejor de lejitos.

Esa paz que se busca sabe mejor cuando ha costado tanto trabajo. Lo demás, que no importe. Gracias por recordármelo.

Campanula dijo...

Señorita no se como logra, pero siempre digo ¨Ay si así mismito me siento yo¨

Un abrazo

Fabricio Sans dijo...

Es interesante verlo a través de tus ojos. No me imagino cuánto acopio de valor se requiere para encarar la realidad y terminar ese tipo de relación.