(Del lat. tardío enthusiasmus, y este del gr. ἐνθουσιασμός).
1. m. Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive.
2. m. Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño.
3. m. Furor o arrobamiento de las sibilas al dar sus oráculos.
4. m. Inspiración divina de los profetas.
5. m. Inspiración fogosa y arrebatada del escritor o del artista, y especialmente del poeta o del orador.
Centrémonos en la segunda acepción: "adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño".
Todos tenemos diferentes motivos que nos llevan a realizar algo. A veces, es el entusiasmo de la novedad lo que nos lleva a emprender ciertas acciones: comprar las libretas para el año escolar que empieza, o un juego de plumas, una agenda. Es difícil obviamente sentir entusiasmo por aquellas experiencias que nos han decepcionado: pregúntenle a cualquier persona no adicta al alcohol si tiene ganas de una cerveza, en el justo instante en que amanece con una cruda marca "llorarás".
decepción.
1. f. Pesar causado por un desengaño.
2. f. engaño (‖ falta de verdad).
desengaño.
1. m. Conocimiento de la verdad, con que se sale del engaño o error en que se estaba.
2. m. Efecto de ese conocimiento en el ánimo.
3. m. Palabra, juicio o expresión que se dice a alguien echándole en cara alguna falta.
4. m. pl. Lecciones recibidas por experiencias amargas.
Centrémonos entonces en que una decepción es un pesar causado por la lección recibida de cierta experiencia amarga: el pesar que experimenta, por ejemplo, un crudo, luego de aprender que el consumo irracional de alcohol produce dolor de cabeza, estómago y malestar general.
Alguien entusiasta por ir a pistear, se encontrará con que un crudo seguramente no es la compañía idónea, o peor aún: arruinará su ánimo con sus quejas constantes.
Y he aquí que esto es lo que pasa: nosotros no podemos esperar que la gente decepcionada sea compañía para un entusiasta, aún si el entusiasmo del segundo es una estupidez. El decepcionado arruinará una y otra vez los ánimos del primero enumerándole su experiencia amarga o tratando de evitar que entusiasta experimente por sí mismo. Y he aquí que la decepción nos convierte en egoístas, porque convencidos de que nuestro pasado determina nuestro futuro y el de toda la humanidad, negamos al otro la oportunidad de ser feliz no cometiendo los errores que nosotros sí cometimos.
Como los padres que te dicen "mírate en este espejo", sin notar que no somos su espejo. Sin notar que el pasado nunca puede repetirse. Sí, la historia se repite, pero no así nuestras experiencias. Por eso precisamente el primer beso es tan memorable, porque jamás volverás a experimentarlo, quizá tengas besos mejores o peores, pero no determina para siempre que todos los besos que des vayan a resultar decepcionates. Y tan solo por eso, vale la pena entusiasmarse, un poco al menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario