15.6.11

Del feminismo

Todo mi dinero lo gasto en hombres y drogas
- decir de la Santa Patrona Carmen Ávila
de cuando salió del hospital y andaba quebrada
por haber ido a visitar al Martín

El sábado, Lilián publicó en twitter "soy feminista" y luego "no serlo equivale a darle la espalda a la historia". Y yo creo que se vale, quizá las mujeres de hoy no tenemos ninguna necesidad de andar con las piernas peludas y quemar los brassieres: entramos a las universidades sin que nadie pestañée o trate de impedirlo, al menos en la pequeña esfera en la que nos movemos, podemos conducir un automóvil, andar en bicicleta, decidir como decorar nuestra casa, trabajar, y aunque tradicionalmente se espera que seamos "enfermeras" hay bastantes doctoras.

Pero es difícil darle la espalda a una realidad siempre o todo el tiempo. Señoras y señores, con agrado me permito anunciar que el machismo existe. Y estamos tan acostumbrados a él que ya no lo percibimos, lo damos por sentado, lo esperamos y lo aplaudimos.

Cierto, muchas personas podrían ponerse a ver Mad Men y sentirse mejores personas porque a las mujeres que tienen ideas y aportes de tipo profesional, no son descritas en términos como "es como mirar un perro hacer suertes", pero en el fondo es lo mismo.

A su alrededor existen un montón de Betty Drapers confundidas. Mujeres que si bien, estudiaron una licenciatura y una maestría, sienten que necesitan una validación masculina. Peor aún, a su alrededor existen un montón de Don Drapers que sienten que necesitan brindar su validación masculina y que en lugar de relacionarse de igual a igual en una relación de pareja insisten en sobajar con cualquier motivo imaginario a sus parejas: "ash, ya habíamos hablando de eso" o "si no acatas lo que te digo, te puedes ir". Ambas frases ciertas, no dichas por la misma persona, ni a la misma persona, emitidas inclusive a kilómetros de distancia, educación y ocupación muy diferente (aunque los cuatro profesionistas, supuestamente con grados universitarios).

Pero Don Draper tenía un punto: Betty era una mantenida.

¿Que pasa cuando no eres mantenida? ¿Cuando no hay una pensión alimentaria que le permita al otro decirte que te calles la boca y acates sus órdenes? ¿Cuando no eres una esposa trofeo que pasa sus mañanas en el club social broceando sus piernas o cuidando a sus hijos?

El problema creo, es que la liberación se nos quedó a medias.

Sí, está muy bien que podamos votar, que entremos a las cantinas, que seamos las dueñas de nuestro propio destino. Pero nos falta interiorizar el respeto por nosotras mismas. Hace falta que al individuo que está a nuestro lado se le grabe que así como no le diría a un subordinado en el trabajo "si no sabes aceptar órdenes, te puedes ir" ó "corregiste eso porque te dio tu gana", y así como no le dirían a un amigo "ash, otra vez estás hablando de lo mismo" con esa interjección que denota que el interlocutor es un lerdo tarado incapaz de hablar de otra cosa que no sea el color de los jarrones, así no le pueden hablar a alguien que esperan pague la mitad de la cuenta o saque el jale.

O quizá mi problema es ser "liberada" y debería tener en la vida la meta de que un bato cualquiera me mantenga a cambio de que libremente me haga sentir que soy una estúpida o que no entiendo órdenes sencillas. Total. La que debo estar mal soy yo.


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