Me gusta el verde. Siempre he dicho que me gusta. Me gusta su intensidad en los árboles, en el césped, en las hojitas de los primeros brotes de primavera. Me gusta en casi todos sus tonos, al igual que el azul. No es casualidad tampoco que mi tono preferido sea el azul-verde o turquesa. Pero me parece un color díficil: no todo lo que es verde es bonito.
El color en el que todo me parece bonito es el blanco: las casas, los autos, la ropa, las flores, los muebles, la loza. Es tan limpio, tan fresco y al mismo tiempo tan cálido. es blanco. Es bonito.
El amarillo me parece horrible: arrogante, detestable, estridente. No me parece casual que haya sido el color en el que dibujan al villano en Sin City. Giuuu.
El negro me gusta, me parece elegante. Serio, sobrio. Aunque un poco falto de encanto. Sí, está bonito pero mucho y no se ve nada. Negro y ya. Sin lucimiento.
El rojo me puede gustar o chocar muchísimo. Jamás tendría un automóvil rojo, por ejemplo. Pero en los libros me fascina. Me gusta su sonido además: rojo. Con sus o's separadas, su cortedad, su fuerza en el comienzo y esa suavidad de la J que se deja llevar como una invitada que finalmente le da solidez al conjunto. Ro-jo.
Y sin embargo: la mayor parte de mi guardarropa es gris. El color favorito de mi papá. Cuando era niña y me decía que su color favorito era el gris yo le decía que eso ni siquiera era un color. Gris era el color de los lápices, de las crayolas que quedaban al final en la mesa de trabajo del jardín de niños, de los consultorios de los doctores, de los elefantes (que siempre me han parecido animales sin gracia), de los ratones, de la mugre.
Y ahora: casi toda mi ropa es gris. Y no sé si es porque he aprendido que es bonito o porque me falta el entusiasmo vital del verde, la frescura del blanco, la indecente alegría del rojo. O porque ya no tengo ánimo de combinar. Pero luego me encuentro con que el gris es cómodo: combina con todo lo demás, no llama demasiado la atención y conserva la sobriedad cuando hasta las ganas de respirar nos fallan. Y entiendo un poco a mi papá.
Ayer lo vi en el súper: triste, con su pantalón gris y su chaleco gris. Y quise mandarle un mensaje pero no me animé. Lo dejé ir con su ropa gris, con su cara gris, con su pelo que hace juego.
Te quiero mucho gordito. Y mira: a mí también me gusta el gris.
1 comentario:
también detesto el amarillo!! :D Me gusta la imagen de tu blog!! :D
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