En la mañana la asistente ejecutiva de al lado, le decía a su bato por teléfono que otro bato la había invitado a comer, que era tal y tal, tenía tal puesto y tal carro. Jijijijiji.
Jujujujuju.
Los picones.
Jujujujuju.
Los picones siempre me han causado hilaridad. Recuerdo a un ex que llegó un día muy campante a decirme que la secretaria de una oficina le había pedido su teléfono y le había preguntado si un día podía marcarle para ir al café. Le pregunté que que había contestado. Me dijo que le dijo que no. Le pregunté entonces, que si no tenía planeado invitarla, que si la chava no le había gustado, que si además no le había dado el teléfono, para que me contaba. Abrió los ojos grandes y cambió de tema.
Gente: yo soy muy estúpida en los temas de la conquista clásica. Por tanto, llevo la batalla perdida contra todas las mujeres que leyeron el libro de las cabronas o todos esos best sellers dirigidos al público de la autoestima baja y el amor histérico. Si a mí un bato me da picones, me pregunto seriamente porque entonces mejor no se va con sus "pretendientas".
Jijijiji. No, en serio. A mí la palabra "pretendientes" me da risa, me recuerda por un lado a los aretes que mi mamá suele llamar "pendientes" y me da la impresión de farsa (por aquello de "pretender" como en "engañar" y no como en "intentar alcanzar"), es un defecto mío, propio, de nacimiento y no pretendo que ustedes piensen como yo. Pero elaboro:
El mundo está habitado por 7,000 millones de personas. Suponiendo que hubiese una distribución equilibrada significa que 3,500 millones de ellos son hombres y el resto mujeres. Si tomamos las facciones de un rostro y les damos un número de combinaciones genéticas y de facciones, tenemos que no somos tan únicos o extraordinarios como quisiéramos. Lo cual es bueno, porque nos da cierta regularidad facial que nos acerca en mayor o menor medida a los estereotipos de belleza de la región en que nos tocó habitar. Así que suponiendo que no estamos tirados al traste y tenemos dos ojos, una nariz, una boca y cejas hay una gran probabilidad que más de un ser humano piense que somos bonitos, o guapos, o medianamente atractivos. Así que gente: TODOS tienen pretendientes.
¿Para qué entonces puntualizarlo? ¿Para hacerle sentir al otro que es alguna especie de "afortunado" porque somos objeto deseable en el mercado de carnes? ¿Por que bajo una óptica keynesiana somos un bien superior? Cuando a mí me han tratado de dar picones pienso que el bato que tengo enfrente es una hueva de ser humano. Que es tan común, tan ordinario que a cualquier hija de vecino se le antoja hincarle un diente. Que además, trata de irse con cualquier hija de vecino y que si es así, ¿para qué perder mi tiempo con él?, porque si no fuera así, no tendría objeto informármelo.
Creo que el novio de la asistente ejecutiva de al lado, la quiere porque es ella, como es, independientemente de que otros hombres la deseen. Si acaso, sus acciones desatarán las inseguridades de él, le hará escenas de celos, se complicará todo.
En el fondo no me gustan los picones porque mi cabeza es terriblemente complicada: si los diera, seguramente me despreciaría a mí misma, si me los dieran, despreciaría a quien me los da. Pero, ¿qué tal que son necesarios? ¿qué tal que el otro sí necesita saber que eres un bien superior? ¿qué tal que si él necesita saberlo, es que él no lo es?
2 comentarios:
Yo los conozco como "calambres".
También me parece innecesario darle a la otra persona un calambre, según para que se ponga las pilas con una.
¿No se supone que si quieres a alguien en virtud y defecto los picones o calambres salen sobrando?
¿O de plano soy muy idealista?
Sí, creo que eres idealista. Yo también lo soy.
Pero que demonios. Si hay gente que comete toda clase de actos cuestionables de acuerdo a la moral en turno y nadie les dice nada, uno podría permitirse ser idealista.
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