4.9.10

Habilidad social

Anoche fuimos al muno a la exposición de BEF "Historias de Robots". Si viven en mi pueblo, vayan ya. Shu, shu. La combinación de la historias de Alberto Chimal con las imágenes de los robots resultaron al menos para mí en un redescubrimiento de la capacidad de conmoverme. Mis favoritas fueron las del gato y su amigo robot y la del robot mago. Así, mal plan.

Pero el punto es que ayer fue un día horriblemente pesado. Aunado a mi poca estabilidad emocional no ayudaba al tono general de la mañana e inclusive me puse a llorar por el pasado perdido o porque voló una mosca o cualquier cosa de la mayor trascendencia que la mayoría de los humanos no puede comprender y ya me sentía bastante mal por haber lloriqueado en la oficina, el acabose vino cuando alrededor de las 2 de la tarde salió un montón de jale urgente para ayer. Ya saben.

Terminé con un dolor de cabeza marca llorarás. Y yo quería ir a lo del muno, pero ya era tan tarde y mi trabajo no se terminaba y en realidad sólo quería sentarme en una esquina a llorar porque los azulejos del baño eran impares y eso es una aberración, pero traté de ser el adulto maduro que nunca seré y me fui por LA amiga para ir a la presentación.

No fuimos las últimas en llegar. Creo. Aunque ya no había clericot y entonces nos vimos forzadas a los saludos y conversaciones de cortesía a base de coca light y cigarrillos. Sin cigarrillos.

Yo quería decirle quien sabe que tantas cosas a Bef sobre sus dibujos y los guiños que había encontrado en ellos, preguntarle porque los había incluido y que se sentía crear, que de donde venían los robots, que si los robots podrían llegar a estar humanamente solos como en la historieta del centro y lo único que hice fue quedarme mortalmente muda y sonreír estúpidamente cuando me lo presentaron.

Encontré también a una compañera de la primaria y fui incapaz de sostener la conversación más allá del proverbial "¿y qué has hecho?", no la veía desde 1992 y lo único que atiné a decir fue "psss nada", y encoger los hombros. Mi problema no es hablar, puedo decir una gran cantidad de tonterías de forma sostenida, pero necesito una de dos condiciones básicas: estar un poco ebria o tener un conocimiento estadístico relevante de la persona.

Conocimiento Estadístico Relevante: saber como se llama, edad, género, preferencia sexual, grado de escolaridad, lugar de residencia, posición política sobre el color morado, creencia religiosa básica, actitud ante la cerveza importada, carencias afectivas de la infancia, pasatiempos legales, y postura ante el yogilates.

Sin una de esas dos condicionantes me siento perdida. Suelo poner cara de palo y cruzar con la peor de las actitudes las habitaciones llenas de desconocidos, pretendiendo que no existen o sólo forman parte del decorado. Esa actitud era muy efectiva cuando vivía en Monterrey. Luego regresé al pueblo. El problema del pueblo y sus dos calles, es que vayas a donde vayas te puedes encontrar a algún conocido. Y no: los conocidos no son sujetos de conocimiento estadístico relevante. Uno podría poner su cara de palo y fingir que forman parte del decorado, pero los conocidos tienen la horrible, torturante costumbre de sonreír y saludar. Así que uno tiene que sonreír y saludar. Y luego te preguntan como estás y uno debe preguntar como están ellos. Fin de mi habilidad social.

Sufro porque la probabilidad de volverse a encontrar al conocido es excesivamente alta. Si ustedes van a una tienda de autoservicio de mi pueblo, verán que la gente detiene sus carritos a medio pasillo y se pone a charlar. No se engañen: no se trata de grandes amigos o vecinos, son conocidos con los que se tiene que mantener la cordialidad para que la sociedad tal y como la conocemos continúe. Así, que viviendo aquí debo asumir mi posición socio-zacatecana y platicar. Pero mi habilidad social es similar a la de un gato que cecea. Soy incapaz de pasar de las primeras cortesías. Los silencios incómodos se agrupan, se me olvida lo que me dijeron la última vez que los vi, si encuentro a dos conocidos cuyo punto en común soy yo, los presento con nombres equivocados; pregunto por los familiares muertos, felicito por matrimonios que terminaron en divorcio, mando saludar a hermanos inexistentes, si me dicen "estoy aquí celebrando mi cumpleaños", soy incapaz de felicitarlos.

Hago mi mejor esfuerzo, trato de hablar de los grandes temas comunes: el clima, el tráfico, la época del año y el tipo de cambio. Evito tocar los temas personales para no cometer errores y eso, sólo acumula nerviosismo cuando me doy cuenta que saludo a tanto extraño.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Jodé, ya decía yo que algo se me olvidó el viernes, robots, bef, muno, ¡chale!

Otro ¡jodé! Acabo de ser descrito, entre esos que en cierta tienda de autoservicio detienen el carrito cada dos pasillos para saludar a alguien que hace unchingodeaños no veía, lo bueno es que de alguna forma contribuyo al orden natura lde las cosas, ¡otro chale!

Unknown dijo...

Oh, yo envidio profundamente esa habilidad.

Unknown dijo...

Mhhhhh, pero pierdes mucho tiempo, creo que, pensándolo bien no es muy envidiable que digamos, ¿o sí?