23.7.10

¡Vacaciones!

Tengo planes maravillosos para mis vacaciones: incluyen aumentar mi ostracismo social, no hablar con nadie que no sea estrictamente necesario y ver la temporada 1 y 2 de Fringe y llorar como Magdalena con el episodio de August.

También me he dedicado a borrar gente de mi facebook, porque la verdad es que soy bien antisocial y me cae mal muchísima gente que tengo ahí agregada, así que gente con la que no hable en la vida real: se va. Gente con la que hablo porque vive en mi mismo pueblo y no puedo voltearles la cara impunemente, también se va. Y por mí, que se vayan todos. Total, yo no sé porque si batallé tanto para no mandarles un mail, responderles las llamadas o mantenerme en contacto, ahora tengo que hacerlo tan sólo porque "con el Facebook encuentras a todo mundo". Gente con baja autoestima que necesita tres mil amigos en línea. Pffft.

De hecho estoy a tres rayitas de cerrarlo definitivamente, y tal vez el Twitter también, pero es que ese me entretiene horrores, pero luego me hartan algunas actitudes, como los usuarios que se dan RT a sí mismos, o los que participan en los hashtags. Por fortuna, sigo a tan poca gente, que no se dan estos casos con regularidad.

Ayer en la tarde salí a tomar el té con un amigo de los tiempos de la plazuela Goitia. Me sentí tan fuera de lugar, tan ajena, tan sacada de aquí. En estos días ando tristeando y aunque hago mi máximo esfuerzo por entusiasmarme por la telenovela de las nueve o las ofertas de final de temporada, lo cierto es que no puedo más. Quiero tirarme a llorar treinta horas seguidas, luego pienso en lo perdedor que es llorar por las cosas que lloro y me dan todavía más ganas de llorar, pero me las aguanto como las meras machas.

Soy bien macha. Fíjensennnnnnnn.

Si pudiera pedir tan sólo un deseo, sería irme a vivir a siete husos horarios de distancia y nunca regresar. Hoy que desayuné con mi papá y mi hermano se los dije y me vieron con cara de "pero el pueblo es taaaaan bonito" y les respondí que psss sí, pero que todo era una mierda, mientras mordía mi orejita de hojaldre y le daba un sorbo al café. Uno no debe utilizar ese leguaje con su papá, ni con su medio hermano, pero es que genuinamente es la idea que tengo de la vida general.

¿Por qué? ¿Por qué no tengo la suficiente fuerza de voluntad para ser la maldita desgraciada que en el fondo de mi alma quiero ser? No quiero nada, sólo quiero encerrarme y llorar, pero ya quedamos que voy a ser una niña grande y no vamos a llorar por tonterías.


Buaaaaaaaaaa.



No hay comentarios: