Naces, miras las muñecas del móvil que tu mamá ha puesto sobre la cuna, escuchas algunos ruidos y ves luces a tu alrededor. Empiezas a hablar, a caminar, dejas de mamar de la botella y tomas en taza porque "ya eres grande", dejas el pañal y vas a la escuela. Haces círculos y palitos en planas de una libreta forrada con un papel de regalo que tiene estrellas, porque es tu figura favorita, porque tu mamá te llevó al puesto de lotería donde envuelven regalos para que escogieras el forro de tu primer cuaderno. Tienes estrellas en la frente y te enamoras del primer niño que cruza frente a ti y comparte la mitad de su sándwich de pan blanco contigo. Tú tienes pan integral y no te gusta y adivinas que allá afuera alguien a quien no conoces, tiene la capacidad de darte algo que te hará ser feliz.
Y te pasas el resto de tu existencia buscando volver a ese mágico instante en que alguien, a quien tú estimas, te devuelva esa pieza básica de tu felicidad. Sólo que ahora sabes que tu felicidad incluye televisión de paga e internet de alta velocidad, cenas fuera y visitas al centro comercial. Necesitas muebles, ropa, zapatos, celulares inteligentes. Y te olvidas, te olvidas de que además de la visita al centro comercial, necesitas medio sándwich de pan blanco.
Necesitas a alguien que te escuche, que te devuelva en un guiño que nadie más entiende, tu propio reflejo, necesitas ese espacio donde tú puedes ser tú y ser querido por ser simplemente tú. Pero nadie te dice cómo lograr las dos cosas. Y tú lo quieres todo. Sueñas con la promesa del vestido blanco, de la casa con niños corriendo, del gato que se acurrucará en tu regazo, de pasteles horneados en casa y galletas cubiertas de azúcar y canela. Y te dices "no importa, si no funciona, luego me divorcio", y lo dices porque sabes que no funciona. Porque el amor es otra cosa.
El amor es olvidarte de todo: de la reciprocidad que no recibes, de la promesa que no te hacen. Quisieras ser de esas mujeres que se pueden conformar con no ser escuchadas por su pareja, de su total ignorancia de tu mundo interior, pero no lo eres. Y donde debió crecer amor, empieza a crecer un distanciamiento que cada día pesa más en tu conversación, en tus ilusiones. Un día ya no quieres escuchar su voz por el teléfono, verlo o hacer planes para un futuro que vislumbras abominable.
El problema es que nadie te dice que el amor es recíproco y frágil. Nadie puede amar a quien no lo ama. Puedes encapricharte, llorar, puedes haberlo amado al principio, pero ese rechazo que adivinas, te va pudriendo el alma. Te cansas de querer sin ser querido, de llamar sin que te respondan, de los silencios.
El problema, es que yo no sé como volver atrás. He aquí que he querido mucho, que he soñado y construido entre sueños, mundos perfectos para recibir silencios, comentarios hirientes o presenciar la negligencia de una inmadurez que no empata con la mía. El problema, es que no puedo perdonar, no puedo amar a alguien que me ha hecho daño. No puedo. No podría nunca. No pude ni siquiera, cuando de eso parecía depender mi cordura. Y no me voy a casar con alguien a quien cada día que pasa quiero menos, a quien le tengo rencor. Y no puedo volver a enamorarme de alguien que me rechazó una vez. Por más que quiera, no puedo. Por más que sus palabras me digan "he cambiado y ahora estoy dispuesto".
El problema, es que yo no sé como combatirme en una postura que considero a fin de cuentas legítima. El problema es que cuando nos relacionamos con otros nadie nos advierte que si hieres a quien te ama, le das el derecho a dejar de amarte. Nadie lo dice. Es el gran secreto a voces. Es la falla en el matrimonio de años, es la grieta entre los amantes y los novios que empiezan a conocerse. El amor es frágil como un cristal y una vez que se agrieta, es necesario reemplazarlo, porque nunca vuelve a ser igual.
4 comentarios:
TSSSSSSSSSSSSS mi cabeza sangra por la pedradota tú, mmmm me he convencido de que cambiamos cuando eso sucedió y ahora somos otros dos, que ya no se aman como antes, se aman diferente, como se aman ahora.
Bueno, pero tú partes de que se amaban y se aman. Yo y mi ex más reciente, no nos amamos nunca: él me lo dijo desde el principio, cuando me dijo que estaba muy gorda como para apetecerle sexualmente y desde ese momento yo le perdí el respeto y el cariño.
Todo lo demás fueron intentos por salvar la relación.
Y cuando en agosto quise terminar, en respuesta recibí un anillo de compromiso. Con su diamante y todo. Con tres diamantes, de hecho.
Y en diciembre quise terminar y empezamos a ir a terapia. Y la semana pasada, frente a la terapeuta le dije que ya no podía más. Que no me completaba, que no era lo que buscaba, que con él yo no podía ser yo. Que yo podía ser yo con alguien más.
Pero ese alguien más no existe. Jojojojo.
Existe, eres tú, y seguramente hay otro en ese equipo, ya te encontrará ;) Y espero que no hayas devuelto el anillo jajaja nocierto.
Tú tranqui. Sonríe y la fuerza siempre estará contigo chaaaa jajaja
Sí lo devolví. Pero no es un acontecimiento feliz. No lo es.
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