19.3.10

El post de "todo me está valiendo"

Hoy olvidé el celular en la casa. Lo cual es bueno. La verdad. Mi té favorito es la mezcla "Earl Grey" que es básicamente, té negro con aceite de bergamota. La bergamota es un cítrico parecido al limón, de cuya cáscara se extrae el aceite, no un albur barato de tres pesos.

De todos los problemas que uno podría ir desarrollando patológicamente en la adolescencia, el menos atendido es la tendencia a la perejilez intrínseca. Dícese del malestar ocasionado por sentir que algo debería estar mal cuando todo está bien y la feliz conclusión de que todo marcha bien en el universo si tenemos suficientes razones para empezar a llorar de un momento a otro.

Una lástima: la cura de tan inclemente proclividad al fracaso es simple, hacer ejercicio.

Hoy que como ayer y antier mi vida está de cabeza me emociona saberme libre ante un futuro que se abre ante mí: el desempleo y la soledad (de pareja). Me emociona. Me hace sentir llena de una alegría desplazada. Porque es más fácil sentirse feliz por los futuros que desconocemos que por los pasados cómodos sí, pero que nos alteran.

El miércoles en la noche me robé otro tornillo de una cantina. El último lo robé luego de subir al cerro de la Bufa. Dato inútil. No había vuelto a sentir la urgencia de decir "esto es mío, aunque todo lo demás esté dislocado". Pero tampoco era mío entonces: regalé el otro tornillo y ahora que me veo precisada a volver a tomar el control de lo que sucede dentro de mí, cometí mi hurto habitual.

Me gusta robarme tornillos de las cantinas. Porque un tornillo pasa desapercibido, porque se reemplaza fácilmente, porque une.

Un día, le regalé un botón a un hombre del que estaba enamorada. Me miró con sus verdes, perplejos y miopes ojos sin comprender. Claro que si no lo entendía, yo no tenía ninguna obligación de explicarle. Los botones también unen, pero no atan. Deshacer el vínculo de un botón es lo más simple del mundo. Quiero una relación de botones: una relación en la que esté dispuesta a abrir los hojales de mi propio mundo e imaginación, sin la necedad de una costura invisible. No aspiro a perderme en el universo del otro, o a que el otro se pierda en mí. Quiero un botón. Aunque hoy, sólo tenga un tornillo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

es bueno saber, que cuando el mundo este en llamas, alguien estará a mi lado con una buena taza de te

Campanula dijo...

Por alguna razón recordaba esta entrada, creo que ahora se que quiero, yo también quiero una relación de botones :)

un abrazo