1.12.09

Leche descremada y sustituto de azúcar por favor

Mi padre, no podía estar mucho tiempo conmigo cuando era niña. Mi padre, además es abogado y maestro, ergo, las sesiones de "tiempo de calidad" eran una suerte de adoctrinamiento express. Siempre buscó inculcarme lo que no podía hacer mediante el ejemplo, con anécdotas y datos de trivia. No omito decir que el advenimiento de la Wikipedia ha deteriorado nuestra relación de forma diversa. Por ejemplo, mi papá aseguraba que el término "snob" provenía del latín "sin nobiliaris" para denotar a la gente que no pertenecía a la aristocracia. Wikipedia lo desmiente, pero la definición es la misma.

El snob es una persona que adopta actitudes que percibe como superiores o positivas, a fin de hacer sentir inferior a otra gente.

En un mundo donde cualquiera se puede comprar una bolsa "Lois Buitton" de tres pesos y deberle el sueldo de varios años a Liverpool o a Palacio de Hierro, la mayoría nos burlamos de aquellos que pretenden pertenecer al jet-set de Petatiux. Y sin embargo, hay otra forma de esnobismo, mucho más sutil e igualmente molesta: el snob saludable.

En mi infancia, mis tías fumaban mientras estaban embarazadas sin que nadie las volteara a ver, nadie levantaba una ceja porque te mandaran a comprar una cerveza para tus tíos: si podías contar el cambio y cargar el six, era suficiente aval para ir a comprar alcohol. En la cena de navidad uno consumía cantidades industriales de buñuelos, tamales, rollo de carne, pavo, ensalada de crema chantilly con betabel y el fin de semana, las amas de casa se deleitaban sirviendo toda clase de exquisiteces fritas en manteca y a la hora de la comida salías a comprar seis refrescos tamaño familiar para acompañar los alimentos, porque tomar agua era a todas luces insensato.

Y ahora, ni en las cantinas se permite fumar. Es a todas luces un escándalo. El fumador se ve condenado a salir a satisfacer su vicio como el perro callejero que tiene que orinar detrás del poste. El snob saludable te recomendará visitar restaurantes pletóricos de ensaladas, puestos de jugo, galletas integrales, rutinas de ejercicios y los mil y un artilugios para "cuidar tu salud".

A lo que voy, es que son actitudes nuevas, que puedes adoptar o no, según tu preferencia, pero no dejan de ser una elección personal. Resulta entonces, molesto a grado extremo comer con alguien que no sólo insiste en que tres hojas de lechuga le han llevado a la saciedad total, sino que además osa contarte las calorías. Que te sugiere dejar el pan, el café, el cigarrillo, la televisión, el alcohol, la tortilla, las galletitas, el queso (¿¿??), la carne roja, la carne blanca que no es magra, la carne de puerco, las nueces, el aceite de oliva, el aceite de canola, el yogurth gordo, el yogurth light, las gelatinas, las gelatinas sin azúcar, los tés negros, el splenda, la nieve, los buñuelos, el asado y las lechugas no orgánicas regadas con agua traída de Fiji.

Ahora bien, no malentiendan mi queja. Yo también estoy de acuerdo en que pesar doscientos kilos y no hacer ejercicio ni en defensa propia te llevará a un desenlace poco feliz. El problema del snob saludable es que es eso: un snob.

Pretende aleccionarte sobre los beneficios de los betacarotenos, mientras tú sabes perfectamente de su debilidad por los tacos fritos sumergidos en salsa chilena (salsa de chile jalapeño molido con... aceite), te alecciona sobre las ventajas de la nueva legislación para no fumar tabaco y lo has visto fumarse hasta el tapete. Horrorizarse ante la gente que consume "bebidas con calorías" mientras se bebe un galón diario de refresco de cola, eso sí, light.

Frases como "yo no tomo refrescos", "no como puerco", "soy alérgico a los colorantes artificiales añadidos a los lácteos" son parte de su letanía fundamental. Las remite como mágico mantra que lo conducirá a las puertas del nirvana saludable. Ahí, donde está la gente bonita como él(lla), ahí, donde los alimentos que "engordan" no existen, donde será apreciado por ser una mejor versión de la humanidad.

El problema con esta gente, es que no son profesionales de la salud, ni doctores, ni leen journals de ciencia. Basan sus fundamentos de salud en lo que escucharon por ahí, y mientras corren aterrorizados y vociferando maldiciones para alejarse del jarabe de maíz de altafructuosa, se empacan con toda la tranquilidad del mundo unas gorditas de nopalitos fritos en manteca de puerco.

Mientras se matan de hambre y comen sopa de chícharos hervidos en agua con limón y col morada, miran azorados la báscula en la que la aguja les desmiente los mantras, la celulitis les contradice a cada paso, el mal olor de sus cuerpos llenos de grasa y toxinas que jamás desechan los precede a donde vayan, porque son sólo eso: snobs saludables, que serían mucho más delgados, sanos y felices si toda la energía que gastan adoctrinando a los demás, la gastaran en el gym.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

seis simples palabras:

"Todo con medida, nada con exceso"

Unknown dijo...

Ceci: indeed.

Sleeping Wasel eso me recuerda a Saul Lisazo