11.2.09

Do I lie to myself to be happy?

Creo que es muy difícil escribir. Escribir y decir exactamente lo que uno piensa, sin rodeos, sin palabrerías innecesarias y sin escatimar en detalles que no vienen a cuento. Me gustaba el nick de una persona que solía ponerse la línea que titula este post. La respuesta es sí, pero al final del día todos lo hacemos. Decidimos ser felices aunque haya devaluación, desempleo, guerra y a pesar de que esa llamada que estuvimos esperando todo el día no llegue.

Y en eso nos mentimos un poco.

Hoy pensé que el amor no muere: se le mata. Con bactericida, porrazos y golpes bajos si es necesario, pero no muere simplemente. Al final no son tanto los detalles, aunque contribuyan, sino esa decepción abismal que enfrenta el que ama cuando descubre que no es correspondido en la misma medida. Que el otro no está dipuesto a dar todo lo que nosotros hemos puesto en juego. Que si cambiamos de religión, nombre y país de residencia, y el otro no puede dejar la propina, tal vez todos esos cambios han sido innecesarios.

El amor muere de decepción.

Te puede quedar la química, las obsesiones malsanas, pero el amor se muere cuando ves que amas en vano. Es cierto que el amor no es suficiente, nunca lo es, pero es vital que sea correspondido.

¿Qué le respondes tú al otro cuando te dice "no me gusta que no tengas los ojos azules"? ¿O peor aún "me repateas tu forma de ser"? El amor se muere. No importa si después dicen "pero me gusta que tengas bonita letra", el que se siente rechazado, empieza a abrigar mil preguntas innecesarias: ¿Le da asco besarme? ¿Esa conversación que sostuvimos sobre la no existencia de universos paralelos le pareció aburrida? Y uno, cual personaje kafkiano empieza una concienzuda búsqueda de crímenes de amor, de culpas escondidas, no obstante, a los ojos de uno mismo, uno ha puesto lo mejor de si, y claro que a uno le huelen los pies, o el cabello se le escrispa con la humedad o tiene unas ojeras que le llegan a las rodillas, pero trató de ser la mejor versión de uno mismo y uno se siente triste y agotado. Desesperanzado.

Empieza entonces la búsqueda de los defectos del otro: era de otro partido político, o masticaba con la boca abierta, no creía en la deidad de nuestra preferencia o era muy alto, o muy gordo, o tenía el dedo medio del pie más largo que los demás. Y vuelven las mentiras.

Son necesarias, uno requiere recuperar un poco de dignidad, decir "pues tú tampoco me llenas fíjate", aunque no sea cierto. Pero ahí está la herida que se produjo. Y uno la va rumiando días y días. A veces se vuelven años.

Luego, un día, sin que te lo esperes te dicen "yo tanto que te quise" y uno piensa: "para qué me lo dices hoy, si necesitaba escucharlo hace meses". No obstante, algo sana, el amor ha muerto, es cierto. Pero una esperanza se aviva, uno piensa: entonces, tal vez, el siguiente, como decía Sabines, siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Nos volvemos amorosos que buscan y no encuentran.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mmm en serio crees que nos mentimos para ser felices???
... O simplemente nos damos cuenta que los caminos de la vida ♫ no son como yo pensaba como los imaginaba no son como yo creía ♪