Siempre es un poquito raro comenzar la semana en miércoles. O recomenzarla, porque al menos yo sí trabajé el lunes. Y no, no me siento orgullosa. Y sí, fue un día raro. Fue un día que me hará decir "chin" más veces de las que sería necesario. Es más, no debería ser necesario el regret de último momento. Pero basta de murmuraciones crípticas.
En la mañana escuchaba en la alberca la charla de dos mujeres: una de ellas le decía a la otra que la natación le daba un influjo de energía increíble, que todo el día andaba súper activa. Yo asumo que no nada absolutamente nada o que tiene una condición física de miedo, porque mis mil cuatrocientos metros me dejan en estado semi-catatónico y sin muchas ganas de existir. Pero bueno, esa soy yo. Luego claro, se remitieron a los temas comunes de los últimos días: la inseguridad y el miedo. En la oficina el temario no varía mucho, salvo que aquí las amantes de la nota roja lo hacen todo con mucho más morbo y "sabor" *sic*.
Luego me llegó la típica cadenita de correo electrónico: ahora en formato "agradece por lo que tienes", recriminando cada una de mis quejas con las fotografías de algunos niños africanos viviendo en la más absoluta miseria. A ver, vamos por partes: sí está del frustre la gente que se la pasa quejándose por vanalidades como la marca de zapatos que utiliza, pero tampoco creo que la solución para nuestras conciencias sea decir "ay, mira, los niños muertos de hambre de África están del asco, o sea, me siento súper feliz conmigo".
Me parece triste que tengas que regordearte en la miseria de los otros para poder apreciar lo que tienes. Block and delete al amigo que me lo mandó. Ni modo.
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