El penúltimo y el segundón siempre irán de la mano. Si bien es cierto que los últimos serán los primeros según no sé que antigua escritura que escapa a mis conocimientos momentáneos, podríamos decir que los penúltimos siempre serán los segundos. O los Anteprimeros. No importa el orden del medio, fuera del blanco y el negro todos los puntos intermedios siempre serán grises.
Recuerdo el primer trimestre: los nervios y la decepción. Nervios porque es algo nuevo, porque no sabes que esperar, porque el factor sorpresa está ahí en todo su esplendor. Al terminar el primero vino la decepción disfrazada de cotidiano. Quizá como recordatorio porque siempre habremos de encontrar un "mientras tanto" un "mean time" algo que nos entretenga. A veces, el intermedio es precioso, otras es un simple y llano entremés entre dos actos.
El penúltimo es el recordatorio pulsátil de que entre un fin y un principio ya estamos "más pa' allá que pa' acá". Es el comienzo oficial de las cuentas regresivas, esas cuyo único fin es ayudarnos a encontrar más penúltimos. Más asideros de lo transitorio antes de dar los pasos definitivos. Penúltimo es una palabra sobre la que hay pocas reflexiones aunque todos, intuitivamente hemos pensado en ella. Pero es casi impronunciable, su dejo de nostalgia es imperceptible y nos anticipa al adiós.
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