18.9.06

Perdiendo

Me fastidia que me muevan el mundo. Que no encuentre las llaves, que se me pierda la cordura, olvidarme por ejemplo del paraguas cuando todo septiembre me ha llovido a gritos. Me molesta no saber que partes de la historia son sólo alucinaciones mías y ver como tiendo a olvidar las distancias.

Mi mamá, seria y propia me ha llamado nuevamente la atención sobre mi poca disciplina financiera, en consecuencia lancé al aire la lista de todas las cosas que no puedo comrpar y que considero necesarias:

  • Quiero una bolsa para el gym. El gym me ha pedido en repetidas ocasiones que sea sofisticada y deje de llevar los tenis en la mochila y que luego salga con mi toalla húmeda a lucirme por todo el campus. Yo no le veo mayor problema, pero ya saben como son los hombres.
  • Urgentísimo: diccionario que traiga patrones de conjugación, sinónimos y antónimos y que sea de papel (lo de estar consultando con una máquina como escribir me hace sentir tristísima).
  • Una nieve de vainilla, en la que pueda saborear algo dulce porque la confusión me ha dejado un sabor de menta (da) que no consigo sacarme de los ojos.
  • Gasolina: la Julia no camina por sí misma y los doscientos pesos que le puse hace dos semanas no son eternos, en especial cuando la humedad nos obliga al uso de aire acondicionado.
  • Una venda: no quiero ver esta realidad que cada día se torna más absurda, me duelen los ojos de tanto mirar el mismo rostro en el espejo (y si la sugerencia es que me vuelva menos vanidosa, no me refiero a mi reflejo, sino al rostro).
  • Necesito un cerebro nuevo, menos corrosivo.

No quiero olvidarme de mí: siempre podemos culpar a los satélites.

Hay un bizarro olor a chiles jalapeños en escabeche. No entiendo nada, pierdo la cordura. Y sonrío estúpidamente al respecto.

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