Pero si todos los días nos vamos recubriendo en nuestra propia coraza de egoísmos ingenuos, ¿no deja de ser un ejercicio absurdo preguntarnos quién siente qué?
En el transcurso del fin de semana me pregunté porque sigo hablando con gente cuya presencia me parece molesta, ¿es miedo finalmente? Me pregunté también qué se siente ir de traición en traición hasta alejarte tanto de ti mismo que ya sólo eres una caricatura... concluí que en un país donde el sistema político premia la corrupción y el engaño, donde el "mejor político" es el que mejor engaña, el número de traiciones que cometas es sólo otra de las cicatrices que mostrarás orgulloso desde el poder, hasta que te engañen a ti.
Me pregunté en voz más bien baja, si Dios (con mayúscula) escucharía los ruegos que le dirijo cada noche todas las noches, pidiéndole cosas que sólo él sabe y que a ustedes no les importan. Y si sí, ¿seré feliz cuando vea que son felices aquellos por los que pedí? ¿Con qué llenabas antes las ausencias de los seres que ahora extrañas y antes no contaban en tu vida?
A veces juego a aguantar la respiración mientras nado, el mayor número de brazadas posibles, a bajar hasta tocar el fondo de la alberca... eventualmente uno sale a respirar, uno aspira profundamente, uno cede al impulso de vivir. ¿Y son acaso nuestros afectos íntimos, privados, secretos, el aire que necesitamos? ¿Es ese contacto humano al que cedemos porque no podemos vivir en absoluta soledad? Si necesitamos amar, al menos deberíamos de decidir deliberadamente que amamos a quien nos dio la gana.
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