"Tenía ganas de hacer algo para que ya no le quedara escapatoria. Tenía ganas de destruir brutalmente todo el pasado de los últimos siete años. Era el vértigo. El embriagador, el insuperable deseo de caer.También podríamos llamarlo la borrachera de la debilidad. Uno se percata de su debilidad y no quiere luchar contra ella, sino entregarse. Está borracho de debilidad, quiere ser aún más débil, quiere caer en medio de la plaza, ante los ojos de todos, quiere estar abajo y aún más abajo que abajo."
Milan Kundera - La Insoportable Levedad del Ser.
Hay decisiones que tomas porque te parecen las correctas, o porque tienes el "feeling", pero... ¿qué hay de aquellas decisiones que tomas porque querías caer?
Fumarte un cigarro, tomar otro trago, escuchar por enésima vez la triste canción que te hace sentir mal. Quieres estar abajo, porque el abismo es demasiado atrayente, porque ya no quieres luchar.
Hay canciones depresivas: hablan de pérdida y traición, de amores que no se realizan, de trenes que parten y amantes que se quedan en el andén. Estas melodías no me llaman. Me parecen lindas anécdotas de la tragedia los dislates que salen de algunas estrellas del pop, pero intrascendentes.
A mí me gustan las melodías de la decadencia: las melodías del abismo. Esas que no dicen nada triste, que sólo expresan rabia o dolor, pero sin culpar a otros, sin esperar que otros vengan al rescate de uno, porque es uno el que ha decidido sucumbir a la propia debilidad. Caer es eso: entregarse a lo más profundo y oscuro de uno mismo, y disfrutarlo.
Y por eso existen las vallas: para ayudarnos a luchar contra nuestros propios abismos.
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