Hoy me levanté contra todo pronóstico decidida a atacar la elíptica. Mientras escuchaba el noticiero de Carmen Aristegui y dejaba que cualquier resquicio de optimismo abandonara mi cuerpo. Yo lo veo como una situación de equilibrio: la única forma de sobrevivir los noticieros es escucharlos o verlos mientras uno se entrega al frenesí endorfínico de la sobreejercitación. Por lo mismo ahora me duelen las piernas y por lo mismo, puedo soportar medianamente mi día de trabajo.
Excepto que: las balaceras en el metro y el tono llorón del Twitter. Lo que es: el Twitter ha venido a convertirse en el psicólogo gratuito para perdedores que no buscan el anonimato. Todo el día se quejan como mariquitas sin calzones de que es lunes, de que es viernes, de que hace frío, de que hace calor, de que llueve, de que sus mamases y sus papases no los quieren, de que hace aire, de que respiran y un larguísimo e igualmente insustancial etcétera.
A ver, les informo: los blogs se crearon para ser "diarios" en línea. Y todos sabemos que las adolescentes granientas y vírgenes recurren a ellos para lloriquear que el muchacho guapo del salón no las quiere, que es viernes, que es lunes, que sus papases y sus mamases no las comprenden. Y eso es un blog. Saquen a su adolescente graniento ahí y dejen que el twitter sea lo que siempre debió ser: el espacio para el comentario futil sobre lo que desayunamos, lo imbéciles que nos parecen algunos comentarios y el compartir información que consideramos de interés general (si sus aspiraciones les alcanzan para ello, si no, con los dos primeros puntos es suficiente).
Gracias.
1 comentario:
jajajaja
matemos tuiteros! así se equilibra el karma.
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