1.9.09

Otro post lleno de odio y mala "onda"

La gente suele pensar que las secretarias se dividen en dos tipos: las mujeres pechugonas de atuendos brevísimos que no tienen más que humo en la cabeza y las viejas amargadas que aman a su jefe y odian a todos los que se quieran acercar a él. Lo cual es básicamente cierto.

Yo entro por supuesto en la segunda categoría, excepto porque no amo a mi jefe, ni odio a todos los que se quieren acercar a él. Odio a todos. Punto.

Lo que nadie sabe es que tengo un sueldo que me obliga a ser amable, a sonreír y a poner voz de "princesita de los cuentos" cuando alguien me pide apoyo y fingiendo que escucho pajaritos y que las florecitas inundan mi alma con su bondad, procedo a realizar cualquier acción que permita salvar la economía mundial, a saber: preparar café, pasar unos oficios a firma, buscar a alguien por teléfono, etcétera.

Trato de hacer mi trabajo de la mejor forma y con la mejor disposición de ánimo, mientras por lo bajo rumio odio y como aquel personaje de Animaniacs que creía que iba a triunfar en Hollywood, los anoto en la lista de personas a las que no agradeceré cuando gane un Oscar (sin acento, porque es palabra gringa del premio gringo de la academia gringa de cine gringo). La gente a mi alrededor trata de hacer su trabajo lo mejor que pueden y me tienen la paciencia adecuada cuando tardo un minuto más en tener listo el café o en contar hasta 10. Excepto alguien.

Hay una persona en mi oficina que nunca está donde se la pueda localizar, si se le marca al teléfono anda de vacaciones en Somalia y el celular no tiene cobertura, si es urgente que entregue la información de tal o cual proyecto, se la encargó a uno de sus ochocientos asistentes, mismos que trás un interrogatorio a base de tehuacanazos, amenazas inútiles y súplicas, reconocen que no saben de que se les está hablando: ellos, se la han pasado en el messenger toda la semana y ni por enterados se dieron. Si reciben alguna factura, la pierden; se les pregunta donde está la persona encargada y no lo saben, ríen por lo bajo y dice "anda en otra de sus desapariciones", lo cual no sería malo si se tratase de una simple alucinación común, en la que todos creyésemos que en efecto, la persona no existe, pero resulta que es real. Aparece al quince para la una exigiendo que le tengamos preparada la sala de juntas, convocados a los consejeros, los convenios firmados, y nadie tiene nada: en la sala de juntas no hay galletitas, los consejeros tienen compromisos previos, nadie sabe de qué convenios habla.

Entonces se enoja, se da la media vuelta y levanta su flamígero, es culpa de todos nosotros, porque somos una bola de ineptos, incapacitados, con problemas de actitud, que le envidiamos, que no le brindamos apoyo. Por fortuna, el caos es breve, en seguida se va otra vez, y no volveremos a verle hasta la próxima vez que se le ocurra pedirnos un rayo de sol a media noche.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

..ahora agregale a todo eso que sea una mugre cuarentona... "welcome to my nightmare"

Unknown dijo...

Compañerito de pesadilla, nunca lo he visto por la mía. Pero sí, es gente nefasta. NEFASTA.