Caer en una depresión por el miedo a la opinión que alguien más pueda tener de ti misma, es apoteósico.
Pero luego, está el punto de "no digas verdades que duelas", pero el callarlas no las hará menos reales.
A decir verdades, sólo pueden atreverse los cínicos, los faltos de delicadeza, los inmunes a la sensibilidad propia, porque cuando las dices, lo más seguro es que escuches las tuyas y entonces todo se vuelva un "pues a ti te huele MÁS la boca" o "pues las caricaturas que te gustan están bien pendejas". Sí, la madurez, es ese ideal inalcanzable, como el amor, la justicia o la igualdad. Él que dice una verdad, se arriesga a que cómo mínimo le recueden el diez de mayo.
Sólo nos queda la soledad.
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