20.8.09

I don't need a nicotine patch, Penny; I smoke cigarettes.

Cuando vivía en Monterrey me gustaba mucho escuchar Imagen. Aunque en la mañana los noticieros eran su materia prima, por las noches y los fines de semana pasaban una selección de música que era sumamente interesante, aunado a programas como "Qué hacer", en los que Mariana H siempre daba recomendaciones interesantes de obras de teatro, películas y libros. Otro aliciente era que constamente organizaban premiers de películas y obsequiaban pases. Así que además de escucharlos siempre, tenía el número de la estación grabado en el "marcado rápido" de mi celular. Así, gané boletos para la premier de "Más Extraño Que La Ficción".

La película tiene el encanto de contar con una narrativa diferente: una voz en off narra aspectos mundanos de un personaje sin mayores encantos. El personaje, quizá, menos poético o adecuado para protagonizar una historia: un auditor de impuestos, sin amigos, sin pasatiempos y aparentemente sin pasiones, futuros perfectos.

En un símil con la película de Amelie (que también es de mis favoritas), cuenta una historia de gente común en la que los hechos extraordinarios que los llevan a conocer el amor (encontrar un tesoro de un niño de nueve años, o descubrir la inminencia de nuestra muerte a través de la voz del que nos escribe) y a emprender acciones que los saquen de su ensimismamiento para descubrirse a sí mismos.

No obstante, hay una magia especial que me llama la atención, mientras que Amelie se centra en una fotografía casi poética y efectos especiales que permiten conocer los sentimientos de los personajes, Stranger Than Fiction mediante frases contundentes y cortas logra transmitir posturas completas ante la vida.

En un momento, Karen Eiffel, se encuentra pensando como matar al personaje principal de su novela. Su asistente, le ofrece parches de nicotina para que deje de fumar. La respuesta es magnifica: "No necesito un parche de nicotina, Penny; fumo cigarrillos".

Es una respuesta contundente ante las soluciones que nos ofrecen los terceros para mejorar nuestra vida. El que fuma, lo hace porque quiere fumar. El que está en una relación absurda, lo está porque quiere estarlo. Uno, que está triste, lo está y no necesita que vengan a decirle "deberías sentirte mejor". No, uno no necesita sentirse mejor, necesita sentirse mal, dejar que esa pequeña tragedia de las violetas secas en el balcón, la relación que no funcionó, el sentimiento de pérdida o abandono, florezca dentro de uno, se abra, nos maraville con los matices de un dolor pertinaz y finalmente se marchite.

Obviamente la película tiene un final feliz. El amor triunfa y no es un triunfo sencillo, es una victoria que se arrebata a uno mismo. La escritora, eventualmente, deja de fumar. No por los parches, sino porque ya no le era necesario.

Cuando de nosotros surge la convicción de estar bien, lo estamos. Pero necesitamos un poco de desgracia para lograrlo.

1 comentario:

Jan de la Rosa dijo...

... Realized that If I wanted to change the world I would do it with cookies...