Los vecinos están construyendo. Cuando digo "los vecinos" uno no debe caer en el error común de creer que una familia de vecinos está construyendo. Resulta que como en buen "pueblo cachucha" (dícese del entorno de provincia en el que priva el deseo constante de copiarle a todos los demás de modo que si una persona usa cachucha TODO el pueblo utilizará cachucha) empezó la vecina de enfrente y le siguieron todas las demás casas de la cuadra (o dos).
Y todo estaría bien, de no ser por las pretensiones palaciegas y la megalomanía común a las clases altas de este país, en que se piensa que mucho espacio no es suficiente y por lo tanto se ponen a ocupar las casas y frentes de todos los demás. Aún si mis vecinas distan muchísimo de pertenecer a una clase alta o siquiera de la inexistente media.
Pues no señores, ellas con sus vehículos "chocolate" (dícese del carro viejo y destartalado de modelo ostentoso comprado por 10,000 pesos en el gabacho - aka USA - y pasado de contrabando de este lado del país, abundantes en la ciudad y con placas frecuentemente de Texas) necesitan imperiosamente acaparar todo el espacio del mundo.
A ver, les voy a explicar: YO no les dije que construyeran, seguirán viviendo en casas de interés social aunque les quieran poner cúpulas en el techo y ventanas redondas. Peor aún: sus tristes casitas se verán como sueños ácidos de algún pintor surrealista que trató de meter demasiadas ventanas y puertas eléctricas (jajaja) en un espacio del tamaño de un dedal. Aún así, aún que sus casas queden comiquísimas y todos señalemos con sorna sus futiles esfuerzos por tener un palacio como el Taj Mahal, no es nuestra culpa si sus casas son tan pequeñitas que o tienen a los albañiles trabajando o el automóvil en la cochera.
Así que todos los días es la misma historia, yo como soy pobre no tengo cochera, la Julia aguanta estoicamente el vandalismo de la colonia (la han abierto ya como 3 veces, la última resultando en que le fregaron el cerrojo y yo, incautamente me quedé adentro atrapada y hube de ir a un cerrajero, gritarle que viniera y explicarle que estaba encerrada en mi propio auto, a lo que él respondió riéndose estrepitosamente) y todos tan felices. O no.
Las mugres vecinas se la viven estacionándose en el lugar de frente que me corresponde. Porque como ellas están ocupadas en las finas artes arquitectónicas pues no vaya a ser que a su carrito ilegal modelo 1926, le vaya a caer un poquitín de arena, o grava. Y a mí, y al resto de los vecinos, que nos lleve el diablo.
La última fue que al encontrar mi lugar ocupado tomé por medida pararme junto a mi lugar pero bloqueando la calle. Ha funcionado mejor de lo que esperaba, no sólo se han dejado de poner en mi lugar, sino que por fin han encontrado el pretexto perfecto para dejar de desearme los buenos días y las buenas tardes. Y todos tan felices. O no.
Y todo estaría bien, de no ser por las pretensiones palaciegas y la megalomanía común a las clases altas de este país, en que se piensa que mucho espacio no es suficiente y por lo tanto se ponen a ocupar las casas y frentes de todos los demás. Aún si mis vecinas distan muchísimo de pertenecer a una clase alta o siquiera de la inexistente media.
Pues no señores, ellas con sus vehículos "chocolate" (dícese del carro viejo y destartalado de modelo ostentoso comprado por 10,000 pesos en el gabacho - aka USA - y pasado de contrabando de este lado del país, abundantes en la ciudad y con placas frecuentemente de Texas) necesitan imperiosamente acaparar todo el espacio del mundo.
A ver, les voy a explicar: YO no les dije que construyeran, seguirán viviendo en casas de interés social aunque les quieran poner cúpulas en el techo y ventanas redondas. Peor aún: sus tristes casitas se verán como sueños ácidos de algún pintor surrealista que trató de meter demasiadas ventanas y puertas eléctricas (jajaja) en un espacio del tamaño de un dedal. Aún así, aún que sus casas queden comiquísimas y todos señalemos con sorna sus futiles esfuerzos por tener un palacio como el Taj Mahal, no es nuestra culpa si sus casas son tan pequeñitas que o tienen a los albañiles trabajando o el automóvil en la cochera.
Así que todos los días es la misma historia, yo como soy pobre no tengo cochera, la Julia aguanta estoicamente el vandalismo de la colonia (la han abierto ya como 3 veces, la última resultando en que le fregaron el cerrojo y yo, incautamente me quedé adentro atrapada y hube de ir a un cerrajero, gritarle que viniera y explicarle que estaba encerrada en mi propio auto, a lo que él respondió riéndose estrepitosamente) y todos tan felices. O no.
Las mugres vecinas se la viven estacionándose en el lugar de frente que me corresponde. Porque como ellas están ocupadas en las finas artes arquitectónicas pues no vaya a ser que a su carrito ilegal modelo 1926, le vaya a caer un poquitín de arena, o grava. Y a mí, y al resto de los vecinos, que nos lleve el diablo.
La última fue que al encontrar mi lugar ocupado tomé por medida pararme junto a mi lugar pero bloqueando la calle. Ha funcionado mejor de lo que esperaba, no sólo se han dejado de poner en mi lugar, sino que por fin han encontrado el pretexto perfecto para dejar de desearme los buenos días y las buenas tardes. Y todos tan felices. O no.
1 comentario:
Jajaja
Es que lo que describes no sólo lo pasas tu, sino todos los que tenemos la desdicha (¿fortuna?) de vivir en casas clasemedieras y que tenemos que aguantar hasta la fiesta de cumpleaños del vecinito o que el vecino sufra de amnesia y siempre se estacione donde no le corresponde.
Pero ni hablar, por eso mis vecinos han de pensar que soy muda, porque rara vez les dirijo el saludo.
Saludos Dre.
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