31.3.08

Fin palomero

Como cada tres lunes de los últimos meses tengo amigdalitis, lo que implica que mi amigo el propoleo hará su presencia sentir en todas y cada una de las ingestas de líquidos que tenga a bien tomar en el día. Nuevamente, en café es LA opción.

El viernes en la noche fui al concierto que presentó Moderatto en Plaza de Armas, contra todo pronóstico porque estaba casi segura (y despotriqué al respecto) de que no iba a alcanzar a ir. Al final, la "marea cambió" y pude disfrutar sin duda de uno de los mejores espectáculos del Festival Cultural (detractores de lo que no comprenden, y amantes del heavy metal, detengan su lengua feroz unos minutos, y sigan leyendo).

Indudablemente el concierto de Bob Dylan fue EL evento del festival. Al menos en lo que se refiere a los conciertos gratuitos, aún y cuando el mayor lleno lo haya tenido Miranda. Sin embargo, como en Zacatecas la gente va a lo que sea, siempre y cuando sea gratis, así sean los payasos callejeros o Gloria Gaynor, el problema en el concierto de Dylan fue justamente el lleno injustificado. Toda la población estaba ahí, niños de tres años, madres a punto de dar a luz, metaleros de 14 años, algunos representes locales del movimiento emo, fresas, y fans de Moderatto. Así que aún cuando las canciones fueron grandes, la gente se mantuvo estoicamente cruzada de brazos, pero rehusándose a dejar el lugar, porque era Bob Dylan y "¿cómo nos vamos a ir buey, si es gratis?". Ajá.

Yo no digo que el señor esté para andarle dando gusto a las masas, pero al pueblo reunido a sus pies no les echó ni un lazo. En cambio la actitud de los parodiadores del glam, resultó de lo más amena, incitando al pueblo a brincar, a divertise, a olvidarse un rato de poses críticas sobre la calidad de la música y a realmente pasarlo bien.




A mí, en lo personal, aún cuando no me declaro fan, salí enamorada terriblemente de Bryan Amadeus, y cantando como loquita la canción de "Sentimettal". Nada comprable con lo que sentí por Dylan, pero definitivamente, un concierto también lo hace la gente. Sugiero que se cobre la entrada a los conciertos para que vaya gente que sí tenga un interés y puedan "prenderse", porque no hay nada más descorazonador que estar bricando y cantando a todo pulmón, mientras el resto de tus compañeros de plaza te miran como bicho raro y se niegan a mover al menos la cabecita necia al ritmo de la música.

El sábado fui a un bar de martinis, y ayer a ver Jumper. La última de las dos experiencias bastante maletona, pero al menos me eché la botana un rato. Amantes del martini: en el Bistro (junto al Mesón de Jobito) cada día ofrecen dos martinis diferentes, el Martini Blanco es altamente recomendable. Saluditos cordiales y besitos fonkis.

Acá una liga feliz. Aunque con demás de rollo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

estemmmmm

Unknown dijo...

Jiji.

Unknown dijo...

Ehhmmm. Pues que bueno que te divertiste.

Lilián dijo...

Comparto esa costumbre provinciana de asistir a donde sea, y como sea, por la sencilla razón de que es gratis.

Pero con Bob Dylan, ¡no joder! Me hubiera ido de rodillitas de la parte más alejada de la ciudá al centro nomás por verlo acá chido.

Claro que, ya entrando en confesiones ridículas, hubiera pagado CUALQUIER cantidad por ver a Miranda!

Soy súper fan y QUÉ. Sus letras son pegajosas, bien hechas, y adolescentosas. Y Alejandro Fergi está como... co-gi-ble... si eres un gay reprimido, claro.

Lilián dijo...

Oh, oh, oh, y VERÍA Jumper sin pedos nomás por Hayden, que ya sé que es la razón más idiota -luego de la gratuidad-, pero es que aún lo recuerdo con cariño como el malvado Anakin Skywalker.

Un dude dijo...

jaja....En efecto, mientras sea gratis el pueblo acude...Soy culpable de haber ido a uno de esos gratis en el DF. Si, en el DF. No fue una muy bonita experiencia, jamas había temido tanto por mi vida... Pero que demonios, era gratis y a pesar de que ni me gustaba lo que estaba presenciando (ni al 86% de los presentes), sentí bonito que el peje me regalara música...