Aquí es donde uno debe insertar la crónica de lo que vino a ser el año nuevo. Mi fin de año empezó como el de casi todo mundo desde el 27 de diciembre, día en que me fui con LA amiga a enfrentar el absurdo las 15 letras y fui muy feliz en consecuencia. O medio feliz, o feliz en lapsos. El caso es que el viernes amanecí crudelia y sin muchas ganas de existir. Me ordenaron ese día hacer guardia esta semana - y heme aquí -, y por la tarde hubo una balacera marca diablo que comenzó (según dicen) en Tlaltenango (a unos 175 kms de aquí) y se dio por terminada en Jerez.
El domingo tempranito llegó el Rudísimo Ru, invitado de honor a la cena de año nuevo, fuimos a comer a Jerez (no importan los balazos, las enchiladas de El Dorado siguen siendo incomparables) y después terminamos bebiendo cerveza (poquita) en un bar de tintes vikingos donde el Oktober Fest se fusiona con el Vale y el Chapo. Oh sí. El lunes tuve que trabajar, y luego fuimos a Vetagrande, a comer al Paraíso y a Soriana. Caritas de confusión. Como un pariente mío enfermara de gravedad, todo plan puñetero para la cena se fue directo y sin escalas al averno, así que terminamos viendo el Séptimo Sello y luego nos fuimos por unas cheves a la Cantina del Refugio. Sin más.
El fin de año terminó con una plática más que amena sobre anime, libros y creencias religiosas, cuando sin darnos cuenta llegaron los meseros con copitas de sidra barato y al tañir de las campanas de catedral recibimos el año nuevo con una lluvia de fuegos artificiales que se extendió por la primera media hora de este 2008. Por un momento llegué a tener la creencia de que vivir justamente aquí, entre la nada y un cielo azulísimo es una gran fortuna. Y me sentí contenta de recibir un año sin rituales (a saber: pedir deseos, correr con maletas vacías, quemar el pasado, etcétera) y con una borrachera de las más simples.
Ayer obviamente amanecí cruda y llevé a Ru a la mina del Edén, al teleférico e infructuosamente al paseo de tirolesa (mismo que estaba cerrado, súper bu para ellos). Terminamos comiendo hamburguesas en el rey de las hamburguesas, y viendo una película bastante malona. A la salida del cine nos esperaba un frío inverosímil y lo dejé abandonado en la central porque mis manos comenzaban a congelarse. Y no es apropiado morir de hipotermia un primero de enero.
Hoy amanecimos a cero grados: ni frío ni calor. Y en mi lap suena la voz melindrosa de Thom Yorke mientras escucho fascinada "I might be wrong: live recordings", CD incluído en la caja de 7 discos que lanzó EMI esta navidad para todos los fans incomprendidos de los inglesitos. Y que fue mi mejor regalo esta navidad: no que los aretes y el libro estuvieran mal, pero es Yorke, ya se sabe.
Recibí menos felicitaciones por año nuevo que por mi cumpleaños, lo que me permite suponer que soy más importante que el cambio de año o bien, que ya todo mundo se olvidó de mí alla back in Mountain City (a.k.a. Monterrey).
Hay una pared rosa frente a mí, con vistas a un paisaje desértico, afuera el frío es insufrible. Apenas es dos de enero y la decadencia vive en mí. Salud con tecito de manznilla.
4 comentarios:
puto frío...
ni modo, frente frío: consigue pareja
feliz 2008
Para que me quite el frío no tiene necesariamente que ser mi pareja, ¿luego que hago con él cuando ya no sea de utilidad? Tendría que escuchar sus reclamos perejileros y siempre, siempre me tocan morritos con un inner self muy perejilero.
...
Mejor me aguanto el frío.
ps yo diria que mejor una chamarra no?... aunque tambien en verano se hacen inutiles... pero a la larga salen mas baratas jajaja
MORIR UN PRIMERO NO ES TAN MALO...... EN AÑO NUEVO UN TÍO ABUELO SE CAYO COMO COSTAL DE PAPAS, BEBIENDO CLARO ...... Y MURIÓ..... CHANCE POR QUE ERA LA PRIMERA VES QUE LO VEÍA NO SENTÍ TAN FEO VERDAD , CHALE
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