En "La Insportable Levedad del Ser", Milan Kundera explora los términos incomprendidos entre Sabina y Franz, dedica todo un capítulo a ello para explicar porque la pareja termina fracasando al final. Lo cierto es que cualquiera que haya tenido que conversar por más de veinte minutos con una persona se da cuenta de que cada palabra tiene un significado diverso para el que le escucha y así, mientras algunos castos oídos pueden molestarse con una palabra tan inocua como "pajuela" hay otros a los que no les signifique gran cosa.
En genera no hay gran problema, tus amigos y familiares o bien, comparten los términos y han desarrollado imperceptiblemente la capacidad de traducir entre tu lenguaje y el de ellos o, les importa un bledo entenderte y el afecto es tanto que aunque no sepan de que diablos estás hablando, tomarán la helada chela entre sus manos y dirán: ¡salud!
No así tu posible parejita. Y es que adicionalmente al cartorce de febrero, y a "Mujeres que Aman Demasiado", se ha creado una mística respecto a la pareja. Se piensa que tan sólo porque cada que lo ves sientes un vuelco en el estómago y no puedes resistir el impulso de tomarle la manita o besuquearlo horriblemente te va a entender. Y que lo vas a entender. De ahí se derivan una serie de problemas cuya capacidad de solución sigue un patrón decreciente. Si tienes entre 12 y 16 años puedes resolverlo casi todo, porque en realidad tu amor todavía se llama hormona y te vale un cuerno entender al otro, puede estarte muy bien hablando en sánscrito y tú pensarás que te recita poemas de amor. De los 16 a los 23, tratas de racionalizar ciertas actitudes y empiezas a captar que no todo lo que dices es escuchado, pero aún tienes suficiente calentura como para pasar por alto que tu pareja sentimental no haya terminado la secundaria, mientras tú acabas de recibir una beca por alto desempeño para hacer una maestría en China. De los 23 a los 29 (uno nunca cumple 30), comienzas a clasificar a tus posibles "compañeros sentimentales" en dos clases: los que te gustan y con los que puedes hablar. Y supongo que de los 31 en adelante, sólo quedan aquellos con los que puedes hablar, disminuídos en gran número por los que son del club de fans de Fabiruchis y los que procrearon en alguna etapa anterior.
Lo cierto es que a medida que vas configurando tu catálogo de experiencias, se disminuye en cierta parte tu capacidad de asombro. Recuerdo que un ex me dedicó la canción de "The Reason", y yo a mi vez, se la había dedicado a un ex. Lo que le quitó como 40 puntos de mérito y me provocó una risa bastante simplona. Claro que el morrito que me la dedicó se ofendió como dos semanas e hizo un gran drama al respecto. Y la bronca también, es que muchas veces, esas vivencias pasadas, o en su defecto, significado que para ti tienen ciertas cosas, no vale la pena explicarlas. Porque sólo conseguirías herir inúltimente a tu pedacito de melcocha.
Por lo mismo creo que no existen las almas gemelas, ni el match perfecto, ni la conexión mágica entre dos personas. Te puede gustar alguien a rabiar (etapa de las hormonas) y puede ser que seas capaz de tener conversaciones interesantes con dicha persona. En todo caso, sólo les queda elaborarse un diccionario y esperar, a que construyan sus propios términos y vivencias.
Este post ha sido patrocinado por Broncolín, Advil, Desenfriol D y Bencetamil. ¿Adivinan? Sigo con amigdalitis y las medicinas me volaron el sueño.
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